El Diario del centro del país

Mucha agua, mucho verde, mucho embrujo

DESTINOS/Chile/Valdivia

Escribe: Pepo Garay
Especial para El Diario

MINIGUIA

Ubicación: suroeste de Chile (a la altura de Junín de los Andes)

Distancias: 1.700 kilómetros al suroeste de Villa María.

Población: 160.000 habitantes (ciudad y pueblos de la comuna incluidos)

1) Belleza de costanera: buena parte de los intensos encantos de Valdivia (entendiendo a ésta como un área geográfica y no solamente como ciudad) radica en el agua. Sustancia que en la pequeña urbe se aprecia plenamente en su costanera. Un paseo doble estelarizado por los ríos Valdivia y Calle-Calle.

El primero, se besa con el sector más céntrico, específicamente en torno a íconos como el Mercado Fluvial (con variedad de puestos callejeros), el Mercado Municipal (bajo techo), el elegante edificio del Centro de Estudios Científicos, el Péndulo de Focault, el Submarino-Museo O’Brien y el Parque Prochelle, el Centro Cultural homónimo, el Museo de la Exploración, el Museo Histórico y Antropológico y el Museo de Arte Contemporáneo (todos ellos al otro lado del torrente).

En tanto, la costanera del río Calle-Calle (que se une luego con el Cau Cau dándole vida al Valdivia) presenta un rostro todavía más ameno, con paz y suaves montañas en los fondos haciendo juego. En ambos afluentes se ven pasar todo el tiempo los barquitos que llevan a conocer Isla del Rey, Isla Teja, los esteros de Punucapa e incluso las fantásticas virtudes del muy cercano océano Pacífico.

2) Playas y montañas del Pacífico: es en el océano, justamente, donde Valdivia luce su traje mejor. Apenas 15 kilómetros al oeste de la plaza central, Niebla se presenta como el principal exponente, con su famoso fuerte (reminiscencia de las guerras entre chilenos y españoles durante las épocas de independencia) y playas extensas y puras.

En ese sentido, también destacan los balnearios henchidos de preciosas postales de mar, roca y montaña de pueblos vecinos como San Ignacio, Loncoyen, Calfuco, Curiñanco y Los Molinos. Este último, en particular, enamora con las imágenes que arrojan los barquitos de pescadores, simpáticos y sencillos paisanos, y unos atardeceres de lujo.

3) La magia de la Selva Valdiviana: vergel entrañable, la Selva Valdiviana se despliega en distintos sectores cercanos a la ciudad, hechizando al viajero. Al respecto, vale la pena sumergirse en algunos de los espacios protegidos de la zona para conocer de cerca esos maravillosos bosques, donde descansan decenas de miles de árboles centenarios, bellísimos y colosales (alerces, coihues y arrayanes, por ejemplo).

Entre los sitios subrayables, ideales para realizar caminatas de corta y media distancia, hay que nombrar al Parque Oncol (de tres mil hectáreas) y la Reserva Punta Curiñanco (que regala unas panorámicas de mar, bosque y montaña sencillamente espectaculares).

4) Corral y sus aires marinos y rurales: párrafo aparte merece Corral. Comuna que se hecha la siesta justo en frente de Niebla, y que tiene alma de isla (de hecho, el acceso más sencillo es barco mediante). Allí, entre gentes de marcado carácter rural e idiosincrasia mapuche, el andariego la pasará “chancho” o “bacán” (al decir de los locales), recorriendo las playas y dunas de Chaihuín y los senderos de la Reserva Costera Valdiviana con su Parque Nacional Alerce Costero; contemplando los lobos marinos en la aldea de Huiro, y buceando en la historia de la independencia chilena en el fuerte de Corral (que ofrece recreaciones históricas con aproximadamente 30 actores) y los castillos de San Luis de Alba, de San Carlos y de San Pedro Alcántara (éste último ubicado en la Isla Mancera).

5) Entre cervezas y pescados: quien visite Valdivia, no puede dejar de degustar las realmente deliciosas cervezas locales (por ejemplo, en los barcitos de calle Esmeralda), herencia de los pioneros alemanes que llegaron a la zona apenas pasado el meridiano del siglo XIX. En esa línea, conviene visitar las diversas fábricas vernáculas (tanto artesanales como “industriales”) y, a través de tours guiados, descubrir los secretos de la famosa bebida.

Tampoco se puede abandonar esta preciosa zona del suroeste chileno sin antes deleitarse con los pescados autóctonos, que los humildes pescadores sacan del mar a manos llenas. Ya sea en restaurantes, las populares “cocinerías” o en plena calle y de parado, nada como saborear ceviches y mariscales (hechos con variedad de mariscos), y platos protagonizados por salmones, merluzas, reinetas y jaivas (gigantescos cangrejos), por caso.

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