El Diario del centro del país

“La política no es vieja ni nueva, la política es mala o buena”

MARIO NEGRI

Nació en Lucas González (Entre Ríos) el 6 de febrero de 1954. Casado, cuatro hijos, dos nietos. Es abogado y abrazó la política siendo muy joven en las filas de la Unión Cívica Radical. Desde sus inicios se sintió identificado con Raúl Alfonsín, a quien conoció en 1972. En 1973 llegó a Córdoba y se incorporó a Franja Morada. Integró el Movimiento de Renovación y Cambio ocupando diversos cargos partidarios. Fue diputado provincial desde 1983 a 1987, vicegobernador de la provincia desde 1987 a 1989, año en que estuvo a cargo de la Gobernación. Fue candidato a gobernador en 2007. Actualmente es diputado nacional en su quinto período. Es el presidente del interbloque Cambiemos en la Cámara de Diputados de la Nación

Escribe: Nancy Musa
DE NUESTRA REDACCION

Es un hombre clave en la partitura de Cambiemos. Experimentado, con fuerte formación política, con habilidad para el diálogo y buena relación con el peronismo tradicional. Disfruta de la palabra, saborea los conceptos, tiene a mano el humor para matizar las vivencias. Mario Negri es carismático, amplio en su mirada global, defensor de la educación. Es un acuariano (lo recalca) que sueña con los pies en la tierra y un par de alas de repuesto, por si hacen falta.

Es un sobreviviente, hace 30 años se cayó el helicóptero que lo transportaba, y de ese accidente (que raramente menciona) aprendió que nadie es imprescindible.

Hoy está en la cresta de la ola del poder, desea ser gobernador, pero es consciente de que todo depende de la decisión de los cordobeses y de los vaivenes de la política.

 

-Usted que es un hombre de la política, un militante desde su juventud ¿qué sentimientos le genera la crisis que estamos viviendo y que afecta a una parte muy importante de la sociedad?

-Me genera interrogantes hacia la propia dirigencia política, me genera impotencia, no puedo desentrañar cuál es la razón histórica de la capacidad de no construir consensos básicos en la Argentina.

Por supuesto, a veces me pregunto y puedo ser injusto si no es un comportamiento nuestro como sociedad, porque los dirigentes son un reflejo de eso. ¿O es la dirigencia política? O es que a 35 años tenemos asegurada la democracia, pero no hemos recuperado definitivamente la entraña de la democracia que es el diálogo, el consenso, tener un sentido de los límites.

Saber, cuándo están en peligro determinadas cosas que afectan a la gente.

 

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, yo sé decir en mis discursos, ubicándome adentro del problema, no afuera, ¿qué nos ha impedido a nosotros para que no podamos haber construido un acuerdo sobre una política antiinflacionaria? Que es una enfermedad crónica que tenemos, que le ha hecho goles a todos los partidos políticos.

Que la vez que la bajaron fue por la convertibilidad, pero el precio que pagamos para bajarla fue que nos quedáramos sin país.

No hemos podido estabilizarla nunca, miro los países, miro la dirigencia de la política de las regiones al lado, que tuvieron problemas similares en la economía, les llevó un tiempo, pero tuvieron la paciencia de mantener ese acuerdo. En Chile duró diez años para estabilizar la inflación, en Uruguay como quince años.

 

-¿Pasa por nuestra cultura?

-Será tal vez que nosotros tenemos una cultura de inmediatez, de respuestas a velocidad o como decía Ortega y Gasset siempre estamos en fuga del pasado, no asumimos la responsabilidad de nuestros propios actos.

Así como está asegurada la democracia en términos de votación, otra cosa que tenemos pendiente, y no es en nuestra zona únicamente, es una crisis de representación de la política.

La sociedad se empezó a expresar por otros lados, dice su bronca en un mundo global.

Porque hace 35 años, eso era imposible imaginarlo.

Y tengo la idea también de que los argentinos y los dirigentes pensamos muchas veces que a la mañana cuando se levantan los chinos, los asiáticos o los de Estados Unidos “dicen miremos lo que hacen los argentinos para ver qué hacemos nosotros” (risas).

