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17 de Noviembre de 2013
NOVELISTA “made in” Pampa Gringa
El policial como un modo de escribir libros y leer el mundo
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Nacido en Etruria, doctorado en Letras en Córdoba y 
convertido en escritor en Buenos Aires, Carlos Dámaso Martínez acaba de publicar “El descubrimiento”, una novela ambientada en las sierras que combina el thriller con las ominosas desapariciones de cuerpos en un lago, marca registrada de la última dictadura militar. El autor habló de la vigencia de un género que se 
reinventa todo el tiempo y describe como ningún otro la corrupción de una sociedad
 
 
"Un lector de novelas policiales no es sólo un lector de novelas policiales”, dice el hombre que está sentado frente a mí. Y si en el interior de los bares se pudiera fumar, estoy seguro de que el hombre daría una calada a su cigarrillo y largaría una voluta de humo como August Dupin, el primer detective de la literatura. “Como te digo, un lector de novelas policiales es alguien que ha cambiado para siempre su modo de leer no solamente los libros, sino también la realidad. Si agarra el Quijote y lee En algún lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, automáticamente le va a preguntar al autor: ¿y por qué no te querés acordar?”. Luego, tras una pausa tan necesaria como una hoja en blanco antes del capítulo siguiente, prosigue: “En cuanto a la realidad que nos circunda, sabemos muy bien que está plagada de enigmas y misterios como en la novela inglesa del Siglo XIX; pero también de corrupción y delito como la novela norteamericana del Siglo XX. Y un lector o escritor de novelas policiales no puede resignarse a que un misterio se quede sin resolver. Siempre va a intentar averiguar por qué causas las cosas son como son, cuál es la realidad primera y última tras la apariencia”.
Y en el preciso momento en que el hombre dice esto, debería entrar por la puerta del bar una mujer bella y fatal acompañada de un marido millonario y dos gangsters, mientras en otra mesa el amante de la mujer planea el asesinato que parezca accidente para cobrar la póliza y escaparse con la femme fatale a un perdido país de Sudamérica. Pero, estimado lector, esta nota no se desarrolla ni en la California de Chandler ni en la Bruselas de Simenon, sino precisamente en esa lejana Sudamérica, en un bar céntrico de una ciudad de la Pampa Gringa cuyo nombre todos sabemos. Y en vez de una rubia y tres gangsters, entra al bar una pareja y pide dos cafés con leche completos. Los dos parecen tan ajenos al mundo de Chandler, que uno se ve tentado a creer que nunca pensaron que la mecánica de los policiales es la misma que la de la vida. Y ésta es la certeza existencial y literaria de Carlos Dámaso Martínez, su mayor revelación ontológica.
 
El descubrimiento
La historia de la última novela de Carlos Dámaso Martínez comienza en un hotel de las sierras de Córdoba a metros del Lago San Roque. Allí vacacionan el periodista Miguel Ribba (otrora conductor de un programa televisivo de investigaciones, al estilo Lanata) y su esposa Marina. Todo se desarrolla en paz hasta que escuchan una terrible explosión tan inexplicable como preocupante. Ribba, que se había encontrado en el hotel con un excompañero del secundario, lo invita para investigar de manera privada aquella casa que voló por los aires. Así, entre los dos temerarios amigos, desenredarán algún ovillo de una historia macabra que involucra a un asesino a sueldo, un piloto de guerra nazi, una organización de trata de personas y la fabulosa anticipación de los últimos incendios en las sierras de Córdoba. Al final aparecerá el inspector Lencinas (el detective “fetiche” de Dámaso Martínez) acaso para formular más preguntas que las que está preparado para responder. Todos esos personajes, toda esa “trama terrestre” y su brillante factura final salieron de la cabeza de ese hombre que está sentado al frente mío y que hace años trabó indisoluble amistad (o celebró sus bodas de sangre) con el género de la criminalidad por excelencia, ese que describe como ningún otro la corrupción social y la tremenda desolación del animal humano.
-¿Cómo nace la trama de “El descubrimiento”?
-Nació de un hecho de la vida real. Resulta que hace unos años, un hombre de origen alemán había muerto cerca de la casa de mi hermano en las sierras al maniobrar una garrafa. Luego se dijo que el tipo había sido piloto en la Segunda Guerra Mundial e incluso que había trabajado en la fábrica militar de aviones de Córdoba. Pero no se supo más nada. Así que empecé a imaginarme posibles soluciones para explicarme esa muerte y esa explosión. Ese fue el disparador.
-En tu libro se unen con mucha naturalidad dos hechos estremecedores de la provincia, los nazis refugiados en las sierras y los cuerpos desaparecidos en el Lago San Roque…
-Sí, y no es casualidad que haya ambientado el libro en la geografía del Valle de Punilla y más aún alrededor de ese lago. En la novela también está esa cosa ominosa de querer saber qué pasó en las profundidades, no sólo con mi historia, sino también con los cuerpos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Por eso el lago está tratado como un símbolo de lo terrible. 
-Sin proponerte escribir sobre los desaparecidos, tocaste el tema de manera tangencial…
-Y quizás de manera no tan tangencial también. Te digo esto porque siempre se están revelando cosas que no se sabían, tanto en la novela como en la vida. Y eso tiene que ver con lo que estuvo tapado durante años, que es al fin y al cabo la recuperación de la memoria. A eso lo estamos viendo muy bien ahora, con los nuevos juicios a militares indultados. Me parece que los nuevos descubrimientos de cosas que se creían archivadas han sido muy saludables para cerrar cicatrices. 
-Te escapaste de la alta criminalidad bonaerense para contar una historia acaso más tremenda en tu tranquila provincia …
-Puede que esto parezca raro, pero no lo es en el género policial. Si vos te fijás, muchas novelas de Chandler transcurren en su California natal, en pueblos cercanos al mar donde nunca pasa nada. Y eso es porque allí estaba su lugar en el mundo. También yo me propuse escribir desde mi lugar en el mundo, que es Córdoba, por más que estoy radicado en Buenos Aires hace mucho. En la novela hay una especie de road-movie que transcurre en paisajes desolados, como los caminos de ripio de Cosquín o el Camino del Cuadrado. 
-La aparición de tu novela coincidió con los últimos incendios de las sierras. ¿Fue una premonición?
-¡No, fue pura casualidad! Pero cuando escribí la novela me acordé de otros incendios anteriores y de otras sequías. Al final, el pasado siempre vuelve…
-¿Qué me podés decir del plano formal de tu novela?
-Que tiene una estructura muy simple de capítulos alternados. Por un lado se cuenta lo que pasa en el mundo del delito y por el otro lo que pasa con la investigación. Y si bien el mundo del delito es mucho más atractivo, en la novela ambos mundos no se tocan. Al final, el lector termina sabiendo mucho más que los personajes. Pero yo quería que fuera así porque suele ser la mecánica de la realidad, con cosas que salen a la luz varios años después explicando hechos que los mismos protagonistas ignoraban en su momento.
 
