El Diario del centro del país

Las otras tres plazas que son patrimonio histórico

Plaza Independencia (“la de la Municipalidad”) sin el monumento a Rivadavia en el centro, el que fue inaugurado el 22 de abril de 1928, ni la réplica de la Pirámide de Mayo, inaugurada en el transcurso de 1960

Segunda parte y final

Luego de describir en la edición del 27 de marzo toda la historia de Plaza Ocampo, reflejaremos hoy las correspondientes a otras tres que cuentan con declaraciones que reconocen su riqueza en varios aspectos

Escribe Augusto López
Dirección de Patrimonio Histórico

Como se mencionó en la primera parte, las plazas contempladas en los planos urbanos de 1867 y 1883 (actuales Independencia, San Martín, Centenario y Manuel Anselmo Ocampo) constituyen parte del patrimonio villamariense a partir de su valor histórico, arquitectónico y natural.

En este sentido, la Ordenanza Nº 2.830 (15 de mayo de 1990) declara “patrimonio cultural, arquitectónico y ecológico a las plazas Centenario, Independencia y San Martín”; mientras que el Decreto Nº 1.029 (5 de noviembre de 1998) considera de interés histórico y arquitectónico los portales y tribuna de la Plaza de Ejercicios Físicos (Manuel Anselmo Ocampo).

 

Independencia: la plaza histórica

La plaza Independencia (ubicada entre las calles Mendoza, Mitre, Sobral y Entre Ríos) es la única que estuvo contemplada en el primer plano de Villa María (1867) y conservó la denominación instituida por el municipio en 1896.

Actualmente muestra monumentos a Bernardino Rivadavia y la Revolución de Mayo y un Punto Altimétrico.

El monumento a Rivadavia se inauguró el 22 de abril de 1928, conmemorando el centenario de su Presidencia (8 de febrero de 1826 – 27 de junio de 1827); mientras que la Pirámide (réplica de la escultura homónima que se encuentra en Buenos Aires), fue emplazada en 1960 y recuerda el 150º aniversario de la creación del Primer Gobierno Patrio.

Cuando el intendente municipal Eugenio Parajón Ortiz presentó el proyecto de realizar un monumento conmemorativo a Rivadavia (18 de junio de 1927) dijo: “Este monumento colocará a Villa María en la situación privilegiada de haber sido la primera de la República que se inclinara respetuosamente ante el prócer, rindiéndole el tributo que ha merecido de todos sus ciudadanos” (Calvo, 1989: 112).

Frente a la plaza Independencia, en Mendoza 852, estuvieron la primera escuela fiscal (1871), el primer templo católico (1873) y, a partir de 1895 la sede gubernamental de la Villa que se conoce como Casa Municipal).

En tanto, entre 1928 y 1930, en Sobral y Mendoza, se construyó el Hotel Palace (actual Palacio Municipal 27 de Septiembre Miguel Veglia).

Esta plaza, con iluminación eléctrica a partir de 1909, también sirvió de escenario para que tocara la Banda Municipal, cuyas presentaciones, entre 1910 y 1931, se realizaron generalmente los jueves y domingos (Alonso, 2017).

El espacio se remodeló integralmente en 1924, siendo intendente Vicente Martínez Mendoza (1920-1925).

Cuando presentó el proyecto en el Concejo Deliberante, el intendente municipal dijo: “Villa María, por sus adelantos, en todos los órdenes de la vida, requiere también de lugares que recreen a sus hijos de las fatigas del trabajo. Dicha plaza, modificada como lo indican los planos, servirá por su aspecto bello, de un lugar agradable para las reuniones de la sociedad toda en las horas de retreta y ofrecerá un grato lugar de descanso para los trabajadores que así lo precisen a diario. Como complemento de su arreglo, se hace necesario dotarla de una instalación de luz de acuerdo a las exigencias modernas, buscando siempre dentro de la economía un conjunto bello que pueda permanecer en ella por muchos años, sin la necesidad de reforma”, según su mensaje del 25 de junio de 1925, que obra en la Caja Nº 217 del Archivo Histórico Municipal.

Para concretar esa intervención, el municipio contrató al arquitecto Francisco Petracco.

El proyecto estructurado y ejecutado por Petracco (quien también intervino en la verja exterior y la tribuna de la Plaza Manuel Anselmo Ocampo), comprendía muros de contención, veredas y graderías de acceso.

