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¿Malogrando confianza y gobernanza?

Luego de un año angustiante y a los comienzos de otro preñado de incertidumbres, cabe para nosotros los argentinos una reflexión que apunta e interpela a cada pasmado ciudadano, el mismo que hoy constata que su pasiva condición no servirá para instrumentar su regreso digno a la “vita activa” sobre lo que escribió Hannah Arendt.

La expresión “vita activa” es el planteamiento general en la obra: “La condición humana” de Hannah Arendt, ¿pero qué es?

¿Qué se puede entender por la expresión “vita activa”. Si nos atenemos a las propias palabras de la autora, una “vita activa” designa e implica tres actividades fundamentales: “Labor, trabajo y acción”, que condicionan hasta determinar la vida del hombre en la Tierra.

Recurrentemente desconcertados, frustrados y perplejos por múltiples y diversas estafas electorales que han jaqueado nuestro propio contrato social, demasiados conciudadanos se ven sumidos en un bajo psiquismo.

Más que frecuentemente, nuestros gobernantes carecen de ideas posibles, de una propuesta concreta, de un aporte. Ello explica y predice tanta gobernanza malograda siempre es a costa del creciente (ya insoportable) esfuerzo ciudadano, de una confianza esmirriada y de una paciencia como si fuera infinita.

Decepcionados, hartos de políticos y gobernantes (se dice: ¡son todos los mismos!), mucho ciudadano argentino, irresponsablemente se autoexcluye argumentando por ejemplo ¡soy antipolítico! Esos ciudadanos solo “cumplen” con votar por las amenazas y sanciones que conlleva el no hacerlo, pero en realidad, su temerario accionar cotidiano refleja claramente que poco, casi nada, les importa el destino de nuestra Nación, de nuestra República, de nuestro bien común.

De tal manera, como sociedad civil no lo estamos haciendo bien. Es hora de reconocerlo y corregirlo. Nos hacemos un muy flaco favor al encarar las cosas pasmadamente allanando el camino de gobernantes, políticos, sindicalistas y empresarios que nos engañan, nos roban, nos envilecen (obligándonos especulativa y mezquinamente a votar como veinte veces durante este año), impunemente.

Tampoco se trata de movernos en el espacio público acríticamente, porque así como el liberalismo “descafeína” la forma republicana de gobierno, la ralentización del bien común desacraliza la Democracia.

Por eso mismo si pensamos que la vía electoral o la democrática no nos condujeron donde aspiramos y adonde nos merecemos, deberíamos señalarlo con total determinación.

Obviamente eso no nos eximiría de aportar “otra vía” con propuestas e ideas posibles, ecuánimes y equitativamente inclusivas, sobre cuál otro sendero o contexto ciudadano sería más conducente actuando en consecuencia, sin menoscabo del respeto irrestricto a otro conciudadano que se manifieste distinto porque ya es hora de despertarnos, de revalorarnos, de reconocernos y reconciliarnos mancomunadamente para recién entonces encarnar una vívida cultura del encuentro.

Los argentinos tenemos altos costos a pagar para obtener lo deseado, sobre todo cuando se trata de restaurar y transformar una Argentina víctima por décadas de cínicos, corruptos e incompetentes; públicos y privados.

Abordar tanta aporía existencial con una atribulada sociedad civil, exige plena consciencia de sus dificultades, cuanto máxima confianza en la resiliencia, inteligencia y reacción proactiva de nuestra comunidad nacional.

El gran pueblo argentino debe desprenderse de todo eufemismo accesorio y complicidad para poder recuperar soberano, su soberanía.

Debe hacerlo sin demora, sin otra ambición que el servicio a sí mismo y al bien común soltando de una buena vez su mochila desbordante en desengaños, aflicciones, resentimientos y “naufragios cívicos”

Consecuentemente, cada ciudadano debe ejercer el poder ampliando y amplificando plenamente el ejercicio de su libertad de opinar como de concurrir mancomunadamente a la fragua de una decisión constructiva y liberadora, la cual no será otra que aquella donde una Constitución Nacional no solo garantiza derechos sino que ¡los expresa!

Por último reivindicando nuestra autonomía, autodeterminación e independencia definitivamente, no se nos escapa que siempre tarda más “nuestro amanecer” cuando estamos tan agobiados con sacrificios permanentes inmediatos (y otros nuevos solapadamente anunciados en diciembre último para regir injusta e irrazonablemente desde el mismo inicio de 2019), pero solo veremos “nuestro sol” si en lugar de mascullar ante tanta oscuridad, todos juntos compatriotamente encendemos una vela.

Roberto Fermín Bertossi – Investigador Cijs / UNC

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