La otra cara del Mundial

En Rusia hay muchos perros callejeros, aunque habitualmente son bien tratados

Proteccionistas y habitantes rusos denunciaron que la empresa encargada de la organización del certamen y diferentes autoridades hicieron desaparecer a  miles de perros. El conflicto empaña a Vladimir Putin, uno de los presidentes más perreros del mundo

 

Alina regenta una pequeña tienda de alimentación en la calle Kalinina, una de las principales arterias de Krasnodar, en el suroeste de Rusia.

Cada tarde, durante los últimos 10 años, ella se acerca al contenedor de basura a tirar los despojos de los embutidos que vende. Pronto se dio cuenta de que una manada de perros callejeros la seguía: “Cuando echaba la carne en mal estado al contenedor, los perros se lanzaban a por ella, así que dejé de hacerlo porque veía que los pobres animales estaban pasando hambre y que no podían entrar dentro del cubo”, le dijo al diario El Confidencial, de Madrid.

De modo que empezó a separar la basura: la suciedad y los envases los seguía llevando al contenedor, pero los restos orgánicos se los dejaba a los perros en un plato a las puertas del establecimiento.

“Venían seis o siete. A algunos les puse nombre, pero ahora no me apetece recordarlos”, contó, con los ojos empañados por las lágrimas. Para la mujer, viuda y cercana a los 70 años, se habían convertido en su nueva familia, ya que sus dos hijos viven en Alemania.

Un día, los perros no volvieron. El plato de comida sigue en la puerta, lleno, por si deciden regresar: “Los han matado por el Mundial. No quieren que los extranjeros vean perros por las calles, el Gobierno dice que son peligrosos para la salud”, continúa la rusa, cuya versión apoyan los vecinos presentes en la tienda, aunque ninguno lo ha visto.

“Hace 15 años, una noche, nos dijeron que no saliésemos a la calle entre las 9 y las 11 de la noche: al día siguiente, habían desparecido todos los perros de la calle”, dice Tania, de 32 años.

“También lo hicieron antes de las Olimpíadas de Sochi: esta vez no sé cómo lo han hecho, pero se nota que hay muchos menos animales sueltos”. En Sochi, las autoridades emplearon dardos envenenados para deshacerse de los animales, según afirman los medios europeos.

Los perros sin hogar tienen una larga tradición en Rusia. Se calcula que hay en torno a dos millones en todo el país.

Los animales han aprendido a sobrevivir a temperaturas bajo cero y a esquivar lugares peligrosos como carreteras y vías de tren. En algunas grandes ciudades, como Moscú, incluso son capaces de tomar el metro para cambiar de zona en busca de nuevas fuentes de alimento. Por lo general, se los respeta como a un ciudadano más.

“Hemos protestado, nos hemos manifestado y hemos intentado hablar con los jugadores de fútbol para frenar esta matanza, pero solo hemos conseguido promesas que no se cumplirán”, dice Tatiana Pantina, una de las ciudadanas de Krasnodar que han decidido dar la cara. “Ahora mismo, en Krasnodar hay un plan de destrucción masiva para animales sin hogar en marcha. Las autoridades locales han presupuestado 7,7 millones de rublos (100 mil euros) para acabar con ellos, en lugar de utilizar ese dinero para dotarlos de un techo, esterilizarlos o ponerles un chip, ellos prefieren matarlos”.

Las asociaciones ecologistas denunciaron que el Gobierno está pagando a empresas para realizar este trabajo: concretamente, siete dólares por cada perro que sacan de la vía pública, una cifra importantísima para un país en el que el salario medio se sitúa entre los 300 y los 700 euros.

Aunque las autoridades niegan esta versión, argumentando que se está empleando el dinero en construir refugios y que las matanzas son simples “rumores”, lo cierto es que políticos del más alto nivel no dudan en expresar públicamente el rechazo a estas políticas de exterminio, que también incluyen, en menor medida, a los gatos callejeros.

“Lo que he visto es una escena muy dolorosa”, dijo el diputado Vladimir Burmatov tras su visita a Ekaterinburgo, la sede más oriental del Campeonato del Mundo.

Algunos medios rusos dan cuenta que la situación mantiene con incredulidad al presidente, Vladimir Putin, ya que es un amante de los perros y protector de los animales, a tal punto que tiene de diferentes razas paseando por el Kremlin. No obstante, parece que algunos de sus hombres no piensan lo mismo. Y actúan de manera contraria.

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