Nosotros somos un granito de arena en el mundo.

 

-Pero, el sur también existe

-Sí y hemos podido aportarle al mundo del conocimiento premios Nóbel, Sabato, Cortázar. Referentes de la literatura como Bioy Cásares, Borges, reconocidos deportistas y eso que es una virtud parece que es nuestra propia contradicción, es como si eso nos hace pensar a los argentinos que somos los mejores del mundo.

El mundo está muy complejo, está patas para arriba y eso implica que la política tiene que tener una lectura.

El problema no es solo la pobreza, que es un gran problema, el problema más grande que se está extendiendo en todos lados es la desigualdad, porque la desigualdad termina excluyendo.

Pobreza siempre hubo, ojalá podamos desterrarla, pero había pobreza con dignidad, con educación pública, el ingreso económico no mandaba la calidad de la persona, entonces hay un deterioro de abandono de los sectores que menos tienen, de los cuales ya hay generaciones enteras que no sé si van a poder subir a ese mundo que va a tanta velocidad en el conocimiento.

Se tiene la sensación que van a quedar ahí, en la banquina.

 

-Totalmente excluidos del sistema…

-Eso es aterrador para la política, es una vergüenza, es una inmoralidad que tenemos. Entonces, no quiero pasarme al otro extremo, que no haya pasiones, que no nos peleemos ni que imaginemos que todos piensan igual, pero hay que tener un grado de pudor suficiente de no bajar a la riña, a la inmoralidad, a una pelea que prácticamente es indigna frente a lo que pasa esa gente, se pierden los horizontes.

Estamos en una etapa muy difícil, ya para analizar esto, no importa quién gobierne, tenemos un problema estructural muy serio en la Argentina, que no lo vamos a resolver si no nos ponemos de acuerdo, si pensamos que si soy oposición y hay una política que saque de la imprevisión me va hacer perder las elecciones a mí, o que si soy gobierno y te llama estoy demostrando debilidad, que fracasé.

 

-Pero convengamos que el Gobierno nacional no ha demostrado ser muy abierto al diálogo

-Nosotros, desde un primer momento, pensamos que había que llamar a un acuerdo. Por supuesto, debo reconocer que no era sencillo, todos invocamos vamos al diálogo, al principio hubo algo con el Frente Renovador, ¿te acuerdas?

 

-Sí, con Sergio Massa.

-Sí, con Massa, el presidente viajaba, también con los gobernadores y posiblemente habrá gente cercana al Gobierno que piensa o pensó cuando arrancó, que el problema era la “política del pasado”.

Y la política no es vieja ni nueva, la política es mala o buena. Es así y tener una percepción política no es una cosa chabacana, la política es poder anticiparse en las crisis para que causen menos daño.

 

-¿Cómo definiría a Cambiemos?

-Siempre utilizo algunas frases, hay un tipo que las llama frases negrinianas (risas), Cambiemos fue un prototipo, un prototipo que se armó sobre las diferencias, de dónde se venía, con culturas distintas. Diría que la convocatoria de la constitución de Cambiemos no fue esencialmente la economía, porque estaba en los finales del kirchnerismo, no había reservas, estaba el dólar planchado, había una bomba, pero no estallaba.

Pero sí había un fuerte deterioro en las instituciones, en el modo autoritario, en la concentración del poder y estaba muy atomizada la oposición.

Entonces, ese prototipo que todavía está en pie, en mi criterio tenía un seguro, como el que contratás para un auto, en este caso de cuatro años. Nosotros hemos recorrido más de la mitad de los kilómetros y eso no fue una coalición de gobierno, como arrancó, algunos se sorprenden, a mí no me sorprende.

Esa coalición se mantuvo muy bien, hasta ahora, parlamentariamente. Muy sólida, porque éramos minoría, éramos 85 de tres pensamientos distintos y hay que tener 130 (para el quórum).

