“La unión de los bioquímicos se dio como un acto de generosidad”

15 DE JUNIO – Día del Bioquímico

Desde mediados de la década del 60 en Villa María se desarrolla el Círculo Regional de Bioquímicos. Los avances tecnológicos y la consolidación técnica de la actividad, contribuyen a que la profesión no deje de crecer

Elio Andreotti es uno de los últimos testigos del surgimiento institucional del Círculo Regional de Bioquímicos de Villa María.

Apenas llegado a Villa María, a mediados de la década del 60, Andreotti, como joven profesional, asistió a la génesis de la institución que hoy nuclea a decenas de bioquímicos de la ciudad y la región.

Hoy y a veinte años de haberse jubilado, Elio junto a EL DIARIO, rememora los inicios, analiza el presente del sector y también brinda su parecer respecto al futuro de la actividad.

“Cuando llegué a la ciudad en el año 1963, no había Círculo de Bioquímicos, sino que cada laboratorio trabajaba en forma aislada”, expresó el reporteado haciendo alusión a las firmas Gornitz, Zandrino- Bonino y Bessoni, entre otros.

“Los bioquímicos de aquella época hacía tiempo ya que estaban desempeñándose en territorio villamariense”, manifestó el entrevistado.

“Cada uno tenía una mutual para atender. Por ejemplo, la obra social de la Fábrica de Pólvoras, del Correo, bancarios y demás, pero accionaban de manera individual con cada una de ellas”, remarcó.

“Ellos eran los más antiguos y decidieron formar el Círculo. En realidad considero que lo que hicieron fue un acto de generosidad por parte de estos bioquímicos”, estimó Andreotti.

“Cada uno de ellos tenía la exclusividad de las mutuales que eran pocas e importantes, sin embargo todos compartieron sus pacientes y de este modo se unificó, incrementando la acción de los que integrábamos el conjunto”, reflexionó.

En otro tramo de la charla sostenida con este medio, Elio expresó su consideración sobre las implicancias de la tecnología en el desarrollo de la disciplina.

“Nosotros estamos sorprendidos ya que la evolución se dio en pocos años, similar a otros campos , como la electrónica, tecnología, historia y computación, factores que han llegado muy rápido a los laboratorios”, apuntó el consultado.

“Ahora los trabajos de laboratorio están agrupados y poseen aparatología de última generación”, añadió.

“La mayoría de ellos están en las clínicas y sanatorios. Antiguamente, cada uno tenía su laboratorio en la casa de familia. Era todo más artesanal”, también opinó.

“Por supuesto que el número de análisis que se hacen ahora es mayor, décadas atrás se lograban los determinados por rutina que no excederían de diez o doce”, señaló.

“En realidad, lo que hacía también el bioquímico era configurar los reactivos que se utilizan para analizar. Teníamos que prepararlos nosotros con las drogas que conseguíamos”, advirtió Elio.

“Casi siempre los días sábado, se lo dedicábamos a esa función, generando reactivos o testigos”, acotó.

“Creo que desde el punto de vista laboral, surgieron aparatos que nos dieron más seguridad, por ejemplo, el colorímetro (herramienta que identifica el color y el matiz para una medida más objetiva)”, manifestó.

“Otras de las acciones que hacíamos de manera rudimentaria era el metabolismo basal, sondajes gástricos, duodenales y transfusiones”, sostuvo.

“Estoy alejado de los laboratorios actualmente pero observo que la suma de aparatos sumamente precisos le dan a la actividad mucha seguridad”, dijo.

“Incluso, los pacientes ya no tienen que venir a Villa María para someterse a los análisis, sino que mandan las muestras directamente desde sus lugares de origen”, precisó el entrevistado.

En el análisis del presente, Andreotti sostuvo que ahora el trato es un tanto más despersonalizado y centralizado.

“Antes teníamos contacto  directo con las personas que atendíamos, éramos casi como de la familia. Imaginate que teníamos que ir a hacer una transfusión y debíamos instalarnos todo el día al lado del paciente”, agregó.

“No quiero dejar de mencionar a la doctora María del Carmen “Teté” Hillar de Manfredi. Con ella somos los únicos sobrevivientes de aquellas épocas. Del grupo de fundadores solo quedamos nosotros dos”, concluyó Andreotti que consideró que la profesión seguirá avanzando gracias al potencial que otorgan los recursos tecnológicos.

 

Una actividad profesionalmente consolidada

La Bioquímica, como profesión, nació en Argentina como una necesidad de establecer una estrecha correlación entre los estudios médicos, fisiológicos y químico- biológicos, ya que en su momento estaban absorbidas por las carreras de Medicina y Farmacia.

La bioquímica, entonces se erige como una rama de la Química que estudia la estructura y función de los componentes químicos específicos de los seres vivos, que tiene aplicación en una enorme variedad de áreas, desde la genética a la Biología Molecular, pasando por la Agricultura a la Medicina.

Asimismo, se divide en diversas especialidades como Biología Celular, Genética, laboratorio clínico, inmunología y farmacología, investigando, por ejemplo, las propiedades de las proteínas que han llevado a importantes avances en el estudio del código genético.

La Bioquímica es actualmente una profesión sólidamente consolidada que tuvo un comienzo casual, como toda actividad humana que se origina en los carriles del desarrollo progresivo, que comenzó con el temor del enfrentamiento con la realidad circundante.

En nuestro país es una actividad que surgió con el apogeo de las profesiones liberales con un sello inédito y exclusivo que la ubica como un paradigma que luego imitaron otros países.

 

En homenaje al que dio el impulso académico

Se celebra en Argentina el “Día del Bioquímico”, en memoria del nacimiento del doctor Juan Antonio Sánchez, quien fue el creador de la carrera de Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Lo novedoso de la propuesta de Sánchez fue proyectar una carrera íntegramente cursada en la Facultad de Ciencias Médicas.

El 3 de noviembre de 1919 presentó su proyecto de Plan de Estudios para la creación de la carrera de Doctorado en Bioquímica y Farmacia, como un perfeccionamiento de la carrera de Farmacia. Este proyecto tuvo el acompañamiento de otro consejero y distinguido académico y profesor, el médico doctor Osvaldo Loudet.

Finalmente, el 28 de noviembre del mismo año de la presentación se aprueba y nace la profesión de Bioquímico, siendo los primeros egresados la promoción 1921-1922 con el título de doctores en Bioquímica y Farmacia.

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