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“El barrio, territorio de infancia, cielos de barriletes, la bomba zapo transpirada en las tardecitas de verano, el pozo de la casa de ‘El Profesor’ en la calle Mendoza, cerca de don Arévalo que montado en su bicicleta nos vendía pescados. El Cordobés Dante López, la música y, su familia, y su hijo Luis sacando los bafles a la vereda. Hortensia preparando comidas y el pingüino rescatado en San Clemente del Tuyú vacilante sobre el polvo de la calle 17 de Agosto, la que va a la plaza. La carnicería de Scarponi, las casas de Fernández, Chialvo y Jara. En esa calle también “La Pirucha” y “El Perro” Suárez, dos almas generosas, cada una en lo suyo. Una dignificando el ejercicio de la enfermería en cada práctica, venciendo los fríos de las madrugadas para poner una inyección antes de entrar a trabajar en el Hospital Pasteur. El otro rescató a un San Martín tirado en el Corralón Municipal para ponerlo en la plaza central de barrio, cerca de las casas de los Delgado, Molina, Bazán y enfrente de la carnicería de Abaca. Recuerdo que al fondo de esa plaza solía haber un caminito que llevaba a la humilde casita del “Chango” Ontivero y su madre. El, entusiasta cantor de tangos que no rehusaba invitación alguna para calentar la garganta. Más allá, por la Tucumán, el taller y también el almacén de los Oviedo. Poco después de la casa de la familia de Marcelo Caro y al frente de un gran algarrobo donde hoy está la capilla, pegado a una de las casas más antigua del barrio que todavía está en pie...”
Por Jesús Chirino, ex vecino
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