Los talleres culturales de 1994

Luego de la noche más larga y terrorífica que vivimos en nuestro país, reconquistamos la posibilidad de construir la vida democrática. Había mucho para hacer, los derechos de los ciudadanos habían estado clausurados. Durante la dictadura desaparecedora de personas, se habían enseñoreado todo tipo de prohibiciones a punto tal que las mismas comenzaron a formar parte del sentido común de muchos ciudadanos. Entre tantas cuestiones prohibidas durante aquellos años estaba la participación ciudadana, salvo que fuera en cuestiones apoyadas por la dictadura. Por ello, cuando comenzaron a gobernar aquellos que, en 1983, fueron elegidos por el voto popular se idearon y pusieron en práctica estrategias para reconstruir prácticas que fueron golpeadas por las políticas de la dictadura cívico-militar. Entre lo que había para reconstruir estaba la participación ciudadana en diferentes ámbitos. Para ser justo debemos decir que la participación política explotó durante el proceso de recuperación de la democracia, pero había otras formas de compartir que también habían sido heridas por años de censura. Y esas heridas no habían cerrado. El miedo impuesto por la política del terror tuvieron la necesaria contundencia para dejar importantes huellas en las estrategias de vida que cotidianamente desarrollaban los ciudadanos. De allí que hiciera falta que el Estado pusiera en marcha acciones tendientes a fomentar cuestiones tan simples, pero profundas, como la reunión de vecinos alrededor de actividades de su interés. En este marco, en Villa María, surgieron programas como el popularmente conocido “Talleres Culturales”. Se trataba de espacios de encuentro de vecinos que querían lograr alguna capacitación en diferentes disciplinas pero, principalmente, eran lugares de encuentro con el otro. En esos espacios de formación no se tenía una visión escolarizada del saber ni existía la posibilidad de avanzar pasando de un nivel a otro. Esto era así porque no se pensaba en un egreso del espacio luego de lograr una experticia en la disciplina, lo más importante era la participación y el intercambio. Programas como este se prolongaron en el tiempo, aquí vemos cómo se desarrolló el de referencia a mitad de la década de los años noventa.

 

Planificación

Los “Talleres Culturales” tenían un nombre oficial que era “Programa de talleres libres de participación y producción artístico-cultural”. El desarrollo de esto fue responsabilidad de la Dirección de Cultura del municipio, entonces a cargo de Raúl Oliva. Aquí abordamos el estado del programa durante el año 1994, período en cual se realizaron algunas modificaciones puertas adentro del mismo que entonces coordinaba el profesor Mario Chialvo.

El primer dato que encontramos acerca de los “Talleres Culturales”,durante el período considerado, está incluido en el Plan Municipal de Cultura que la repartición realizó a principios de aquel año. Ese tipo de planificación era una práctica habitual desarrollada por la Dirección de Cultura que de esa manera preveía, de manera detallada, “los programas y actividades” que cada área de Cultura desplegaría durante el año, dejando un margen para lo que surgiera de manera imprevista. El año 1994 fue clave en el accionar cultural desde el municipio, pues se estaba trabajando para la refuncionalización del edificio ubicado en la esquina de San Martín y Sarmiento, que se convertiría en el Centro Cultural y allí se traladaría la Dirección de Cultura que aún funcionaba en Mendoza 852.

 

La participación

En la referida planificación, acerca de los talleres se aclara que “son espacios de participación y producción libres” y que no podrían funcionar “con menos de diez alumnos”. Este objetivo está dentro de lo que se denominó “reestructuración” del programa. En cuanto a la disposición presupuestaria se previó un pago de 100 pesos por taller (algunos talleristas dictaban más de uno) con monto total para el programa de $49.800. En relación a los instructores los documentos oficiales señalan que los mismos debían “enseñar sin retacear”, tratar de “mantener el grupo durante el ciclo lectivo”, “no desarrollar una mentalidad competitiva entre talleres de la misma especialidad (enfrentando profesor versus profesor o alumno versus alumno)”, “no cobrar plus o aranceles extras” ni “entregar productos semiterminados” como tampoco “vender materiales”. Debe aclararse que la participación en estos espacios culturales no tenía costo alguno para los vecinos, eran totalmente gratis.

 

Talleres y talleristas

En referencia a las especialidades debemos señalar que los talleres cubrían un espectro significativo. Es así que encontramos que Claudio Gómez tenía bajo su responsabilidad un taller de “Teatro para niños”, en tanto que el teatro para adultos estaba a cargo de Irene Allende, Alicia Albaro y Carlos Pajón. Los entusiastas de la “Plástica” asistían a espacios coordinados por Raúl Pierotti, Rubén Darío Chiappero, Víctor Hugo Elvira, Stella Viqueira, Graciela Marchini, María Fernanda Barcia y Andrea Renna. Por su parte Alejandro Schmidt dictaba un taller de “Libre expresión literaria”. La “Música” estaba bajo la responsabilidad de María Cecilia Barrios Ruiz.

Las cocineras Elena Monteoliva, Lidia Martín, Mónica Deheza, Nora Pérez, Celsa Cesano y María Julia Méndez coordinaban los talleres de “Cocina y Repostería”. A la hora de pensar en la costura encontramos que Mercedes Alfonso, Ana Fabro, María Teresa Barbieri, Susana Olga Zazzetti y Melisa Navarrete tenían a cargo los talleres de “Corte y Confección”. Por su parte Angela Novaro, Clelia Gindro y Nélida Caraballo eran responsables de los talleres de “Tejido a Mano”. Para trabajar en “Artesanías y Manualidades” se podía asistir a los espacios liderados por Graciela Lares, Norma Gesponer, Elida Cáceres, María Elena Fracaroli, María Esther Rosales y Ana Luisa Muñoz. Pero si era interés del vecino el trabajo en cerámica, estaba Isabel de Romano que dictaba esa especialidad. La pintura sobre tela era cuestión de Mirta Adelia Suárez. Los trabajos de tallado en madera se realizaban en los talleres de Noemí Di Santo, Farina Lucentini y María de Quiroga.    

 

Apertura y cierre

El sábado 9 de abril se realizó el acto de apertura de los talleres en el Salón Comunitario de la Parroquia de Lourdes, en el barrio Florentino Ameghino. Las autoridades municipales anunciaron allí que estos espacios de participación se abrirían en 21 barrios y en la zona rural cercana a Villa María. Nadie en ese momento sabía, pero ese año el programa llegaría a exponer trabajos realizados por los 1.500 participantes con los que logró contar. Esa cifra era similar a la alcanzada el año anterior y bastante superior a la alcanzada durante 1992 cuando participaron 900 alumnos. Esto es importante pues la época también tenía su problema con la participación ciudadana, era plena época del neoliberalismo político y conservadurismo económico. Que el Estado local en un programa de participación hablara de no promover la competencia, por lo menos resulta destacable.

Luego del ciclo anual de trabajo, el viernes 28 de octubre se realizó la muestra de trabajos realizados en los talleres. Fueron 1.500 personas exponiendo sus obras en el Salón Municipal de Deportes. En la oportunidad se sumó la Escuela Especial del Instituto del Rosario. Fue masiva la asistencia de público que asistió a ver las realizaciones de sus vecinos, amigos y parientes. Por la noche en el Teatro Verdi se desarrolló el acto de clausura del programa, que al año siguiente continuó fomentando la participación.

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