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Matando todos los días un poquito a Santiago Maldonado

Señor director:

El sacerdote Sebastián Luna se refirió recientemente, en una nota que se le hizo en EL DIARIO, a la desaparición forzada (según la carátula del caso) del joven Santiago Maldonado.

Y dijo allí: “El hecho es grave, que desaparezca alguien, que no sepamos dónde está, que no podamos encontrarlo, que casi me animaría a decir que no tengamos un lugar donde ir a llorar, es muy grave. La utilización de eso es más grave todavía”.

O sea, para este cura, es más grave el aprovechamiento político que puedan hacer algunos, que la desaparición de la persona, que la vida misma. Una verdadera locura hasta desde el punto de vista religioso, cuando él debería saber bien que la vida es el bien supremo.

Pero no escribo para referirme a este religioso que acaba de demostrarnos su enciclopédica ignorancia (mal que le pese a sus maestros de tantos años de seminario), sino a una serie de hechos y dichos que se han sucedido a lo largo de estos cuarenta y tantos días para que muchos como él utilicen el aprovechamiento que puedan estar haciendo unos pocos oportunistas, para borrar el sentimiento auténtico de miles y miles de personas que se duelen, que piden por él, se solidarizan con su familia en nuestro país y en muchos otros países que creyeron y acompañaron aquel grito histórico de “Nunca Más” de la Argentina.

Pasó que lo vieron en Entre Ríos y, entonces, cómo este pibe no se comunica con su familia, cómo va a hacer sufrir así a su madre… Mentiras. Pero a la personalidad del artesano ya le pegaron un disparo.

Pasó, asimismo, que el chico estaba junto a terroristas mapuches fuertemente armados vía separatistas kurdos y vascos de ETA. En realidad tenían unos serruchos, martillos, hondas… Mentiras. Pero a la personalidad del artesano ya le dieron otro tiro.

Pasó que se peleó con un puestero que lo acuchilló… Mentiras. Pero a la personalidad del muchacho le asestaron otra puñalada trapera.

Así lo fueron operando y matando día a día desde la propaganda estatal deslizada a través de medios oficialistas al chico desaparecido. Porque también pasó que lo vieron en Chile y… Mentiras…

Y pasó que hay un pueblo en el que todos son iguales al hippie ése. Y tuvo que salir la mitad de los habitantes de esa localidad con una careta de Maldonado para decir, una vez más “mentira”.

No vengo a descubrir que en las redes sociales existe un batallón de obsecuentes pagos llamados trolls (muchísimo más numeroso que el batallón de gendarmes que se lo llevó por orden de la superioridad), sujetos que desde atrás de una computadora alimentan esas hipótesis mientras duran; antes de saltar a la siguiente, para seguir ocultando que al país le falta una persona (le faltan muchas, pero a ésta se la llevó una fuerza estatal).

Por eso pasó también que un matrimonio “apareció” un mes después para decir que lo había llevado en su camioneta y pasó que le atribuyeron conocimientos extraordinarios de artes marciales que empezó a conocer y practicar dos meses antes…

Entonces, mandan a realizar encuestas que les dicen que la personalidad del artesano ya está medio muerta después de semejante fusilamiento cotidiano. Y dale que va, con un par de tiros más volteamos al muñeco y a todos lo que se pusieron detrás suyo… Pasó hoy mismo (por ayer) que la camioneta de Gendarmería lavada y enjuagada no tiene rastros de sangre suya (cuando en verdad usaron 16 camionetas y un unimog).

En fin, munición fina, gruesa, perdigonadas a diario para terminarlo. Y la palabra politización, subrayando, sin caer en la cuenta que usarla es politizar el caso en sentido contrario, el del desprecio a la persona, a la vida.

Hasta aquí mis certezas.

Y aquí mi duda: ¿dónde está Santiago Maldonado?

Alberto Botta Vecino de Villa María

 

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