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Una nueva carta a Eduardo Requena

jueves, 2 de octubre de 2025 · 08:32

Escribe: Javier Morello
Director, guionista, productor cinematográfico 

Te quería contar, Eduardo Requena, que estaba pensando en la historia de Villa María. Pensaba en buscar historias raras en esos lugares que por laburo suelo frecuentar: archive.org, hemerotecadigital.bne.es, que sé yo. Tengo la anécdota del sueco que en 1790 cruzo el río a la altura del Paso de Ferreira, Ferreyra, o como lo quiera llamar. Y que vio “muchas luciérnagas y gusanos fosforescentes”. No creo mucho en eso (¿gusanos fluo?); después, el “sirviente” del sueco (así lo define él) cazó unos patos y se los comieron. Y encontré un montón de historias más. Y bastante interesantes. ¿Y por qué hice eso? Lo hice porque tengo un vicio, una adicción a buscar historias, una adicción a la historia, Eduardo (¿te acordás que te dije que no te escribía más?), y si tengo que buscar el origen de ese amor por conocer el pasado, te lo debo a vos. Vos me hablaste de historia, me regalaste mi primer Asterix (capaz que estaba la Sole ese día, seguro que estaban Julia y el Gordo, aunque no importa quién estuviera, porque la conexión es indestructible). Y de ahí hay saltos (que abarcan décadas)  a Graves, a Mary Beard, es obvio que a Coleen Mcculough, pero también a Mommsen, pero también a Tonybee, pero también a Heródoto (no me dediqué mucho, preferí a Jenofonte, qué sé yo, soy así).

Pero  te quería contar eso, que me puse las pilas con ese regalo que me diste. No pude dejar de leer historia, buena, mala, seria, novelada. De ahí pasé a los historiadores de nuestra Patria, la de cerquita y la grande, pero no estamos hablando de eso. De las pilas que vos me diste.

Y creo que se lo transmití a mis hijos, Santi y Vera. Y Santi, a Félix (por lo menos le compramos un Asterix en España cuando viajamos juntos, mis hijos y yo; en ese viaje que quedamos medio locos mirando el Mediterráneo y todo lo que significa, fenicios, romanos, vikingos, América, y además había amigos, nuevamente, hablar de historia es hablar de afectos, ¿no?).

Pero bueno, Eduardo, no te iba a escribir más, pero te estoy escribiendo de nuevo. En vez de escribir algo sobre la historia de Villa María, escribo… sobre la historia de Villa María, que es la tuya, porque sos de los que tanto dieron para que seamos como somos. Que tengamos las cosas buenas que tenemos. Hay tanta piba y tanto pibe acá que te hubiera gustado conocer... De ellos hablo cuando hablo de las cosas buenas. 

Y la semana pasada, Eduardo, me doy cuenta de que es por eso que estoy pensando en vos... La semana pasada, en lo que hoy es un espacio de Memoria y antes un centro clandestino de detención y tortura, en La Perla, Eduardo, en La Perla, tras muchos años de lucha, se encontraron restos humanos. Gracias a la lucha de tantos militantes, de familiares, de querellantes.

Más historia que eso, compañero, no se encuentra. Acá, hoy, en estos días, está trabajando el Cuerpo de Antropología Forense. Como arqueólogos que buscan rescatar, dignificar el pasado, usan herramientas que tienen que ver con la medicina, con la genética y con otros saberes científicos que a mí me suenan arcanos. Y ahora, Eduardo, te cuento: esa gente identifica cuerpos, señala culpables, da descanso, da memoria, da verdad a muchos pueblos del mundo. Comenzó en esta querida y trágica tierra de Argentina. Pero viajan por América, y África, y Europa  y Asia, dándole nombre a los huesos que los poderosos querían olvidados.

Te cuento esto, Eduardo, para que sepas (como si no lo hubieras sabido cuando estabas acá, presente, como si no hubieras visto lo que vendría) que sigue habiendo más gente que pelea por la Justicia, por la Verdad, que de las otras. A veces parecen más los otros, a veces, capaz que sean más. Pero siempre la historia, la Historia, vuelve a compensar los números.

Y si resulta, Eduardo, que tus huesos, esos huesos tuyos y de tantas y tantos que son historia, Historia, van a ser recibidos y estudiados por alguien, esos huesos tuyos, maltratados, doloridos, extrañados y deseados, luchados, ahora van a estar en manos de gente que te respete, de gente que te va a cuidar, Eduardo, de gente que tiene el mismo amor que vos por la historia y por la Historia.

Pienso que, si ocurre todo eso, van a pasar cosas importantes. Para quienes te recordamos y queremos. Y para muchos que no te conocieron, pero saben de vos como ejemplo de lucha. Y para los que no saben, pero, aun así, vivir en un país con más Verdad y más Justicia los va a ayudar a creer que se puede hacer un mundo más coherente, más racional, a contramano de lo que parecen anunciar los tiempos. Para quienes sostuvieron su fe en la Justicia, querellantes, familiares. Y termino de escribir. Y me doy cuenta de que siempre estuve hablando de Villa María, porque hablaba de vos y de mis afectos, de Sole, de Silvina, y los hermanos de Eduardo, de Carlos, de sus hijos. De tantas familias y querellantes que en Villa María, y en Córdoba, y en toda la Argentina quieren completar su Historia, que es lo que me enseñaste.

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