OPINIÓN - Apuntes sobre una palabra repetida en los últimos días

La memoria no es nostalgia

Esa capacidad de almacenar, retener y recuperar información requiere de una ejercicio más continuo. Hagamos memoria, entonces
martes, 8 de abril de 2025 · 09:04

?Hace apenas unos días, el ministro de Justicia de la Nación, Mariano Cúneo Libarona -¡nada menos que el ministro de Justicia!-, anunció la suspensión de los fondos destinados a la ex-Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) -un campo de concentración y tortura -, que se utilizan para los salarios de 176 trabajadores y los gastos administrativos del predio en el que se mantiene viva la memoria de la atroz dictadura que asoló al país desde 1976 hasta 1983. Y el ministro, y el Gobierno que representa, se pasaron por alto esa  horrorosa página de la historia, sus crímenes de lesa humanidad y sus treinta mil (sí, son 30.000) detenidos desaparecidos.

Y lo hizo público el 3 de abril, es decir, un día después de que el mismísimo presidente de la Nación, Javier Milei, en el acto por Malvinas, formulara declaraciones que le valieron una denuncia por traición a la Patria: "Anhelamos que los malvinenses decidan votarnos a nosotros", dijo, muy sueltito de cuerpo, en referencia a los kelpers, en un implícito reconocimiento de la autodeterminación de los habitantes de las islas, que responden a Gran Bretaña, y en flagrante contradicción con el reclamo argentino que los considera ocupantes ilegítimos. "Buscamos ser una potencia para que ellos quieran ser argentinos", remató, como queriendo venderles espejitos de colores -¿Cripto espejitos?- a propios y ajenos. Y se pasó por alto la dolorosa página de la historia argentina que significó la Guerra de Malvinas, una herida que aún duele, aún sangra, aún no cicatriza, aún no ha sido debidamente reparada (si es que alguna vez  una herida de estas características pudiera ser del todo reparada). Y de paso se pasó por alto, se olvidó, -¡Ay! La memoria, la memoria…- de décadas de reclamos diplomáticos por la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, que sí, claro, son argentinas, no de los kelpers.

La memoria no es nostalgia.

Hagamos memoria, entonces.

“Ya está, basta, miremos para adelante”, había dicho pocos días antes de estos últimos exabruptos verbales mencionados más arriba el legislador, también libertario, José Luis Espert, justo para el 24 de marzo. Espert, que niega y niega desde su calva testa, testaruda, la dictadura. Y se preguntó en una entrevista: “¿Qué estamos festejando?”

Nada, Espert, nada. Nada para festejar. Sí para recordar, para no olvidar, para tener presente la historia y que no se repitan los horrores.

La memoria no es nostalgia.

Nostalgia es querer volver a escuchar tu risa loca, sentir junto a mi boca como un fuego tu respiración (¡no la de Espert!, ¡Dios me libre y me guarde!, era una forma de decir, nomás), nostalgia es añorar cuando éramos pibes y jugábamos en el campito, o andábamos en bicicleta hasta que caía la noche y tu vieja te metía de una oreja a tu casa a bañarte, a sacarte, frotando con fiereza, la mugre de las rodillas; o añorar aquel primer beso, o aquel viaje, o aquel amigo que te enseñó a jugar al ajedrez, pongamos por caso. Eso es nostalgia.

La memoria no es melancolía, no es ese sentir con el que se rememora a los seres queridos que se han ido, a la mascota que tuvimos que enterrar, al amigo que despedimos un día en una estación o un aeropuerto y por esas cosas de la vida no volvimos a saber de él; no es la remembranza de un antiguo amor que se apagó, pero que mientras ardió, quemó. Es cursi, si se quiere, pero alimenta. La memoria no es melancolía. La memoria no es nostalgia.

La memoria es historia.

La memoria es acordarse sin lugar a dudas de que el general don José de San Martín no se llamaba Juan José, ni José Luis, ni José Enrique, ni José Mármol, por ejemplo. La memoria es tenerlo presente al general don José de San Martín; saber qué hizo, saber qué no hizo, saber por qué hizo lo que hizo y dejó de hacer lo que no hizo. La memoria es tener presente, por ejemplo, a Manuel Belgrano, acordarse de que fue un abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar argentino que participó en la defensa de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, en las dos invasiones inglesas de 1806 y 1807. Y que fue también el nombre de un buque que participó en la Guerra de Malvinas hasta el 2 de mayo de 1982, cuando recibió el impacto de dos torpedos del submarino británico HMS Conqueror, y que allí murieron 323 de sus 1093 tripulantes en aquel momento. Memoria es tenerlos presentes a ellos -y a todos los demás-, aunque no sepamos sus nombres, porque dejaron su sangre en defensa de nuestra soberanía en una guerra loca a la que nos condenó aquella dictadura militar genocida, de la que algunos no quieren acordarse, y que también torturó a los soldados, por entonces unos pibes que se hicieron hombres de golpe y a golpes, y disparos, en aquella lejana parte del país, que no por lejana es menos nuestro país.

La memoria no es nostalgia; la memoria es historia, es el pasado en el presente, es el presente proyectado hacia el futuro y es el futuro en el presente que vendrá, impulsado y sostenido por la historia.

Sin nostalgia, sin melancolía, con la certeza de que ocurrió lo que ocurrió y conviene recordarlo para saber quiénes somos, de dónde venimos y para decidir hacia dónde queremos ir. Hagamos memoria, entonces.

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