Concretamente, preveía construir cuatro “veredas interiores o avenidas de peatones”, con “un piso de piedras artificiales de seis metros de ancho” y cordones; veredas exteriores “de un metro siete centímetros de ancho y doce centímetros de altura sobre el nivel de las calzadas”; “muros de sostenimiento (…) siguiendo el perímetro de la misma” y “gradas o escalinatas de acceso en las cuatro esquinas que forman el perímetro de la plaza, que serán ochavadas, y en los puntos medios de cada uno de los costados de la misma”, según la descripción de las obras a construirse en la Plaza Independencia, que forma parte de la documentación del Departamento Ejecutivo Municipal de 1923 que obra en la misma caja Nº 217 del AHMVM.

Petracco también proveyó “ocho bancos semicirculares de cemento armado, imitación granito, que adornaban los cuatro ángulos de la plaza y rodeaban el motivo central de la misma” (Pedernera, 1970, p. 371).

Por su parte, Juan Bertella realizó las verjas que coronaron los muros de contención.

Martínez Mendoza consiguió que Carlos Noel, intendente de Buenos Aires, comisionara sin costo en Villa María al ingeniero Marquestau (jefe de Instalaciones Eléctricas de la Capital Federal) y al arquitecto Maack (miembro de la Dirección General de Ejercicios Físicos de Buenos Aires y director del Parque General Paz de Mar del Plata) para que, in situ (sobre la plaza), estructuraran las instalaciones eléctricas (ejecutadas por Ramón Vijande) y los jardines complementarios (realizados por personal municipal, con la supervisión de Obras Públicas).

Aquella fue la primera instalación eléctrica subterránea que se hizo en esta ciudad.

La iluminación estaba servida para 48 focos, 24 de 600 bujías y otros tantos de 400, encerrados en globos opalinos, distribuidos convenientemente, montados al tope de artísticas columnas de hierro fundido, de tres metros cuarenta centímetros de alto. (Pedernera, 1970: 371)

Plaza Centenario y, en toda la postal, un único edificio de dos alturas

Centenario: una plaza “salamónica”

Entre 1888 y 1928, la actual plaza Centenario constituyó la sede del primer mercado municipal de Villa María (denominado Colón en la Intendencia de Fermín Maciel, conmemorando el cuarto centenario del comienzo de la Conquista de América.

Considerando esto, en 1896 (a sugerencia de la Comisión de Obras Públicas Municipal), el municipio impuso a la plaza el nombre del mercado.

Ese centro se creó en la Intendencia de Silvestre Peña (1887-1891) para controlar la calidad y el valor de los alimentos comercializados en Villa María. Constituyendo una respuesta al brote de cólera que había asolado al vecindario entre 1886 y 1887.

Consecuentemente: “Las personas que no hacían transacciones en el mercado, debían hacerlo fuera de los bulevares que rodeaban a la ciudad” (Felipe, 2002, p. 115).

Por su parte, la presencia del mercado Colón creó un importante movimiento en la plaza Centenario, clave para que se desenvolviera esa parte de Villa María, históricamente aventajada por el sector meridional de la ciudad.

Así, contorneando el inmueble, por ejemplo, se ubicaron un surtidor de nafta (1921) perteneciente a Vionett y Gagliardi; un bar situado en José Ingenieros y Santa Fe y un quiosco de diarios, revistas y libros (propiedad de Agustín Videla, quien, como concejal, en 1942, auspició la creación de la Biblioteca Mariano Moreno).

Todos los jueves y domingos (al igual que en la plaza Independencia hasta entonces), a partir de las 20.40 tocaba la Banda Municipal de Villa María. El sector tenía plazoletas, un tanque de agua, luminarias (1912), puestos de venta, y un cartel luminoso que patrocinaba Casas y Paronzini. A partir de eso, sobre la plaza norte, se estructuró un microcentro que concentró la actividad comercial y financiera de la ciudad. El Mercado Colón, finalmente, debido a inconvenientes estructurales, tuvo que trasladarse a una nueva sede ubicada en Corrientes y Carlos Pellegrini. Conservaría ese emplazamiento entre 1928 y 1968, cuando concluyó su actividad.

La plaza homónima se remodeló en 1935, después de acondicionar el sector (esto implicó retirar todo el material procedente de la demolición del mercado, construir los cordones perimetrales, talar árboles, cubrir pozos y cuevas, fumigar hormigueros y nivelar la manzana).

