“No se puede restituir a personas destruidas si no les das un sentido”

“Tengo una mirada antropológica donde lo trascendente es parte de la persona, no solo somos materia ni neuronas, somos un misterio donde hay una dimensión espiritual”, expresó Gatto

El obispo Jofré Giraudo le propuso al querido pastor estudiar en Roma, por lo que tras 10 años de ejercicio sacerdotal en la zona deja el país. Habló con EL DIARIO sobre las cuestiones que lo afligen y sus vivencias

“Tengo una mirada antropológica donde lo trascendente es parte de la persona, no solo somos materia ni neuronas, somos un misterio donde hay una dimensión espiritual”, expresó Gatto

“No se puede restituir a personas destruidas si no les das un sentido”, remarcó el sacerdote Gustavo Gatto al dialogar con EL DIARIO sobre diversos temas a poco de dejar la Diócesis de Villa María.

Pastor inmiscuido en la comunidad desde que salió del seminario, el párroco dejó James Craik luego de casi un lustro, tras recibir la propuesta del obispo Samuel Jofré Giraudo de estudiar en Italia.

“Acepté la invitación a estudiar Teología Patrística, una rama que se centra en el estudio del pensamiento teológico de los primeros teólogos de la Iglesia. Es fuente de la Teología”, explicó. Señaló que con esto, una vez que retorne al país no solo cumplirá su función de párroco, sino que además podrá dar clases o generar espacios formativos para otros sacerdotes “o para el pueblo de Dios”.

Hoy hay sentimientos encontrados en este hombre que desde siempre abrió el corazón a los demás, aceptando que lo de él es un servicio. Precisamente bajo esa convicción es que tras recibir la propuesta de Jofré aceptó irse, porque el servicio “implica dejar lo que uno viene haciendo”. Lo vive “con cierto dolor, pero así es la vida y así es la vida nuestra también”.

Y “más allá de que uno sabe que ser sacerdote es estar disponible a lo que la Iglesia nos pide, uno no deja de sentir tristeza por los afectos, por el proceso pastoral en la Parroquia San Roque y también por lo que se viene haciendo en el campo de las adicciones”.

Instalado por estos días en su pueblo Monte Buey, confesó que “ya pasó lo más doloroso, que es dejar James Craik”, al tiempo que señaló también que hay alegría en su corazón, “porque cuando uno hace un cierre permite cosechar frutos, que uno pudo sembrar y que la gente sembró en mí”. Señaló que puede sentirse “gozoso de tantos regalos que Dios” le permite vivir, “como amigos, experiencias, luchas” y aprendizaje, porque, advirtió, “uno no se hace cura solamente en el seminario, sino que se hace cura por el pueblo de Dios”.

Durante la década que lleva en el ejercicio pastoral conoció de cerca los problemas y situaciones que cruzan a la sociedad, tanto en una ciudad como Villa María como en localidades más pequeñas. Y, si bien observó que en la actualidad las problemáticas ya están emplazadas en todos los lugares, recalcó que el rol del cura en el pueblo es muy distinto.

“El cura en el pueblo tiene un lugar que es bastante clave. En la ciudad somos muchos curas, mientras que en un pueblo sos el único y eso sin dudas te da un ámbito de poder muy grande, que uno puede usarlo bien o mal. La gente permanentemente está viendo qué decís, cómo te involucras y uno también va marcando un camino”, graficó.

“Los problemas de las ciudades ya están en los pueblos. Esa es la gran diferencia respecto a 20 años atrás”, subrayó.

Gatto deja la Argentina en un momento agitado, con la mentada grieta quebrando vínculos humanos. “Sí, no terminamos de despegar, de repuntar”, opinó ante el planteo de este diario. Siempre ocupado y preocupado por lo que generan las adicciones, sostuvo que “se ven algunas acciones políticas de apoyo a las ONG que venían trabajando hace tiempo, pero no deja de preocuparme lo que tiene que ver con el futuro de los jóvenes y los proyectos de vida”. “Es difícil pensar un proyecto con tanta inestabilidad social, política y económica, que conlleva muchas veces enfrentamientos. Es lo que más me duele, los enfrentamientos entre nosotros, la inestabilidad”, manifestó.

Está convencido de que para trabajar en la recuperación de personas con adicciones se tiene que mirar la dimensión espiritual. En realidad, “a lo espiritual lo considero clave en la persona, no solo en esta cuestión”.

“Tengo una mirada antropológica donde lo trascendente es parte de la persona, no solo somos materia ni neuronas, somos un misterio donde hay una dimensión espiritual profunda que no terminamos de ver, que se manifiesta y se expresa y que para que una persona sea verdaderamente humana es necesario trabajar eso”, declaró. “No específicamente tiene que ver con una cuestión de convicción religiosa explícita, pero sí de descubrir que en el ser humano hay algo trascendente a él mismo”, apuntó.

Y esto vale “para todo proyecto educativo”. “Me parece fundamental en un proyecto de recuperación de adictos, que tiene que ver con restituir a personas destruidas. Lo espiritual es lo que otorga sentido. No se puede restituir a personas destruidas si no les das un sentido”, advirtió.

Ante preguntas, contestó que “muchas veces” conoce “planes del Estado en donde lo espiritual no tiene lugar”.

Luego evaluó que en estos tiempos “hay una vuelta a lo espiritual, fijate que cada vez más pululan todas las propuestas de meditación, autoayuda… eso tiene que ver con una vuelta a lo espiritual. Nos estamos dando cuenta de que no nos basta con comprar y tener, hay algo más”.

“Muchas veces planteamos proyectos educativos, formales y no formales, sacando lo espiritual”, indicó.

  1. B.
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