El Diario del centro del país

“La mejor forma de ayudar es donando médula y sangre”

La foto de Maite Arrieta se viralizó rápidamente. Allí está Celina con sus amigas

Entrevista – Marina Benítez, mamá de Celina, una de las niñas cuya imagen se viralizó a través de una fotografía con las amigas que conoció en la sala de un hospital

Una foto que se hizo viral de forma inesperada, fue el puntapié para que la mamá de Celina, una niña de 5 años que atravesó un cáncer y terminó su tratamiento, cuente su historia para concientizar sobre la importancia de la detección temprana y la donación

Escribe Celeste Coschica DE NUESTRA REDACCION

“Muchos preguntan cómo ayudar y siempre contesto: donando sangre y médula”, dijo Marina Benítez a El Diario

Una niña amorosa, llena de energía y alegría es lo que uno ve cuando conoce a Celina. Feliz con su perrito Mumu, que le regalaron hace poco y que ella muestra orgullosa, nadie se imaginaría el tratamiento que tuvo que atravesar hace apenas unos meses.

La semana pasada, su cara junto a la de otras cuatro niñas: Juana, Guillermina, Zoe y Felicitas, se hicieron conocidas por ser las protagonistas de una hermosa historia de amistad.

Las cinco niñas, de entre 3 y 6 años, se conocieron en un centro médico de Córdoba mientras transitaban su tratamiento contra el cáncer. Con sus cabellos creciendo tras la quimioterapia que atravesaron, se fotografiaron todas juntas y su historia se transformó en símbolo de la fortaleza que dan los vínculos sinceros.

“Surgió hacerles una foto a todas juntas. Son una parte porque algunas nenas faltaron porque no pudieron reunirse ese día”. Cada una de las madres publicaron la foto en sus redes sociales, pero nunca se imaginaron que iba a llegar a tantos lugares.

“Ni siquiera conocíamos a la fotógrafa. Fuimos a Córdoba, nos recomendaron a Maite Arrieta, y se portaron excelentes. Ese mismo día de la sesión nos mandaron un adelanto de las fotos y las publicamos. Al otro día ya se había hecho viral y toda la gente nos llamaba. Me llegaban hasta comentarios de compañeros míos que habían pasado por una situación igual y te empezás a dar cuenta que hay un montón de gente que atravesó lo mismo. Fue increíble la reacción. Para nosotros era simplemente sacar una foto, una cosa natural”, contó Marina Benítez, mamá de Celina, quién accedió a dar esta entrevista a El Diario porque cree fundamental concientizar sobre la importancia de la donación de sangre y de médula y el diagnóstico temprano de esta enfermedad.

A Celina la diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda tipo B unos días antes de cumplir 4 años: “Es la más común en los niños y tiene muy buena respuesta al tratamiento. Eso fue el 15 de julio de 2017 y ella cumple los años el 24 de julio. Ese cumpleaños lo festejó en aislamiento”.

Marina contó que si bien cuando escuchó el diagnóstico se sintió devastada, se secó las lágrimas y se puso fuerte para acompañar a su hija en su proceso de sanación: “Es algo que nunca imaginás. Soy médica y pronto me empecé a dar cuento de algunos síntomas. Pasó de ser muy activa a estar muy cansada, tenía moretones y mucho dolor de piernas. Los síntomas del cáncer infantil son muy inespecíficos, no es algo puntual. Pero, por ejemplo, empezó con una faringitis que no cedía con los tratamientos habituales. Un día le empezaron a salir unos puntitos rojos en la piel y me alarmé. Esperé unas horas ese día y le salieron algunas más, así que me fui rápido al Hospital Pasteur. Estoy eternamente agradecida por el diagnóstico muy rápido. Le hicieron análisis y a las pocas horas tenía el diagnóstico. Al otro día agarré los bolsos y la llevé al Hospital Privado de Córdoba, donde la recibieron enseguida y comenzó un tratamiento de quimioterapia de nueve meses”.

 

Marina y Celina junto al perro Mumu, ya en su casa después de nueve meses de tratamiento (foto: María Victoria Araujo)

La importancia de la detección temprana

Al principio Celina tuvo que estar en aislamiento 45 días y allí conoció primero a Zoe: “Ella ya se estaba dando de alta en esos nueve meses y ver eso ayudó un montón porque en cierta forma, te tranquiliza ver que hay que pasar ese momento. Se empezaron a pasar cartas por debajo de la puerta y Celina la miraba a través de la puerta, se hacían caras, y eso la ayudó a pasar esos días de aislamiento”.

“Gracias a Dios todo se fue dando desde el lugar del juego. Nosotros decíamos ‘la quimio jugando se pasa volando’. Son chiquitos los nenes, entonces el tratamiento se basa en decirles que la quimioterapia son superpoderes y siempre es un intercambio de una quimio o una internación por un juguete. Los papás de Zoe me dijeron ‘lo que vas a gastar en juguetes. Y así fue'”, bromeó Marina.