Previamente, en ese espacio, el Departamento Ejecutivo consideró realizar un palacio municipal. Francisco Salamone, comisionado para esa tarea, presentó un proyecto (1933), pero éste no se ejecutó debido a su costo. En el Archivo Histórico se preserva documentación que testimonia la monumentalidad de la sede gubernamental, disociada de la realidad villamariense.

La remodelación de la plaza Centenario, conducida por Francisco Salamone y ejecutada por José Licciardi, se enmarcó luego en un conjunto de intervenciones urbanas concretadas en la segunda Intendencia de Eugenio Parajón Ortiz (1932-1936): cercas y veredas en predios ferroviarios, pavimentación de calles, Matadero Modelo Municipal, ornamentación de bulevares y plazas.

Según el arquitecto Mario Ortiz, consultado para escribir esta nota, el proyecto que desenvolvió Francisco Salamone en la plaza norte de Villa María, conceptualmente, está sustentado en el futurismo italiano, toma aspectos de la arquitectura Art-Deco (particularmente presente en luminarias, bancos y fuentes) y tiene la impronta de una plaza parisina (visible en la geometría que preside la estructura y ornamentación del espacio; con trazado de diagonales y colocación, controlada, de árboles y arbustos).

Para Ortiz, Salamone proyectó un espacio con centro y periferia, dividido mediante caminos que sirven para atravesar la plaza pero, esencialmente, invitan a transitar, descubrir y contemplar los recintos interiores.

En este sentido, observa una diferenciación de los sectores (de canal y de recinto) y jerarquización de los senderos.

Finalmente, resalta que todo el espacio está enmarcado por fuentes emplazadas en las esquinas que constituyen las referencias (“puntos focales o de interés”) para quienes se encuentran dentro y fuera de la manzana.

El emplazamiento de un monumento (busto de San Martín) y la construcción de un arco fueron intervenciones que, temporalmente, alteraron un proyecto arquitectónico que se conserva sin más cambios estructurales.

Conviene remarcar también que, independientemente de su resultado, todo el proceso considerado estuvo cuestionado en materia de transparencia. En este sentido, mientras se desenvolvía la intervención, el Departamento Ejecutivo, unilateralmente, incluyó numerosos cambios (ampliaciones, reformas, complementos) que aumentaron considerablemente el valor previsto y el presidente del Concejo Deliberante Municipal, Roberto Velo de Ipola, dejó su banca, denunciando vicios en la adjudicación.

Sobre esto, José Pedernera (Historia de la Ciudad de Villa María, 1970), dice:

“Terminadas y recibidas las obras de la Plaza Centenario (…) el intendente Parajón Ortiz elevó un mensaje al Concejo en el cual pedía se aprobaran todos los decretos y resoluciones por los cuales había dispuesto ampliaciones, modificaciones y trabajos complementarios y extras, que se habían considerado necesarios, de acuerdo a lo dictaminado, en cada caso, por el director técnico (Salamone) (…).

No expresaba en qué habían consistido las ampliaciones, ni a qué suma ascendía el mayor gasto.

El Concejo Deliberante no se tomó la molestia de averiguarlo ni tan siquiera de preguntarlo.

Se limitó a sancionar, el 25 de enero de 1936, una nueva ordenanza en la que de conformidad a lo pedido, resolvió: “Apruébanse todos los decretos y resoluciones emanadas del D. Ejecutivo hasta la fecha, en uso de las facultades conferidas por la ordenanza Nº 395 y 406, por las cuales se efectúan ampliaciones o modificaciones en las obras contratadas en virtud de las ordenanzas referidas” (pp. 427-428).

Como director técnico, mediante un decreto sancionado el 14 de enero de 1935, se acordó a Salamone una remuneración que comprendía “el diecisiete por ciento del importe total de los trabajos sin excluir los extras” (Pedernera, 1970, p. 427).

 

Cinco nombres

Para terminar, una particularidad de la plaza Centenario es la variedad de nombres que tuvo después de 1896 (cuando se la denominó Colón): Viñas (1905), Centenario (1910), San Martín (1941), 4 de Junio (1944), Eva Perón (1952), General San Martín (1960) y, nuevamente, Centenario” (Calvo, 1989).

