Opinión - Márgenes del río Ctalamochita, en las dos Villas

Hasta dónde llega nuestra costanera, y hasta dónde nuestra responsabilidad

viernes, 23 de enero de 2026 · 08:30

Escribe: Beto Arce

 

La costanera que usamos, disfrutamos y defendemos tiene límites claros en el mapa, pero límites mucho más difusos en términos de conciencia. Desde la playa del Santa Ana, pasando por la bajada Entre Ríos, el Balneario Municipal Juan Carlos Mulinetti, Playa Zeta, los sectores detrás de los barrios  Palermo, Mariano Moreno y Vista Verde..., el recorrido es conocido, habitual, casi automático para vecinos y visitantes.

El quiebre aparece cuando se sigue río arriba, hacia el puente Andino. Allí, donde todavía hay playas hermosas, empieza a mostrarse una convivencia incómoda entre el disfrute y el abandono.

Porque esas playas ya están siendo elegidas. La gente va, se instala, pasa el día, se mete al agua. Pero muchas veces elige no ver lo que tiene al lado: basura acumulada, restos de escombros, actividad extractiva de áridos sin control, caballos en condiciones cuestionables y una degradación ambiental que avanza en silencio.

Del lado de Villa María, en la zona de la ruta nacional 158 -a la altura del predio recreativo de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra) y junto a la planta de  la Cooperativa de Trabajo Acueducto Centro (COTAC)- se observa un proceso de recuperación ambiental. Hubo intervención, hubo tala, pero también había una cantidad alarmante de residuos.

Hoy la vegetación vuelve a aparecer, la naturaleza intenta recomponerse y el paisaje empieza lentamente a cambiar.

 

Arrojar, sin más

Hacia el otro margen, el panorama es más crudo. Camiones, bateas y chatas ingresan con total impunidad y descargan escombros, vidrio, cerámicos, plásticos, botellas, restos de poda, y hasta animales muertos o restos de pollerías (algo más lejos del curso de agua la zona se limpia, producto de la obra del puente de Circunvalación).

Todo convive en un mismo espacio que, paradójicamente, también es usado como playa. Aquí también se observa actividad del municipio en un intento de ir recuperando este espacio muy maltratado.

De todo. Basura de cualquier tipo se tira junto al río Ctalamochita con total impunidad. Es increíble: llegan camiones repletos de restos de obras, que descargan todo su contenido ocasionando múltiples problemas ambientales y de seguridad para las personas en el sector

¿Responsabilidad de quién?

Y ahí nos debe aparecer una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿hasta dónde es responsabilidad del Estado y hasta dónde es responsabilidad de quienes usamos el lugar?

Porque no alcanza con señalar a los camiones. Hay usuarios que ven la mugre, la pisan, la esquivan… y se quedan igual.

Hay también quienes disfrutan del río, pero dejan bolsas de basura, restos de comida, botellas. Eso también es parte del problema. La regla debería ser simple y no negociable: todo lo que llevás, vuelve con vos. No hay excusas. No hay “después alguien lo junta”, porque eso no existe.

El río no es un basural y la playa no es tierra de nadie.

Del lado de Villa Nueva, la situación es aún más preocupante. Desde el puente Andino, río abajo, hay al menos cuatro playas muy bien formadas -muchas surgidas a partir de la extracción de áridos- que hoy son espacios de recreación muy valorados. Pero esa postal convive con una falta total de control sobre lo que entra y lo que se tira.

La impunidad es más evidente y más persistente.

Río arriba por la costa villanovense, directamente el acceso se corta. Un alambre y un boyero en el ingreso a la Fundación Las Casuarinas, impiden continuar el recorrido.

Hoy, la costanera se termina ahí. Y si la idea es pensar una continuidad real entre Villa María y Villa Nueva, ese diálogo tiene que darse.

No se puede avanzar de un lado y retroceder del otro.

En este contexto, la discusión sobre controles y sanciones es inevitable. ¿Debe haber cámaras en el sector del puente Andino y zonas aledañas? Todo indica que sí. No para perseguir al vecino que va a pasar el día, sino para dejar en evidencia un movimiento diario de camiones que no solo extraen áridos, sino que descargan basura de todo tipo.

Si hay cámaras, cada movimiento quedará registrado. Y con registro, se termina la impunidad.

Porque lo que se tira hoy en los espacios de los cuales estamos hablando, no desaparece. Viaja con las crecidas. Baja. Llega a Ballesteros, a Morrison, a Bell Ville... y a todas las localidades ubicadas río abajo. El daño no es local, es regional. El río conecta lo bueno y también lo malo.

Las playas ya fueron elegidas por la gente. Ahora falta elegir cómo las cuidamos.

Y esa decisión no admite medias tintas. O asumimos la responsabilidad o seguimos mirando para otro lado hasta que no quede nada que defender.

El río es uno solo. La basura también, y es nuestra.

Comentarios