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La Iglesia, Bolsonaro y el fascismo

Creer que Bolsonaro va a defender valores cristianos o bíblicos solo por llevar el título de cristiano evangélico o católico romano, es una de las ingenuidades en masa más difícil de digerir de, al menos, los últimos 20 siglos.

Primero, porque se considera defensor de valores bíblicos a alguien que está en contra del aborto, lo que claramente es un valor cristiano que sale favorecido, pero no se considera que este mismo hombre no respeta otros valores bíblicos, como no hacer acepción de personas (su desprecio a la mujer, los negros afrodescendientes, los homosexuales, los aborígenes y hasta los pobres lo hacen más que evidente), no considerarse mejor que el resto, ayudar al pobre, al extranjero y el desposeído, considerar al otro como mayor que uno mismo, el amor al prójimo, el abuso del poder, del mandamiento de no matarás (está a favor de la pena de muerte y de ametrallar de forma indiscriminada los barrios donde viven pobres en donde se oculten delincuentes, además de liberar la tenencia de armas para la población civil). Este hombre se ha manifestado a favor de la tortura ¿Se basará ese valor en la enseñanza de Jesús de poner la otra mejilla? A hecho manifiesto en reiteradas oportunidades su desprecio por las mujeres, a las que considera menos que al hombre ¿se tomará del Génesis 1, o de Juan 4 para hacerlo? ¿La parábola del buen samaritano la usará para apoyar su desprecio a los negros, a los pueblos originarios y a los extranjeros, o usará la carta a Filemón? ¿Usará Mateo 25 para ayudar a quién? ¿Su Biblia tendrá el capítulo 6 de Gálatas?

Segundo, defendían valores cristianos George Bush hijo, el generalísimo Franco, Benito Mussolini y todos y cada uno de los dictadores de facto de Argentina y el continente americano, como Videla, Pinochet, Trujillo, Stoessner, Galtieri y varios etcéteras. O sea que, considerarse a sí mismo cristiano no garantiza gran cosa.

Tercero, Bolsonaro consiguió gran parte de su apoyo en la Iglesia Universal, que muy poco tiene de bíblica (sin pretender con esto ser ofensivo e irrespetuoso con ninguna denominación ni creencia).

Cuarto, el decir que alguien adhiere al fascismo se ha tomado como insulto, pero es, antes que nada, una ideología política. Y Bolsonaro es fascista. Una definición de manual sobre fascismo sería “es una ideología y un movimiento político de carácter totalitario y antidemocrático que surgió en la Europa de entreguerras desde 1918 hasta 1939 creado por Benito Mussolini.” Debido a esto, no uso aquí el apelativo fascista para insultar o agredir al presidente de Brasil, sino que lo uso como adjetivo.

Quinto, Hitler llegó al poder por el voto del pueblo, por lo que queda con esto descartada la defensa de “y si la gente lo votó.” Lamentablemente, las mayorías también se equivocan, como ha sido claro en muchos casos, aunque pocas veces con tanta evidencia como en este. Además, esto demuestra uno de los puntos más debatibles del sistema democrático, que permite el ascenso al poder de alguien abiertamente antidemocrático.

Sexto, ya en gobiernos brasileños anteriores ha habido un fuerte apoyo de la iglesia evangélica, habiendo varios diputados pastores o con fuerte influencia eclesiástica. Algunos de ellos hoy están presos por corrupción. Con esto vemos que los valores bíblicos no les impidieron ser unos delincuentes.

Séptimo, que la Iglesia se asocie tan fuertemente a un gobierno le hace perder su función profética de denuncia, en base a valores bíblicos.

Por último, queda orar y respetar al nuevo presidente del Brasil, ya que la Palabra de Dios nos manda a hacerlo. Pero eso no debe cegar nuestra postura de denuncia ante las iniquidades y no debe tampoco cegarnos ante el advenimiento de lobos vestidos de ovejas. La Iglesia debe estar atenta a lo que ocurre en la sociedad y al devenir político de los tiempos, pero como agente de cambio y transformación en busca de igualdad de oportunidades y una mejor calidad de vida para todos. Sabemos que Dios es quien pone y saca gobernantes, a veces para bendición y permitir tiempos de prosperidad, en otros casos como juicio y castigo.

Sabemos bien que la política y el Evangelio son difíciles de conciliar, porque para llegar a ocupar lugares de poder y de manejo de masas se deben negociar valores y urdir estrategias que nada tienen que ver con los valores bíblicos, y que Jesús nunca hubiera usado para ganar la aceptación de nadie. Y también lamento que el pueblo evangélico sea tan fácil de engañar por lobos vestidos de ovejas, demostrando que las ideologías políticas siguen estando por encima del Evangelio para muchos cristianos, algo que, por supuesto, es un error.

Daniel Castoldi

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