Un placero barriendo en la San Martín, hacia 1950. Los santos aún no habían llegado a lo alto de la Catedral

San Martín: riqueza patrimonial

A partir de la plaza San Martín se estructuró un sector caracterizado por su riqueza histórico-arquitectónica.

Así, contorneándola se ubicaron la Casa Meroi, el Santuario-Catedral Inmaculada Concepción, la Escuela Dr. Agustín Alvarez, el Mercado Mitre y la Casa Salgado.

Anteriormente, a metros de la Catedral, también estuvo el Colegio Nacional.

El nombre de la plaza se instituyó en 1896, aunque, brevemente, mediante el Decreto Nº 1454 “S” de 1960, fue denominada Pablo Colabianchi Cicerone: sacerdote que se desenvolvió en el templo mayor entre 1908 y 1938 (Monteoliva, 2008, p. 827).

Ese decreto también contemplaba emplazar un busto de Colabianchi Cicerone (sepultado en la Catedral), que ejecutaría Leopoldo Garrone con recursos cedidos espontáneamente por el vecindario y una donación personal del intendente Deiver.

En la Intendencia de Ramón Pérez (1918-1920) se puso en valor la plaza San Martín mediante la instalación de luminarias y la colocación de bancos (Pedernera, 1970).

Ramón Vijande (contratista), en virtud de un acuerdo realizado con el municipio el 21 de noviembre de 1918, se comprometió a llevar hacia el sector “una instalación eléctrica aérea” de dos circuitos, “cada uno con ocho lámparas de 400 bujías 220 volts tipo ½ wats marca Philips” (AHMVM. Caja Nº 217). Este servicio fue ampliado en 1923, también por Vijande.

En tanto, en 1935, se llevó a cabo una reforma (ejecutada por José Licciardi y dirigida por Francisco Salamone), que incluyó la construcción de caminos, emplazamiento de columnas de cemento para alumbrado (12), ornamentación con flores y colocación de plantas (por ejemplo, 200 tilos con tutores de sauce y 140 plátanos, mediante el Decreto Nº 321. Villa María, 2 de febrero de 1935).

Posteriormente, se construyeron veredas (1950), se instalaron lajas sobre las mismas y se armaron cordones (1968) (en base al Decreto Nº 59 “J” del 18 de noviembre de 1950 y el Expediente Nº 4.610 del 2 de julio de 1968).

Finalmente, en 1978, según el Expediente Nº 31.584 del 13 de junio de ese año, fue ejecutado el pavimento sobre las aceras interiores. Con esa finalidad se construyeron unidades de hormigón terminados con cemento alisado y piedra lavada.

 

Referencias

-Alonso Sergio. La Música en Villa María desde sus orígenes. En Gili, María Laura; Russo, Gerardo Adrián y Achilli, Carla (Compiladores), II Jornadas de Historia y Memoria Local y Regional. Instituto Municipal de Historia. Córdoba, Argentina: Mediterránea.

-Archivo Histórico Municipal de Villa María (AHMVM).

-MVM. DEM. Decreto Nº 59 “J”. Villa María, 18 de noviembre de 1950 y Expediente Nº 4.610. Villa María, 2 de julio de 1968.

-Calvo, Bernardino (1989). Historia popular de Villa María y de sus barrios. Tomo II. Cámara de Senadores de la Provincia.

-Córdoba de Antaño – Villa María.

-El Diario (26 de agosto de 1984).

-Felipe, María Isabel (2002). Mercado Colón: Desarrollo y transformación. En Junta Municipal de Historia de Villa María, Congreso de Historia de Córdoba.

-Monteoliva, Aurora (2008). Parroquia Catedral-Santuario Inmaculada Concepción de Villa María (1870-1930). En Fernández, Sergio (coordinador), Civitatis, María. Córdoba, Argentina: Galeón.

-Municipalidad de Villa María. Departamento Ejecutivo Municipal. Decretos Nº 321 (2 de febrero de 1935) y 1454 “S” (9 de marzo de 1960).

-Pedernera, José (1970). Historia de la ciudad de Villa María. Villa María, Argentina: Centro de Investigaciones Ramón J. Cárcano. Escuela Víctor Mercante.

 

Print Friendly, PDF & Email

En la misma categoría

La Copa se vino desde Tucumán para Córdoba

Mercedes Dagna

Templos patrimoniales Capilla San Antonio – parroquia la Santísima Trinidad

Noemí Bramardo

¿Pensás en ser arquitecto?

Daniel Rocha