“Celina se lo bancó como las mejores. Uno cuando se entera piensa lo peor, pero cuando se detecta a tiempo hay muchas probabilidades de curación, más del 80%. Por eso siempre recomiendo a los papás que, si ven algún síntoma raro en su hijo, no sean negadores y vayan rápido al médico”, señaló.

 

La amistad que se generó en el hospital hizo más llevadero el tratamiento

“Gracias me queda chico”

Hoy Celina está bien, recuperada, y continúa su tratamiento con pastillas, pero en su casa y cerca de su familia y amigos: “Celi hoy está así gracias al Hospital de nuestra región, el Pasteur, por lo rápido que hicieron el diagnóstico. También a mi obra social, Osfatun, que siempre respondió en tiempo y forma y al Hospital Privado porque nos recibieron siempre excelente. A la doctora Adriana Berreta y al doctor Carlos Hollmann por su excelencia y simplicidad. A mi familia por el apoyo incondicional, a mi lugar de trabajo, el Instituto Gómez y Benítez, que me permitió estar 100% al lado de Celina y a todos los que fueron a donar sangre. También al Jardín de Infantes Antonio Sobral por todo lo que hicieron por ella. El Jardín siempre hizo un acompañamiento, sus maestras viajaban a verla. Este año también le dieron un amor incondicional. Por más que esté hospitalizado, un niño sigue estando en el colegio y todos los días hablaban de Celi, así que cuando volvió todos los nenes la estaban esperando con mucho amor. Los compañeritos le mandaban videos, regalos y a ella eso la ayudó muchísimo. La bienvenida que le dieron fue hermosa”.

La mamá de Celina contó que, al mes de empezar el tratamiento de quimioterapia, la niña ya tenía remisión molecular completa, es decir no tenía células leucémicas, pero como se sigue un protocolo internacional, sí o sí todos deben completar los nueves meses de tratamiento: “Ella no necesitó trasplante de médula ósea. Después de esos nueve meses, son 18 meses más de un tratamiento vía oral. A ella le quedan unos diez meses de eso y después controles cada seis meses o un año”. Pero otros niños sí van a trasplante.

Marina destacó que cuenta todo el proceso, para remarcar la importancia de la donación de médula ósea y de sangre: “Cuando tus familiares, amigos y conocidos se enteran, todos llaman porque quieren ir a verte al hospital. Pero lo más importante y la mejor ayuda que pueden dar, es donando sangre. A muchos les da miedo, pero es algo muy sencillo. Para quedar registrado como donante de médula ósea solo hay que sacarte una muestra de sangre”, expresó. Si alguien es compatible en algún lugar del mundo, ahí se comunican con vos para donar médula.

“Es muy importante porque necesitan transfusiones constantemente. En la Universidad se hizo una campaña muy grande de donación y fue mucha gente, a la que estoy profundamente agradecida. Las leucemias son lo más frecuente dentro de los cánceres infantiles y la donación de médula es fundamental. Se necesitan muchas personas para encontrar un compatible con esos nenitos que están enfermos y se salvan y se curan”.

 

La fuerza de la amistad

Marina destacó cómo ayudó la unión de las nenas que se trataban en la clínica: “Eramos una familia. En un piso estábamos todos, cada uno en una habitación. Salían a jugar a los pasillos, y cuando escuchaban que una salía, ahí nomás querían unirse. Al ser tan chiquitas no eran conscientes en sí de lo que les estaba pasando, era la ‘enfermedad de los bichos’”.

“Celi estuvo todo el tratamiento con pelo, pero se le empezó a caer a los nueve meses. Me acuerdo una tarde cuando salió a jugar y a una de las amiguitas ya se le había caído y le dijo que a ella también se le iba a caer. Ahí lloró porque impacta mucho, pero el pelo crece”, contó.

Los médicos las veían juntas y preguntaban “cómo está la vecindad”: “A veces hasta les hacían los controles en el pasillo para no cortarles el juego”.

Las amigas del Hospital viven en diferentes ciudades del país, pero siguen en contacto día a día: “Zoe es de La Rioja, otras son de Córdoba o cerca. El contacto siempre está a través del celular y nos encontramos todos en los controles y ahí juegan y se ven. Están todas hermosas. Celi nunca estuvo mal, triste, siempre la pasó, dentro de todo, bien. Fue muy fuerte y lo agarramos a tiempo, que es lo importante”.

Marina destacó que si bien de un día para el otro te cambia la vida “no son ni leones ni guerreras”: “Es lo que haría cualquier persona. En esto no hay ganadores ni vencidos, es cuestión de diagnóstico temprano, hacer el tratamiento. Ir siempre al pediatra de cabecera, que conoce a cada chico y puede ver que es lo normal o no en ese niño. En Villa María hay otros casos y hay que colaborar siendo dadores. También la comunicación con otros padres que están pasando lo mismo es importante, aunque cada chico es diferente. Es muy valioso poder hablar con alguien que pasa lo mismo y te tranquiliza, nadie te va a entender más que ellos”.

“Hay que concientizar fuertemente en la importancia de donar”, finalizó.

 

“Nosotros decíamos: ‘La quimio jugando, se pasa volando’”, contó la mamá de Celina.

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