El Diario del centro del país

Para cuidar y prolongar la vida

Gabriela Aguila, Jimena Balcaza y Maricel Bertolino se acercaron a nuestra Redacción

Cuidadoras domiciliarias en Villa María

Tres mujeres dedicadas a la atención y acompañamiento de adultos mayores comentaron sobre dicha tarea, que va más allá de las cuestiones meramente prácticas o de higiene. En la ciudad son alrededor de 33 profesionales

 

En julio de 2012 se había publicado una nota en el marco de un suplemento especial por el Día del Cooperativismo sobre una incipiente organización de cuidadoras domiciliarias en Villa María.

A seis años de aquella publicación, la entidad de economía social finalmente no prosperó, pero sí se incrementó en forma notable la cantidad de profesionales que se dedican a esta tarea en nuestra ciudad.

“En la foto de la entrevista éramos 4 o 5. A raíz de esa nota no pararon más de llamarnos y pedirnos consultas. Ahora somos 33 las mujeres que nos dedicamos a este trabajo, al cual entendemos como una vocación”, señalaron a El Diario Jimena Balcaza, Maricel Bertolino y Gabriela Aguila.

Ellas dieron cuenta del valor significativo que resulta la labor dedicada al cuidado de los adultos mayores, que va más allá de cuestiones meramente prácticas.

“Primero los familiares nos llamaban para que bañáramos a sus papás. Pero después ¿qué sucede? ¿Quién se ocupaba de la calidad de vida de esas personas?”, indicó Jimena.

“Las cuidadoras hacemos un abordaje integral”, subrayaron Gabriela y Maricel. “Nos dedicamos a la higiene y a la administración de la medicación, pero a la par hacemos de acompañantes terapéuticos, ya que hicimos los cursos pertinentes, y también nos ocupamos de trámites, favorecemos interconsultas, trabajamos en equipo con otras cuidadoras colegas para que nunca se queden solos, proponemos modificaciones en la casa o en el baño para que se sientan cómodos, acompañamos a los adultos a los médicos o a la peluquería o simplemente los escuchamos, creando un vínculo afectivo que es lo que a veces más les hace falta”.

Maricel, en el mismo sentido, remarcó lo siguiente: “No nos tenemos que olvidar de que son personas que han crecido, envejecido y que han tenido su deterioro. Pero no se volvieron niños como a veces se habla desde el prejuicio. Hay que escucharlos y estar atentos a lo que ellos quieren. Porque la pregunta que uno les hace sobre cómo quieren que se les trate es una pregunta que nos cabe a cada uno de nosotros en un futuro; es decir, cómo queremos ser tratados más adelante cuando lleguemos a ese momento”.

 

Preservar su autonomía y extender la estadía en sus propias casas

A pesar de ser un trabajo temporario, dado que sus pacientes pueden llegar a ser rehabilitados, geriatrizados o el peor de los casos fallecen, la mayoría de las cuidadoras se dedican intensivamente a esta labor.

Y al mismo tiempo suman horas de cursado en la materia tanto como cuidadoras o como acompañantes terapéuticos (ver abajo).

No obstante, Maricel precisó: “Lo que nos mueve es el amor. Podés tener muchas capacitaciones encima, pero si no tenés amor y vocación, es un tarea muy difícil para llevar adelante”.

Las cuidadoras suelen desempeñar sus tareas en domicilios particulares o en residencias a pacientes con distintas problemáticas físicas, motrices o psicológicas.

En ese contexto, las mujeres priorizan ciertos objetivos a cumplir. “Lo que intentamos es que los adultos tengan una vida cotidiana más llevadera y que preserven el espacio de autonomía que traían de antemano, antes de que nosotros llegáramos. Si un adulto puede manejarse bien para hacer tal tarea, nosotros no vamos a hacérsela porque sería coartarle esa libertad. Y, por último, hacemos todo lo posible para que prolonguen su estadía en sus propias casas porque se geriatriza una persona pierde sus cosas y sus tiempos. Por supuesto, que todo se debe consensuar con la familia y con los propios adultos que son sujetos de derechos”, concluyeron.