Eso nos daba garantías, por un lado que el Gobierno no te pudiera pedir que hagas cualquier cosa, y por el otro te obliga a buscar acuerdos. Se ha estado viviendo, más allá de las dificultades, un momento de la búsqueda del consenso porque la realidad lo determinaba.

 

-Hablando de consensos, los acuerdos son en realidad intercambios, te doy, me das, como fue siempre ¿es así?

-Bueno, hay que sacar la ingenuidad, cuando se trata de recursos en materia económica y están en juego recursos que correspondan o no a las provincias, obviamente es así.

Los gobernadores van y piden, exactamente. De eso se trata, este presupuesto o el pacto fiscal y la reforma después de la crisis cambiaria.

Primero habían firmado un pacto fiscal para bajar gastos, donde la Nación iba a bajar 200 mil millones y 83 mil las provincias, después se profundizó la crisis, se aumentaron recursos que son coparticipables, entonces las provincias negociaron de nuevo. Empezaron a pedir y salieron más o menos equitativos, en el contexto de una crisis.

Obviamente, tampoco hay mayoría en el Senado.

 

-Ustedes cuando hablan, cuando analizan la situación, ¿piensan en el padecimiento de la gente, con servicios impagables, con los alimentos aumentando, todo aumentando?

-Ahora estamos aumentando la crisis, hay una recesión, no es novedosa en la historia argentina, es cíclica, en 2014 pasó algo similar, pero te digo más, aunque no alcance, el colchón social del Gobierno es de un 72%.

El 72% del presupuesto es para política de la seguridad social. El 65% del presupuesto está indexado y encima con malos salarios. El 65% acompaña el proceso de la inflación que hay que cumplirlo.

Tenemos un problema de ingreso Argentina, venimos sin crecer desde hace once años, no es de ahora, pasa que no tenemos memoria.

El país ha tenido déficit fiscal más de cincuenta años. Por eso dije al principio, me pareció bueno tu comienzo de la nota, que hay cosas básicas. Podrá no seguir gobernando o sí Macri, pero son básicas para el que venga también.

Lo que estoy seguro que es imposible volver a esa cosa ideal que dice en 2015.

 

-Mario, en 2008 explotó la burbuja financiera, ¿por qué nosotros hoy apostamos a la burbuja financiera?

-No es que apostemos, no, en absoluto, no apostamos.

 

-Pero los capitales que vinieron hasta ahora son puramente especulativos.

-Ese es el riesgo que hay siempre. La Argentina tiene una tasa de inversión bajísima desde hace muchos años. En la década K, no vino ninguna inversión significativa en materia productiva que haya generado divisas para que alguien venga de afuera.

Son las clásicas, que el campo exporte, la producción primaria, las extractivas, la minería una parte, de lo que nosotros producimos para juntar plata y vendérsela a los de afuera, los precios que te pagan, ninguno los manejamos nosotros.

Kirchner tuvo la suerte de la soja a 600 dólares. Por supuesto que coincido que hay que empezar a exportar, eso significa crecer y buscar otros nichos porque no vamos a poder vivir de eso.

Hay que generar nuevos ingresos que nos permitan salir y no ir todos los días, como tu vecino, a pedir préstamos para seguir viviendo y se endeuda cada día más. En esa cosa de buscar capitales, en una cultura inflacionaria que tiembla cada día más, en donde todos somos especialistas en dólares, todos saben de las Lebacs, hubo dos errores que son del Gobierno a mi criterio.

 

-¿A qué errores se refiere?

-El Banco Central, tu nutricionista, dijo acá tenés el régimen. Vos tenés que correr 300 kilómetros por día porque hay que bajar la inflación que es tu enemigo. Me voy con el plan, pienso estoy regordo, pero a esa velocidad no puedo.

Pensemos que veníamos con una inflación donde no había ni índice, yo hubiera hecho como los uruguayos o los chilenos, no voy a bajar la inflación a cuatro puntos en tres años porque el sacrificio es muy fuerte.

Ahora, esta es una sociedad donde todos tenemos impaciencia social, queremos resultados inmediatos.