Crímenes perfectos 
-¿Siempre fuiste un ávido lector de novelas policiales?
-Desde muy chico, pero sobre todo de la novela negra norteamericana. Yo creo que el policial está traspasando en la actualidad a toda la literatura. Y hasta los escritores formales como Paul Auster o Ricardo Piglia tienen un montón de elementos del policial en sus obras. Hay novela negra no sólo en Estados Unidos, sino en Suecia, en Japón o en Grecia. Es un género que está más vigente que otros.
-¿Y en Argentina?
-También acá hay un auge tremendo y en los últimos años se está escribiendo mucho. Eso se ve en los premios importantes que hay, como el que otorga el Festival Azabache que el año pasado ganó Horacio Convertini. A este autor lo publicó Eduvim, así que los villamarienses ya lo pueden leer.
-Desde Sherlock Holmes hasta nuestros días pasó mucha agua bajo el puente. Sin embargo, parece que preferís el Mississipi al Támesis…
-¡Sí! (risas). En Inglaterra se inaugura en el Siglo XIX la novela de enigma al estilo Sherlock Holmes, muy racional e influenciada por el positivismo. Pero yo prefiero la llamada “novela criminal”, que es la forma norteamericana del Siglo XX. En realidad, este tipo de novela es un nuevo realismo, pero con una mirada mucho más crítica sobre ciertas tramas ocultas de la vida cotidiana. Y de esa variante de la novela se va a desarrollar el policial latinoamericano, con temas candentes como el narcotráfico en Colombia o la trata de personas en Argentina.
-Las novelas negras y su modo de entender la sociedad, ¿terminan siendo de anticipación?
-El policial es una novela que puede anticipar muchas cosas, pero hay tramas de la realidad tremendamente más ricas y complejas que las que inventa la ficción. Sin embargo, la ficción permite un disfrute estético que no produce la realidad, ya que la realidad nos indigna o nos asquea. Pero si tenés una ficción bien escrita, aunque sea la más negra de todas, no podés dejar de leerla por el deseo de desenredar la intriga. 
-De todos modos y aunque no sean de anticipación, muchos policiales son “de revelación”…
-Totalmente. En la novela sueca, por ejemplo, aparece una realidad del país que nunca nos hubiéramos imaginado que existía; como ciertos problemas del delito y la corrupción de la clase política. Desde Argentina siempre hemos pensado que Suecia era una especie de paraíso social. Pero al leer cualquier novela de Mankell nos damos cuenta  de que el país sufre los coletazos del capitalismo salvaje, muchas veces incluso con la complicidad del Estado. 
-¿El lector del policial lee por disfrute o para entender mejor lo que ocultan los medios?
-Para las dos cosas. Pero no hay que olvidar que la novela no narra “la realidad”, sino acontecimientos ficcionales que se le parecen. Sin embargo, los libros tiene el plus de revelar algo que no se muestra en los medios. Ahí radican esas revelaciones que vos decís. Cuando en el Siglo XIX nace el policial con Poe, no se inventó sólo una forma de relatar, sino también una forma de leer. Y no sólo los libros, sino también el mundo. Quienes se forman en el policial se vuelven lectores, pero también personas muy perspicaces. 
-¿Pensás que la novela negra aumenta sus ventas cuando hay crímenes sin resolver, como pasa en Argentina con el caso de Angeles Rawson o de Araceli Ramos?
-Seguro. En cuanto a esos casos que vos mencionás, te digo que la novela trata de desenredar las tramas. Los medios y la televisión, por el contrario, lo que hacen es exaltar o explotar el dramatismo de un crimen. Ahora hay un montón de tipos que hablan por televisión y son expertos en psicología o ADN y esos programas parecen un reality. Los medios están convirtiendo al crimen en un espectáculo.
 
 
Iván Wielikosielek
 

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