 

“No se trata de una carga”

Como dato singular, las tres decidieron convertirse en cuidadoras cuando les tocó desempeñar esa tarea ante un familiar cercano.

Jimena resolvió renunciar a su trabajo como secretaria bilingüe en una multinacional en Buenos Aires cuando le avisaron que su madre, que padecía esclerosis múltiple desde hacía tiempo, había contraído cáncer de ovario terminal. “Quise acompañar a mi mamá en sus cuidados paliativos y no pagarle a otra persona. Ahí descubrí que tenía una vocación”, acotó.

Arribó a Villa María en forma casual. “Luego de un año sabático que me había tomado en San Marcos Sierras, donde mi papá tenía una chacra, conocí a unas asistentes sociales que me hablaron maravillas de esta ciudad, de todo lo que se había hecho en materia de niñez e infancia. Cuando llegué me quise quedar, pero no sabía en qué trabajar. Tenía 40 años, estaba separada y con una nena de 4. Ahí me dije: ‘Lo que mejor que hice en mi vida fue cuidar a mi mamá’. Y por eso me anoté en un curso que daban en el Hogar de Ancianos cuando todavía estaban Alejandra Alvarez y Mónica Lazos a cargo. La primera paciente fue la mamá de Liliana Abraham (en ese entonces directora del Hospital Pasteur), y nunca más paré. Hace poco también pude estudiar la carrera de Enfermería Profesional”, recordó.

Maricel, por su parte, tuvo que cuidar a su mamá que contrajo Alzheimer prematuramente a los 57 años. “En ese momento yo no trabajaba y tenía 4 hijos. También descubrí que era mi vocación. Cuando en 2012, ya separada del papá de mis hijos, decidí hacer el curso de cuidadora, entendí que amo y disfruto lo que hago, aunque trabaje en el día y en la noche y tenga que cambiarle los pañales a un adulto. Para mí no es una carga”.

Gabriela, viviendo en Buenos Aires, había realizado un curso de acompañante terapéutico. Al tiempo, el padre de sus hijos sufre un serio accidente automovilístico que lo lleva a estar en silla de ruedas. “Nunca pensé que lo que había estudiado me iba a servir para ayudarlo a él”. Ahora todo lo experimentado lo aplica con sus pacientes. “Es muy importante ser una compañía en sus vidas. Actualmente cuido a un adulto que literalmente no salía de su departamento. De a poco fuimos abriendo posibilidades de sociabilización hasta que días atrás fuimos a tomar un café juntos. Eso, aunque parezca mínimo, fue un logro más que relevante”, agregó.

Por último, Balcaza puntualizó: “En ocasiones, los adultos visualizan más la carga, el gasto y el tiempo que demandan las personas mayores, pero no se percatan de todo lo que dieron antes a lo largo de sus vidas”.

 

A tener en cuenta: datos útiles

Por ley: la atención domiciliaria brindada a personas mayores se rige por la Ley Nacional N° 26.844 de 2013, sobre “Régimen especial de contrato de trabajo para el personal de casas particulares”, que incluye entre sus 5 categorías una específica para “cuidado de personas”.

El Registro: el Registro Nacional de Cuidadores Domiciliarios fue creado en el marco de la resolución de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) N° 830 del 15 de junio de 2016 y por medio de la Resolución SENAF N° 167/2017 y su correspondiente anexo se ha reglamentado con fecha 20 de febrero de 2017.

Para estudiar en Villa María:

en la Fundación CIEP (Corrientes 570). Se dictan cursos de Acompañante Terapéutico (8 meses), Acompañante Terapéutico en Discapacidad (8 meses) y de Acompañante Terapéutico en la Escuela.

SENAF. A nivel nacional se dictan cursos virtuales gratuitos de capacitación y actualización. Más datos en registroncd.senaf.gob.ar.

Cáritas y Fundación 1×1. El año que viene se repetirá un curso de capacitación de Cuidado de Ancianos en la sede de México 60.

Por Facebook Cuidado y Acompañamiento Terapéutico en Villa María.

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