Entonces vienen capitales, los que vos le llamás especulativos, que dicen mirá me voy a la Argentina porque hay una oportunidad, cambió el clima político, frente al mundo se logró un nivel de respeto.

Y cambió el mundo, vino el señor Trump y le pegó una patada al mundo entero, y nosotros tenemos una fragilidad que cuando estornudan acá hay pulmonía. Y empezaron a subir la tasa de Estados Unidos y todo el mundo salió a llevarse la plata allá.

 

-El señor Trump es proteccionista y nosotros abrimos…

-Con la diferencia de que él es proteccionista porque puede con su economía, porque el otro error es pensar que podemos vivir con lo nuestro. Si nos cerramos al mundo con qué producimos los insumos. Lo que sí hay que tener cuidado es que el grado de apertura no perjudique.

Nosotros tenemos que lograr primero un marco mínimo de estabilidad porque hay un estrés social, en segundo lugar hay que disipar la corrida cambiaria, porque eso significa confianza. Y además que no haya corrupción, para que los que decidan venir sepan que nadie los va a coimear.

Hay un combo que si no tomamos conciencia, con el gobierno que sea, y ponemos un freno, pisamos fuerte, no nos hacemos los demagógicos y vemos cómo protegemos a los vulnerables para que no queden afuera, inexorablemente vamos a seguir a los tropiezos gane quien gane.

No hay magia. Salir de una crisis no es solo una idea, es un trabajo muy persistente donde también debe haber acuerdos para hacerlo sostenible.

 

-¿Por qué se hizo radical, Mario?

-Por la familia materna mía, mi madre, Elizabeth, hubiera sido una dirigente política espectacular, era docente, murió a los 58 años por una mala praxis médica. Leía, leía, tenía pasión. La familia paterna no era militante, mi padre era industrial de Entre Ríos.

Al lado de mi casa se hacía el acto de campaña de Carlos Contín que fue gobernador, yo era chico y estaba demudado viendo eso.

Siempre me picó el bichito, después en la escuela secundaria centro de estudiantes, siempre tenía amigos más grandes y me hablaban de las asambleas.

Nosotros éramos seis hermanos, me fui a estudiar un año a Concepción del Uruguay y era nueva la universidad.

 

-¿Qué carrera fue a estudiar?

-Mi padre quería que estudiara administración de empresa por la fábrica, tenía una hermana que estudiaba psicología en Rosario, otro estudiaba de cura en Paraná y las otras tres eran más chicas.

Así que fui, hice el primer año y fundé el centro de estudiantes (risas). Tengo los mejores recuerdos porque yo siempre hice lo que quise, y no lo que él quería. Ahí conocí a Alfonsín en el año 1972 cuando perdía con Balbín.

Y además hice teatro, saqué el premio nacional de teatro, me lo entregó Oscar Ferrigno, hacía teatro del absurdo de Ionesco.

 

-¿La cultura estuvo presente también?

-Mi padre había sido director de teatro vocacional, mi madre pianista, casi toda familia de músicos, concertistas de piano, se leía mucho, comprábamos libros de la Editorial Aguilar, un tío mío era viajante, pasaba todos los años, una vez la Biblia, después la Ilíada, la Odisea, el Martín Fierro y mi madre compraba los premios Nobel de Literatura y los coleccionaba.

Mi padre me había enseñado a mí y a mi hermano a leer el diario de atrás para adelante, La Nación que llegaba al pueblo tarde, y nos enseñó a leerlo así porque nosotros buscábamos deportes (risas).

 

-¿Cuándo vino a Córdoba?

-En el 73 vino una crisis, entonces mi hermano se fue de la Iglesia con 40 seminaristas.

Qué hacemos con mi hermano que estaba en segundo año de Teología, con mi hermana que era un desastre por los despioles que había en la Facultad de Rosario, entonces yo dije acá me cuelo en esta discusión y cambio de carrera.

Pensamos dónde nos vamos los tres, a Córdoba y nos vinimos los tres, eso es una reivindicación a esa Argentina de movilidad social, nosotros no íbamos de vacaciones, mi padre bien, de una familia respetada, pero el esfuerzo eran los hijos, mi hijo el doctor.

