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Los conflictos y desafíos que deben afrontar las familias ensambladas

“La llave siempre la tiene el amor”, afirma una especialista

Celos, límites a los hijos del otro y problemas no resueltos de la relación pasada son algunos de los desafíos que deben afrontar las parejas de un modelo familiar muy común en estos tiempos.

Las familias ensambladas, es decir aquellas en las cuales uno o ambos miembros de la pareja tienen hijos de uniones anteriores, no son ninguna novedad. Según estadísticas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya a comienzos de la década del 90 la proporción de uniones legales con al menos uno de los cónyuges reincidente superaba el 20% de los matrimonios. Aunque en algunos casos pudiera tratarse de personas sin hijos, lo más probable es que bajo esa cantidad hubiera una gran mayoría de familias de este tipo. Y es que, ante el aumento de divorcios y separaciones, la posibilidad de poder volver a conformar una familia se ha vuelto una práctica bastante común.

Ahora bien: si en estos tiempos en el que hombres y mujeres se suelen desarrollar profesionalmente a la par toda relación de pareja entraña ciertas dificultades, y más cuando deciden tener hijos, la convivencia de las familias ensambladas presentan algunas complejidades adicionales que muchas veces derivan en verdaderos conflictos. Un ejemplo: ¿cómo se maneja el tema de los límites a un adolescente cuando el padre o la madre de ese chico o chica no está y quien debe ponerlos es el otro integrante de la pareja?

Las situaciones que pueden disparar un conflicto en este tipo de familias son innumerables. Pero para Mariana Kersz, psicóloga especialista en temas de pareja, hay dos grandes cuestiones que se ponen en juego al constituirse una familia ensamblada: la de la familia propiamente dicha y también la de la pareja. “En principio, a la familia ensamblada hay que pensarla como la unión de cada familia de origen más el nuevo vínculo que se está construyendo. Eso de por sí genera mucha conflictividad porque no se trata solo de la familia sino también de la pareja. Y todos los inconvenientes que trae para una pareja pasar a ser una familia nueva con todo lo que viene de la experiencia anterior”, dice Kersz. Al conformar una familia, los dos integrantes de la pareja sufren inevitablemente un cambio de roles. Temas como el manejo del dinero, los espacios de cada uno, las obligaciones y los horarios deben ser resueltos en el nuevo orden.

Pero, además, la nueva familia ensamblada se construye sobre un pasado que aún puede tener incidencia. “Si había conflictos con los hijos en las familias anteriores es probable que se sostengan en la nueva familia, aun cuando se arme un sistema diferente de convivencia. Donde hay por ejemplo un adolescente, ese adolescente sigue transitando la adolescencia y por lo tanto esos cambios y esa transición se sigue poniendo de manifiesto. La llegada de nuevos hijos, por caso, también puede generar celos o situaciones de discordia entre los hermanos”, grafica Kersz.

¿Cómo se trabaja desde las terapias familiares con el caso de las familias ensambladas? Para Kersz lo mejor es hacer un trabajo preventivo, de entre tres y seis meses previos al ensamble, aunque reconoce que las consultas por lo general llegan con la unión ya concebida. “Lo que se hace es evaluar los aspectos fuertes que tiene la pareja para saber cuáles van a ser los aspectos fuertes de esa familia que van a construir, y también evaluar cuáles son los puntos que van a tener que seguir trabajando y desarrollando. Y si cada uno tiene historias complejas (exparejas complicadas o violentas, por ejemplo) también hay que hacer un trabajo muy profundo para que esa relación hostil del pasado no se entrometa en la relación actual. Lo mismo si hay cuestiones de tenencia de los hijos, de cuota alimenticia, de dinero o de divorcio. Todo esto hay que resolverlo previo a formar una nueva familia. Y, por otro lado, identificar cuáles son los miembros de esa familia ensamblada que van a ser los positivos, los que ayuden y colaboren con la nueva situación, y cuáles los miembros más conflictivos”, cuenta.

Quienes estén a punto de dar el paso para constituirse en una familia ensamblada seguramente tengan infinidad de dudas y temores sobre qué resultará de ello. Pero la llave siempre la tiene el amor. “Lo que sea necesario debe revisarse antes del ensamble. Y luego hacer que ese ensamble sea una construcción realmente desde el amor y desde el compromiso profundo de que va a funcionar. Lo bueno es que las parejas se animan cada vez más a dar este paso, porque hoy la mirada es otra. Los padres tenemos la libertad de poder elegir a nuestra pareja y si es la pareja para una familia tradicional como la de toda la vida o si es este tipo de nuevos modelos familiares que son muy sanos y permiten una elección verdadera del amor”, concluye la especialista.

Fuente: revista Cabal, Buenos Aires

 

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