El Diario del centro del país

Las mujeres en la historia

NOTA Nº 559, escribe Jesús Chirino

Lito Nebbia, en su canción “Quien quiera oír que oiga” dice que “Si a la historia la escriben los que ganan // eso quiere decir que hay otra historia…”. En una sociedad patriarcal podríamos agregar que si a la historia se la escribe desde la visión del varón y sin tener en cuenta a las mujeres como agentes de cambio histórico, quiere decir que hay otra historia. Lo menos que podríamos acordar es que de no incorporar la experiencia femenina, no tendremos una clara visión de la experiencia histórica de la ciudad y región.

 

Estudiar el aporte femenino al proceso histórico

Durante la segunda ola del feminismo, en los años 60 del siglo próximo pasado, se renovó el interés por el papel de la mujer en los procesos históricos. En esa época comenzaron a surgir estudios que ponían en evidencia la invisibilidad de la mujer en la historia. Esa marginación de la mitad de la población humana en el estudio del pasado, no solo fue algo realizado por las corrientes historiográficas tradicionales, sino también por aquellas que surgieron como renovadoras. El desarrollo de nuestra historia local y regional tampoco escapó a esta visión que solo registra pequeños aportes de la mujer a los procesos históricos. Leyendo publicaciones de estudiosos y estudiosas de estas tierras, notamos que esta posición recorre la mayoría de los trabajos historiográficos acerca de la ciudad y región. Incluso algunos que hacen especial referencia a las mujeres, pues allí vemos que las mismas aparecen como individualidades, generalmente son personalidades destacadas, pero no dejando demasiado registro acerca del aporte femenino al proceso histórico. En estos casos, aunque se trate de trabajos realizados por historiadores/as aficionados/as, se descubre una innegable ligazón con la posición de la historiografía académica tradicional que, en su enfoque habitual, se limitaba a incluir estudios de mujeres sobresalientes.

Luego, las corrientes renovadoras, problematizaron y trascendieron posiciones de esta corriente, pero sin abordar la inclusión de la mujer como grupo social diferenciable del hombre. Esto sucedió hasta el surgimiento de la nueva historia de la  mujer, nacida en fuerte contacto con el feminismo. Entonces se produjeron cambios, tanto en el marco conceptual como en los instrumentos metodológicos para el estudio de la mujer en el proceso histórico. También se plantean nuevas fuentes de investigación. Pero si algo es central en el cuestionamiento que se le hizo, tanto a la teoría liberal de la evolución de la situación de la mujer en la historia como a los planteos marxistas de entonces, es la visión androcéntrica que mantenían. Era claro que debía adoptarse una posición que permitiera desplazar la mirada del varón de la posición central para lo cual es necesario desbaratar esquemas de interpretación.

 

Nuevos campos de estudio

No necesariamente debe hablarse de una intencionalidad de el o la historiador/a en la invisibilización u ocultamiento de la mujer en sus trabajos. Mary Nash habla del condicionamiento sexista de los historiadores que influye en la elección de campos de estudios, hechos y temas. Esta autora dice “la marginación de la mujer como objeto de estudio histórico puede comprenderse a partir de un sistema de valores y, por lo tanto, de un terreno de prioridades en la elección de los temas a investigar, elección influida por el condicionamiento sexista de los historiadores”. Como respuesta a esto surgieron nuevos campos, cuyo estudio aportaron riqueza al análisis histórico. Es así que la historiografía surgida de aquellos planteos comienza a abarcar dimensiones de lo privado que antes no eran consideradas. Comienza, por ejemplo, el estudio de las estructuras de familia, la sexualidad, la reproducción, la cultura femenina, la salud, el trabajo doméstico, la socialización de los hijos. Investigaciones que realizan un aporte valioso a la construcción de una visión integral de la experiencia histórica de la mujer. Esta nueva visión de lo histórico, que trasciende la búsqueda interpretativa desde la experiencia del varón, produjo distintas corrientes con diferencias entre ellas. Matices que no abordaremos aquí, pero sí dejamos constancia de su existencia.

 

Estudiar los mecanismos de dominación del patriarcado

La historia, desde esta perspectiva, se escribe cuestionando la visión tradicional de la mujer en la sociedad. Se rechaza una imagen estereotipada de ella que la presenta con una doble atribución de pasividad y bondad, o malignidad y poder. Visión esta que generalmente aparece en diferentes discursos, incluso en aquellos producidos desde las ciencias. Por el contrario, lo que se intenta es captar los mecanismos de dominación construidos dentro del patriarcado. Desde esta posición se torna necesario reinterpretar fuentes, categorías y tesis tradicionales.

­Sin profundizar mucho más en la evolución del pensamiento historiográfico, podemos reflexionar acerca desde qué visiones se han escrito las obras que versan acerca de la historia de nuestra ciudad y región. Si bien en el último tiempo han surgido algunos trabajos que avanzan en la incorporación de la mujer en el sentido que marcamos anteriormente, aún nos queda un largo camino en el desarrollo de trabajos que contemplen campos de estudios inexplorados en la ciudad, reinterpretar fuentes, ajustar metodologías y, sobre todo, modificar esquemas que nos permitan estudiar el pasado sin subordinarlo a la experiencia del varón. Es un desafío hermoso que ya tiene quienes lo están enfrentando para poder realizar producciones que nos permitan reflexionar sobre diferentes cuestiones que impactaran en la identidad de la ciudad.

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