Y nos vinimos a Córdoba, era la segunda vuelta del 73, de Víctor Martínez con Obregón Cano y yo me fui a la casa radical.

Había pasado la elección Balbín- Gamonnd y yo era el locutor en el acto, pero me daba cuenta que yo más que locutor hacía discursos en vez de anunciar(risas).

Y me fui a la casa radical, entré y encontré en el pasillo a don Arturo Illia.

Había sido amigo de un tío mío de Mar del Plata, él me llevó de la mano, me depositó en una pieza del fondo donde estaba Lucio Prado, Carlos Becerra, Miguel Ballini de Laborde, Maco Silvestro, era la Juventud Radical y me depositó ahí.


-Lo depositó ahí, a plazo fijo.

-(Risas) Sí, era la Juventud Radical y ahí entré. Se votaba la segunda vuelta y nunca más me bajé del auto. Y ahí nomás fui me inscribí en la Facultad de Derecho y el primer año gané la elección del Centro de Estudiantes.

 

-¿Con la agrupación Franja Morada?

-Sí, ahí conocí a mi mujer de la que hasta el día de hoy estoy muy enamorado.

 

-Cuando era un niño ¿qué soñaba ser, soñaba ser político?

-No, soñaba con ser médico. No sé por qué, podría haberlo hecho, mis padres nunca nos obligaron a una carrera. Soñaba con ser médico, estudiaba idiomas, tuve una infancia muy feliz como se tiene en los pueblos.

Córdoba se me metió en la vida, conocí a mi mujer en el Centro de Estudiantes, en el 73 salí al interior de Córdoba porque venía la interna de la Juventud, había conocido a Alfonsín un año antes, visité a Carlos Becerra padre, salí a conocer los pueblos de la provincia, Lucio Prado era el presidente de la Juventud.

Iba a la Legislatura a escuchar los debates, Chiche Grosso era senador. Yo trabajaba en la Municipalidad, me quería independizar de mi padre, era zorro gris, dirigía el tránsito, y en el acto me presenté de candidato en una asamblea (risas) y gané la elección con otro compañero del peronismo de base. Y el 10 de diciembre del 75 yo era soltero todavía, lo buscaron a mi hermano que estudiaba Filosofía, no estaba y me llevaron a mí preso. Y mi hermano con toda la ingenuidad fue a la mañana y se presentó solo, así que lo metieron adentro.

 

-En ese momento ya se había ido Lacabane y estaba de interventor Bercovich Rodríguez.

-Y en la D2, estaba Telleidín. Estuvimos en el Pasaje Santa Catalina una semana y pico. Mi mujer que era mi novia la buscó a Angelina de la Rúa, la mujer de Jorge de la Rúa, para poner un amparo, Carlos Becerra padre le habló a otro hombre del peronismo al cual le tuve un cariño muy especial que era (Carlos) Risso, que después le mataron al hijo, y nos salvamos de que me pongan a disposición del PEN.

Yo había ganado las elecciones del cuerpo de delegados con una lista plural, a mi compañero Angel Baudraco, un hombre del peronismo de base, una encantadora persona lo tiraron al dique San Roque y ahí desapareció un montón de gente.

Y me casé en febrero de 1976, debe haber sido por el efecto del miedo (risas). Me casé por civil y nos fuimos a casar por iglesia a Entre Ríos.

Y nunca más me bajé de la política. Y soy un deudor de Córdoba, tuvieron la irresponsabilidad de votarme como vicegobernador a los 33 años.

 

-¿Usted era adversario interno de Angeloz?

-Sí (risas). Y la verdad me debo a Córdoba.

 

-¿De qué manera le hicieron el ofrecimiento para acompañar a Angeloz en la fórmula, le sorprendió?

