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El racismo como núcleo de la idea de Occidente

viernes, 3 de octubre de 2025 · 08:30

Vivimos un momento histórico. La vieja Europa, que durante más de medio milenio se irguió como un centro de poder expansivo, dominante en los cinco continentes, que articuló un discurso civilizatorio de supuesta validez universal, se hunde en el basurero de la historia, humillada por quien creía su “aliado” protector, Estados Unidos, e impotente ante el empuje de las naciones emergentes. En particular, Rusia y China, pero también otras, como India, Irán o Brasil.

En abril de 2022, Flores Goub, directora del Instituto de Seguridad de la Unión Europea, afirmó: “Los rusos parecen europeos, pero no lo son, porque no poseen un concepto liberal y posmoderno de la vida”. Parece que los europeos occidentales no hubieran aprendido nada de sus desvaríos del pasado. Recordemos solo algunos hechos históricos, ya que se acerca el 12 de octubre, cuando, según la conocida versión, “descubrieron” América.

En el célebre debate sobre la condición humana de los aborígenes americanos en Valladolid (1550) entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda ya están los argumentos del metarrelato civilizatorio, luego repetido hasta el cansancio por los filósofos, políticos e incluso científicos europeos.

En síntesis, es una racionalidad que busca justificar, invisibilizar la injusticia, la violencia y crueldad que se está cometiendo, negando la condición de víctimas a quienes son sometidos a un sistema de dominación, calificándolos de “inferiores”, incluso “subhumanos”.

Ginés dice que los aborígenes no conocen el concepto de “propiedad privada” y por eso niega su condición de “gente”, su humanidad. En esa primera “modernidad mercantilista” se toma la valoración de la clase burguesa de la propiedad privada como un atributo esencial del “individuo” y se lo universaliza (John Locke, Adam Smith).

A partir de esto, la guerra de conquista va a calificarse como “justa”: “Con perfecto derecho, los españoles ejercen su dominio sobre estos bárbaros del nuevo mundo” (argumento jurídico).

El derecho moderno nace como negación del derecho del otro. El indio no es sujeto de derechos, sino, más bien, “objeto” sometido a la acción de un superior. A todos/as se nos ha enseñado la Historia Moderna como un proceso de creciente emancipación y progreso de la humanidad (“Sapere aude!”, Kant, Immanuel. Qué es la ilustración), pero visto desde el sur global y del lado de las víctimas, esta historiografía es un relato ideológico, encubridor de un proyecto de dominación que tiene como núcleo la descalificación del otro como otro.

También hay que desmitificar la idea de “democracia” moderna, que es, en su origen, elitista, que solo considera a las clases propietarias y aborrecía la participación política de los sectores populares, del “bárbaro interior”, el proletariado naciente.

Concluyendo, la lógica de dominación es una lógica de inversión, donde se debe invisibilizar a las víctimas del sistema y disfrazar la injusticia de otra cosa. Este racismo deshumanizante es el núcleo inconfesado de la racionalidad europeo occidental, reencarnado en el “excepcionalismo” yanqui, “la única Nación imprescindible”, dijo Bill Clinton, evidente en la demonización del “migrante” por el Trumpismo, o en la doble victimización de los palestinos en Gaza, cuando al genocidio que se está cometiendo se le agrega el calificativo de “terroristas”. Solo falta que algún alto cargo de la Unión Europea diga que los palestinos no son “liberales” y, por lo tanto, no son “gente”, por lo cual se puede hacer una guerra “justa” de exterminio, mujeres y niños incluidos.

 

Daniel L. Vaschetto, filósofo villamariense, profesor en la Universidad Nacional de Santa Fe

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