El Diario del centro del país

Masculinidades y la historia

Escribe Jesús Chirino
Nota Nº 560

Cuando las historiadoras advierten la necesidad de terminar con la invisibilidad de las mujeres y sus aportes en la historia, se abre una compuerta que trae a debate un sinnúmero de cuestiones que atraviesan el estudio del pasado.

Planteos que también deben ser analizados a la hora de escribir acerca de la historia de nuestra ciudad y región, por lo cual debemos estar advertidos de los mismos para incorporarlos a cada estudio que se realice con el fin de lograr mejor comprensión de los procesos desarrollados en estas tierras.

Insistimos que existen escasos trabajos, acerca de la historia local, que se adentren en los mecanismo de dominación y subordinación de la mujer, como tampoco abundan aquellos que, desde una historia cultural interpreten las diferentes masculinidades que surgen en los discursos producidos a lo largo de la vida de la ciudad.

 

Los géneros

Hace días escribimos acerca de la importancia que la escritura de la historia local y regional  incluyera el aporte de la mujer al proceso histórico, sin quedarse en la narrativa de la vida de las mujeres destacadas o solo marcando pequeños aportes de este grupo social diferenciado del integrado por los hombres. Llevar esto adelante abandonando la visión androcéntrica que ha primado en la mayoría de las publicaciones acerca de la historia de nuestra ciudad.

También señalamos algunos antecedentes de la evolución de esta mirada en la historiografía desde la cual se cuestiona la visión tradicional de las mujeres en la sociedad y abre el panorama a nuevas fuentes, categorías y lleva  a repensar tesis explicativas de diferentes problemáticas.

En un momento del desarrollo de estas posiciones fue incorporada la teoría de género empujando a un cambio fundamental en los patrones tradicionales del conocimiento histórico. Pues así como sirve para entender que se debe hablar de historia de las mujeres, en plural, pues no existe una sola manera de vivir como tal.

También se comprende que más allá que el hombre está presente en todo lo escrito desde la historia, existe una déficit en cuanto de que la universalización de la categoría no se corresponde con la realidad. Es así que surge la historia de las masculinidades y de la diversidad de géneros. Hablar de las diversas masculinidades permite incluir una perspectiva histórica que ponga tensión en las instituciones de poder y dominación.

 

Diferentes masculinidades

Durante los años ochenta del siglo próximo pasado, la historia de las mujeres se insertó en la historia social y se diversificó hasta los noventa. Se evolucionó desde una historia del cuerpo femenino y sus funciones naturales y sociales (maternidad, alumbramiento), pasando por las complejas construcciones de las múltiples masculinidades hasta llevar al estudio de la diversidad genérica.

Desde entonces, el género se convirtió en un proyecto tácito para renovar la historia cultural. El estudio de las masculinidades y de las homoxualidades ayudó a cuestionar la heterosexualidad como naturalidad. Las identidades de género son productos culturales útiles para la construcción de sentimientos compartidos de pertenencia e identificaciones

El género convertido en un campo especializado que primero permanece restringido al estudio de las mujeres, a partir de los años 80 del siglo XX, abordó la problemática de la masculinidad. Eso primero se produjo en los países anglosajones (EE.UU., Australia, Canadá y Reino Unido) bajo el nombre de Men’s studies.

Es decir que, luego de considerar que la mujer era la gran desconocida en la historia de la humanidad y se decidió hacer frente a eso investigando sobre ella (sobre su papel en economía, política, en las relaciones domésticas.., su invisibilidad en la literatura de las ciencias sociales, la desigualdad y las relaciones de dominación, sobre las concepciones de la feminidad, sobre la compatibilización del rol doméstico y el rol laboral, etcétera), se pasó a considerar que el hombre, en contra de lo que se creía, también era otro desconocido. Y esto era así principalmente porque cuando se hablaba sobre él se le estaba sobre-identificando a partir de un único modelo de hombre.

De manera explícita o implícita se recurría  a una sola concepción del mismo (la del hombre patriarcal). Los Men’s studies, sin embargo, plantearon que no existe la masculinidad en singular, sino múltiples masculinidades, que las concepciones y las prácticas sociales en torno a la masculinidad varían según los tiempos y lugares: no existe un modelo universal, permanente y natural de la masculinidad válido para cualquier espacio o para cualquier momento.

A modo de ejemplo, pueden citarse los trabajos que a partir de los 80 realiza David Gilmore, comparando las maneras de “hacerse hombre” dentro de una amplia muestra intercultural de sociedades.

También el trabajo del sociólogo Michael Kimmel sobre la historia de la masculinidad en Gran Bretaña. Se puede agregar las investigaciones de Thomas Laqueur sobre las concepciones del cuerpo y de la diferencia sexual en la historia europea. Michael Kimmel señaló que “la virilidad no es estática ni atemporal, es histórica; no es la manifestación de una esencia interior, es construida socialmente; no sube a la conciencia desde nuestros componentes biológicos; es creada en la cultura. La virilidad significa cosas diferentes en diferentes épocas para diferentes personas”.

Entonces podemos preguntarnos qué significaba ser hombre para la sociedad villamariense a finales del siglo XIX.

Como también podríamos estudiar las diferentes formas de ejercer la masculinidad a lo largo de la historia local. Y así infinitas cuestiones  que aún no han sido abordadas.

El desafío que se plantea en estudios históricos de la ciudad, hasta dónde estos posicionamiento serán tomados para realizar estudios de la historia local y regional.

 

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