-En esa época éramos Renovación y Cambio. Hubo un acuerdo, no me imaginaba yo, ahí estaba Lorenzo Cortese mayor que yo, un entrañable amigo, y hacíamos asambleas y quedó esa fórmula. La verdad que procuré honrar el cargo. Me tocó estar a cargo del gobierno un año y medio, en el medio de eso el accidente (la caída del helicóptero), Angeloz era candidato a presidente, la verdad que nunca tuve que reprochar la confianza que tuvo sobre mí, yo a él tampoco le generé desconfianza, tenía clara conciencia de que yo no era el gobernador, era el vice, así que yo no me las creía.

Siempre tuve en claro algo, muy afirmado con el accidente, uno puede llegar más rápido, o por el azar, lo que hay que estar preparado es para bajar.

Para saber que la política es transitoria, cuando uno entra a confundir lo público con lo privado, a dejar fotografías personales, a dejar el saco, mejor que la saques porque estás pensando que ese lugar es tuyo y que te vas a quedar toda la vida. Y no es así.

Vos fijate que en el Estado pueden estar los mejores edificios, los más lindos, pero siempre es como que no hay nada de pertenencia, y así debe ser, porque nadie es dueño, por ahí pasan nomás y lo que queda es memoria.

 

-Son pasajeros…

-Sí, contratados por el voto y con un grado de confianza para cumplir la representación por un tiempo determinado y de acuerdo a cuánto lo defraudes o no por el tiempo que te toque. Inclusive el valor más grande de la política no es ganar o perder, solamente, es que no pierdas el respeto en la cercanía con los ciudadanos.

Por ciertas razones uno puede no llegar a ser nuevamente, pero poder caminar por la calle, que te respeten, que no te midan en términos de votos, me parece que esa es la contribución mínima que la política tiene que hacer para honrarse.

 

-¿Cuál fue el momento más duro que le tocó vivir en su vida política?

-El accidente lo que me trajo a mí, porque nunca he hablado de esto en mi vida, fue como decirte, después que pasó el tiempo te das cuenta que vos no sos imprescindible, nadie es imprescindible. Eso pasa.

Después con el tiempo me fui dando cuenta que a determinadas cosas yo reaccionaba de una manera y cuando volvían a ocurrir los mismos escenarios reaccionaba distinto.

Maduré fuertemente, tomé conciencia de la familia, la política es muy tirana, hubo momentos muy importantes de la vida de mis hijos cuando eran chicos en los que yo no estuve.

Y el golpe del 76 para mí fue brutal. Ver amigos desaparecidos, a los que trabajaban conmigo se los llevaban, por eso Alfonsín cumplió la promesa más importante de la sociedad que es sacarte de la muerte, y el radicalismo quiere que sea un valor electoral, y no es un valor electoral nuestro, es de todos, la gente en el 83 quería perder los miedos.

Hablé con Alfonsín en el primer acto multitudinario de Córdoba, en la previa de las elecciones, me temblaban las piernas, en Redes Cordobesas.

 

-¿En ese acto hizo la previa al discurso de Alfonsín?

-Habló alguien de la Franja, habló Dolores Díaz de Agüero, hablé yo y después él. Tengo guardado ese discurso. Cortaron la luz y yo seguía hablando solo (risas), me acuerdo que me tiraban y me decían “calmate, calmate que no hay micrófono” (risas), hasta que volvió la luz.

(Pausa) Momentos trágicos y dolorosos de la Argentina, el efecto de 2001 socialmente, pero siempre he procurado tener un sentido plural de la política, creo que uno tiene que tener mucha pasión, hay que defender las cosas con convicciones, pero no hay necesidad ni de agredir ni de insultar. Cuando vos hacés política desde el agravio personal, de ahí no se vuelve y quizás parte de la Argentina tiene mucho de eso también, hay que discutir ideas.

 

-Me dijo que cuando era chico soñaba con ser médico ¿ahora sueña con ser gobernador de la provincia?

-Yo ejercí la gobernación prestada cuando estuve a cargo (risas). La verdad que me siento con responsabilidad para armar un equipo, gobernar Córdoba, sin sentirme dueño de la verdad, me gustaría ser gobernador, trabajo para eso.

