Opinión - Una mirada sobre lo que dejaron las elecciones legislativas nacionales

Milei, el voto emocional y una sociedad que no cree en nada

El triunfo que alcanzó el oficialismo hace nueve días expuso algo más profundo que un resultado electoral: la política perdió representación. Se vota desde la emoción, el miedo y el enojo
martes, 4 de noviembre de 2025 · 08:30

El triunfo de Javier Milei en las urnas no fue advertido ni por el propio Gobierno, que aspiraba apenas a ganar por pocos puntos y achicar la diferencia en la provincia de Buenos Aires. El oficialismo terminó fortalecido donde menos se esperaba. Una vez más, la mayoría de las encuestas fracasó en la interpretación del clima social.

El periodista porteño Carlos Pagni explicó días después que varios encuestadores y analistas afirman que un número importante de votantes que no están de acuerdo con Milei ni con su plan económico, lo acompañaron por miedo a otro colapso. El dato vendría a reflejar que el voto ya no responde a la esperanza, sino al temor. ¿Argentina dejó de votar proyectos; vota para evitar riesgos?

Vivimos una etapa de cambios acelerados. El mapa político bonaerense viró en apenas seis semanas, como si estuviéramos en una montaña rusa. Nada es estable porque ya no existen lealtades políticas duraderas.

El Gobierno llegó mal a la elección: plan económico deteriorado, interna caliente, escándalos constantes y su figura central en Buenos Aires, José Luis Espert, obligada a bajarse por sus vínculos con Fred Machado, señalado por lavado y narcotráfico. Aun así, Milei ganó con claridad y dejó a la oposición sin aire.

 

Crisis de representación: nadie enamora

Lo que se vio en las urnas confirma una tendencia: el divorcio entre el peronismo y las mayorías. A 80 años de su nacimiento, el peronismo no logra volver a enamorar ni ofrecer futuro después del fracaso del gobierno de Alberto Fernández. Pero la crisis es más amplia, ya no hay identidades políticas dominantes y esto involucra al propio Milei.

Los números lo muestran: 11,7 millones de argentinos no fueron a votar, según la Cámara Nacional Electoral. Son 3,5 millones más que hace dos años. Fue la participación más baja desde 1983. No es indiferencia: es orfandad política. Millones no encuentran a quién darle su voto. Nadie los representa. Tampoco Milei.

 

El factor Milei: la política convertida en catarsis

El primer mandatario volvió a capturar el voto joven. O una parte importante de él. No es un voto ideológico: es generacional. Para millones de chicos y chicas que crecieron entre kirchnerismo y macrismo, Milei es una ruptura. Representa la salida por la fuerza de un sistema que consideran obsoleto. Le creen no por sus resultados, sino por lo que significa simbólicamente. Aunque hayan visto recesión y deterioro social, muchos lo siguen considerando un “anticasta”, pese a que tiene entre sus filas a protagonistas de la casta de las últimas décadas. ¿Por qué? Porque antes que político es un personaje. Es emocionalmente identificable: exagerado, caótico, grita, insulta, se victimiza, pelea. Provoca porque su liderazgo no entra en la lógica tradicional. Percibo cuánto conecta eso con buena parte de la gente. Muchos creen que Milei está bajo ataque permanente, que “no lo dejan gobernar”, que “le hacen operaciones” y que “toca intereses poderosos”. Lo ven como alguien “bullyneado”. Paradójico: Milei ejerce bullying todo el tiempo, pero hay una idea de que él es la víctima.

Ya no importan los argumentos. En el debate con Massa en 2023 quedó claro que Milei perdía cada cruce racional. Pero le alcanzó con una narrativa emocional para ganar. Hoy ocurre exactamente lo mismo.

 

 Más anti que pro: el antiperonismo permanente

La elección bonaerense de septiembre fue un alerta para quienes no quieren el regreso del kirchnerismo. Muchos que no habían votado en esa instancia aparecieron ahora para frenar esa posibilidad. Triunfó un impulso histórico en la política argentina: antes que elegir, se evita. Y el antiperonismo sigue siendo una fuerza electoralmente más grande que el propio peronismo.

Trump, los dólares y el miedo al abismo

A esto se sumó un factor inesperado: Estados Unidos. La irrupción pública de Donald Trump y Scott Bessent en pleno proceso electoral aportó oxígeno político y financiero al Gobierno. Trump lo dijo sin disimulo: la operación de compra de pesos y bonos argentinos fue “un gran negocio”. Al mismo tiempo, alejó el fantasma de una crisis financiera inmediata. Eso calmó a sectores que temían un caos económico si ganaba el kirchnerismo.

Si bien la microeconomía sufre desde hace largo rato, Milei mostraba una macroeconomía que se estaba curando, saneando, prometiendo que eso terminaría incidiendo positivamente en la micro. Eso cambió en los últimos meses, sobre todo en las últimas semanas cuando evidentemente el Gobierno se quedó sin dólares y el país entró en recesión, con consumo bajo y bolsillos muy flacos.

El presidente estadounidense y Bessent tal vez fueron claves para que la gente eligiera a Milei, y ambos factores (Trump y el apoyo electoral que vino posteriormente) terminaron alejando la posibilidad de una crisis inmanejable. Qué hubiese pasado si el triunfo K de septiembre se daba a nivel país el domingo pasado. Probablemente, estas serían horas oscuras para Milei, para la gobernabilidad y para toda la población en general.

Sobre esta incursión de EE.UU. en Argentina quiero señalar un dato que han publicado diarios nacionales. Trump dice que el dinero invertido en la venta de dólares y compra de pesos resultaron ser un negocio fructífero para su país, pero también se habla de que ha sido un negocio para agentes de las finanzas en fondos de inversión cercanos a Bessent. "Bob Citrone sería quien le había recomendado al secretario del Tesoro norteamericano intervenir para poder salvar el precio de los bonos que el propio inversor tenía", se escribió en el diario La Nación.

 

Boleta única, intendentes quietos y poder territorial en crisis

Otro elemento: el debut de la boleta única redujo el poder territorial que históricamente manejaron gobernadores e intendentes. En Buenos Aires, el cristinismo señala que varios jefes comunales del PJ no jugaron con intensidad esta vez. Hubo menos movilización.

 

El único que entendió la era del algoritmo

Hay algo más profundo: Milei fue el único que entendió la época. Habla para las redes, no para los actos. Produce conflicto, no consenso. Construye relato, no gestión. Y eso hoy le funciona electoralmente. La oposición, en cambio, repite discursos gastados, carece de épica y no tiene liderazgo carismático.

A mí no me gusta el estilo de conducción del presidente. Me parece violento, divisionista y peligroso. Pero es el único que logra vincularse con masas en esta era hiperconectada, ansiosa y emocionalmente rota, una sociedad que no es la misma tras la pandemia.

Mientras tanto, la política tradicional sigue hablando como si nada hubiera cambiado. Y a la falta de un discurso con proyectos y propuestas -hizo campaña solo con lo de Frenar a Milei- se le suma la ausencia de liderazgos carismáticos. Cristina de Kirchner disgusta a millones, pero no se puede dudar que su encandilante personalidad le dio centralidad incluso hasta el presente. Siento que mucha gente se aleja del político tradicional, de saco y corbata, que habla perfecto: muchos los ven como chantas.

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