¿Padres buenos o malos?

Es importante sentarse a jugar con los hijos, escucharlos y felicitarlos por sus logros
Es importante
sentarse a jugar con los hijos, escucharlos y felicitarlos por sus logros

Escribe: Servicio de Educación Temprana INSTITUTO ESPECIAL DEL ROSARIO

Los adultos siempre se cuestionan acerca de cómo ejercen su rol en la familia. Generalmente su función es vivenciada mediante dudas e inseguridades.

La transformación continua de las sociedades y la inmediatez en el acceso a la información ayuda a ello. Permanentemente se les presentan modelos a seguir, hay consejos disponibles, recetas de lo que deben hacer los padres, en cada pantalla o medio de comunicación.

Lo cierto es que los hijos sienten esta misma incertidumbre. Al nacer son acogidos por brazos amorosos que construyen un nido a su alrededor. Rodeados de afecto, olvidan que perdieron la seguridad del vientre materno y que ahora deben manifestar sus necesidades.

Poco a poco surgen códigos de comunicación entre el pequeño y los adultos responsables de su crianza, los que son particulares a cada familia. Hay quienes deben gritar para que los atiendan, mientras que en otros casos se anticipa todo lo que el recién nacido debería solicitar. Así se construye un niño, no solo con lo que cada progenitor ha aportado antes de su nacimiento, sino en gran medida, por cómo interactúa con él en los primeros años de vida.

Los niños muy pronto aprenden lo esencial y se amoldan a lo que se espera de ellos. Perciben el cómo, dónde, a quién y qué se consigue con una sonrisa, con gritos o con llanto. Puede decirse que cada familia se constituye en función de cómo se instauran las relaciones entre ellos. Pero especialmente los hijos son sensibles a lo que se expresa de ellos, tanto en sentido positivo como negativo así como en las comparaciones que se establecen con sus hermanos u otros parientes.

Las palabras de los padres son determinantes en la construcción de una imagen favorable en los niños. Las principales herramientas para hacer son el afecto y la contención del hijo. Es importante sentarse a jugar con ellos, escucharlos, pero por sobre todo, reconocerlos, felicitarlos por sus logros en las situaciones cotidianas.

Lo cierto es que no hay padres buenos o malos, sino solo adultos tratando de resolver situaciones familiares en función de sus propias experiencias. La reflexión sobre cómo se enfrentan día a día a las mismas, posibilita enfrentar mejor los nuevos desafíos que se producirán en el futuro.

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