Pero tengo el orden de prioridades bien definidas, sé la complejidad, sé lo que significa esta provincia, creo que no hay que mirarse el ombligo, creo que los tiempos cambian, que no alcanza con que uno crea, la base es que tengo que lograr que los cordobeses crean que pueden confiar en mí para construir el futuro. Hay una necesidad de cambio. Y el radicalismo tiene que saber que cambiaron las épocas, hay que buscar nuevos vecinos, el único requisito que yo pido y quiero, para que alguien se sume a trabajar, es que sea honesto y tenga vocación pública, no le pregunto de dónde viene.

Y jóvenes, mujeres, porque hay un principio indetenible que es la igualdad de género. Un partido que no tenga mujeres en paridad, es un partido color sepia.

 

-¿Cuál es el mensaje para los radicales que no están contentos con el PRO?

-No es un problema, si nosotros no estamos de novios ni nos buscamos para casarnos ni para ser padrinos. Hay un orden de prioridades en las cosas del país y nosotros también tenemos las nuestras.

En segundo lugar, hay que ampliar los espacios, porque solos no estamos en condiciones nosotros.

En tercer lugar, nos quejamos, yo también me quejo, que el Gobierno se encierra, que son muy endogámicos para las decisiones, el radicalismo también tiende a ser endogámico y no es así.

Tenemos que pensar en nuestra propia crisis, porque hace 20 años que no gobernamos y no es solamente porque gana el peronismo, algo mal debemos haber hecho. Deberíamos preguntarnos.

Las cosas uno no las hace mal porque sea mala persona, a veces es porque no lee bien la realidad. Yo quisiera venir a Villa María no solamente a homenajear a Sabattini o a Cabezas. No pongo culpas a nadie, me gustaría, me encantaría.

Ahora, si la idea del esfuerzo es hacernos zancadillas entre nosotros, si pensamos que el enemigo está adentro cuando no debería haber enemigos ni siquiera el adversario, cuando la energía está puesta al servicio de la chiquita, en un mundo global, quien va a venir a la política a acompañarte.

 

Opiniones

Mauricio Macri

Creo que tiene una pasión, pertenece a la política, que de buena fe actúa pensando que las cosas cambien. Hasta pagó precios personales en su modelo, hasta con su primo y todo. Creo sí, a veces llevó gente a trabajar muy capaz, pero que no pensó que la complejidad del Estado era esa y además como calabrés por ahí no le gusta mucho discutir (sonríe).

Juan Schiaretti

Hicieron una sociedad perfecta con De la Sota, mientras estaban juntos y nos hicieron creer muchas veces que estaban peleados y era mentira. Tiene una forma de administrar la provincia con particularidades propias, no le ha escapado a las dificultades, ha tenido bastantes responsabilidades con las cosas que han pasado.

Lo respeto, pero creo que se agotó el modelo de prioridades que tenía. Hay temas que están a media luz, el tema de la inseguridad.

 

Me gusta: Tener amigos, es más soy capaz de dejar de lado cualquier diferencia, si se trata de discutir de política, para no perder la amistad. Por supuesto, tomar un vino tinto, comer asado, leer. Me gusta la política, cambiarle la vida a la gente positivamente, soy acuariano (risas).

Me divierte: (Y no me diga Carrió) (Risas) Yo con Carrió tengo una relación de amistad, le admiro el coraje, somos distintos. Me divierten los nietos, los disfruto, y además me permite ver la velocidad con que se nos viene el mundo, porque uno con 6 años y otro con 3 me han convertido en un analfabeto tecnológico.

Me entristece: La idea de vivir en la nostalgia, entre los recuerdos y la nostalgia hay un hilo muy finito, y si te quedás en la nostalgia te paraliza. Me entristece pensar que me quede en eso de “aquello fue un tiempo mejor” El desafío es pensar “debe haber un tiempo mejor, una sociedad mejor.”

Me enoja: La mentira, me puedo pelear pero que me digan en la cara. Me pone muy mal la hipocresía, me indigna y me pone muy mal que se le sume desprestigio a la política porque no merecen todos los que hacen política que sean comparados igual.

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