“Para resolver los problemas de la economía, hay que resolver lo social”

Víctor Hugo Scocozza

Escribe: Nancy Musa DE NUESTRA REDACCION

Nació en Villa María, el 26 de julio de 1954. Es médico, realizó la Maestría en Administración y Gerenciamiento y terminó de cursar el Doctorado en Ciencias Políticas y Gobierno. Tiene tres hijos y un nieto. En 1982 inició su militancia política en las filas de la Unión Cívica Radical. Ocupó años atrás la vicepresidencia del comité local. Fue director del Hospital de Laguna Larga y del centro asistencial de James Craik. Hoy es el vicepresidente de la Asamblea Contra la Corrupción y la Impunidad

 

Jugó al fútbol, fue campeón argentino de tenis criollo y un día se perdió en el laberinto de la Medicina para reencontrarse luego, con su necesidad de fortalecer el conocimiento. Cumple 40 años como médico este mes, es un ávido lector y un buscador de los profundos misterios de la vida.

Su perfil es bajo, sus ideas son firmes y la honestidad es una de sus banderas. Víctor Scocozza es un ciudadano que va de frente, siente decepción por el accionar de los políticos y lleva en su bagaje de forma permanente a esa viajera rebelde y escurridiza que es la utopía.

 

-¿En qué está trabajando la Asamblea Contra la Corrupción en la actualidad?

-En primer lugar, la asamblea es un espacio, una ONG, que se genera hace dos o tres años en Villa María, en el cual ha participado mucha gente, algunos se han ido, otros hemos quedado, pero lo importante es que es la oportunidad, el escenario para sentarse y transformar los relatos que se escuchan a diario, en cualquier bar o lugar, en hechos.

Y esos hechos transformarlos en parte de la agenda de la Justicia, de los políticos y de los ciudadanos.

Entonces, la asamblea cuando nace, nace con muchos relatos. Por ejemplo, gente que te decía por qué no denuncian que se robaron las verjas del ferrocarril y están en una casa quinta en tal provincia.

Es un relato, fuimos al lugar adonde decían que estaban y no había nada.

 

-Relatos urbanos que se expanden.

-Sí, de esos hay muchos en la calle. Entonces buscamos darle visibilidad, obtener pruebas, testimonios y con toda esa información concurrir a la Justicia. Ese es el leitmotiv de la existencia de una organización no gubernamental. Nos corresponde por derecho a los ciudadanos, constitucionalmente hablando, exigir, investigar e interesarse en los presuntos delitos por malversación de fondos públicos.

Me estoy refiriendo a los fondos públicos. Ese es el origen de la asamblea, transformar relatos en hechos, hechos en agenda y agenda con elementos probatorios para concurrir a la Justicia.

Esto nos costó mucho al principio porque el Gobierno de la provincia de Córdoba en ese momento no nos autorizaba a ser una ONG. No nos autorizaban porque eso significaba que nos podíamos presentar como querellantes, nos pedían que cambiáramos el nombre y el objeto de la asamblea.

Felizmente, dentro del grupo hay gente que conoce del tema y visibilizó que en el Código Civil en el artículo 155 preveía la estructuración de simples asociaciones.

Así fue que con los estatutos que teníamos y todo lo demás, nos transformamos en una simple asociación.

 

-¿Y esa estructura qué tipo de cosas les permite?

-Eso nos ha permitido, presentarnos a hacer la denuncia sobre un presunto ilícito y además solicitar ser querellante.

 

-¿Qué resultados tuvieron hasta el momento?

-Es simple la respuesta. Creo personalmente que no siempre hay que buscar resultados inmediatos, porque pienso en una Argentina de acá a cincuenta años y yo no los voy a ver, pero debemos iniciar la tarea.

Argentina desde hace muchos años ha sido una democracia, pero no ha sido nunca una República. Y la República significa, la división de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cada uno, a mi juicio, debe ser independiente, autónomo y el objetivo es controlar a los restantes.

Eso es una distribución del poder, porque acá pareciera ser que quien obtiene el poder quiere sumar a los otros dos para hacer todo y eso en mi pensamiento de democracia republicana no va.

Yo quiero una Justicia independiente, un Poder Legislativo independiente y en donde el que tenga el poder deba negociar para buscar y encontrar la verdad.

Y la verdad, como dice Nietzsche, no existe y tal vez sea la mejor de las mentiras. Pero a mí me gusta eso en la democracia, ese juego de tres poderes divididos, con divergencias, en que hay que buscar los consensos.

 

-Casi una utopía en nuestro país.

-Sí, sé que soy utópico. Pero es lo que Juan Bautista Alberdi nos plantó como base para diseñar la Constitución y pareciera ser que estamos a contramano siempre de esa Constitución.

Porque un individuo que decide vivir en un lugar tiene que aceptar las normas, porque eso es lo que determina hasta dónde van mis derechos y adónde comienzan los de los demás. Si no entendemos eso, seguiremos en la encrucijada que desde hace doscientos años a esta parte no logramos resolver.

 

-Víctor, ¿por qué nos pasan estas cosas a los argentinos, es parte de nuestra genética?

-Ortega y Gasset escribió en 1925 que “los países que no digieran su pasado nunca podrán ver el futuro”.

Y esto es muy dramático, porque si repasamos la historia argentina nos damos cuenta de que siempre estuvimos fraccionados. Nuestra historia es una fracción, unitarios y federales, portuarios y del interior. En momentos en que estábamos luchando contra los españoles había provincias peleándose entre sí.

Y si uno ve el mapa de Argentina en esos primeros treinta años de la declaración de la independencia se da cuenta cómo se unían y se desunían provincias como ocurrió con Uruguay.

Y esa división la persistimos en el tiempo, entre los de Boca y River, peronistas y radicales, el problema es que todos nos creemos dueños de la verdad y no admitimos de ninguna manera que hay diferencias y que las diferencias no nos convierten en enemigos. Somos adversarios.

 

-¿Nos molesta que nos digan lo que no queremos oír?

-No admitimos que los otros nos digan una verdad, porque inmediatamente reaccionamos, inclusive hasta con violencia.

Entonces, el problema es mucho más profundo, es el problema del ser. Dicen que cuando nacemos nos dan un cuaderno que lo vamos llenando a medida que vamos creciendo, y lo vamos llenando de acuerdo a la información recibida de nuestros allegados, todo eso va construyendo un camino.

El problema es que nos fueron enseñando esto de ser irracional, de no querer admitir que otro puede pensar distinto.

Y esa falta de consenso la venimos trayendo a través del tiempo y no logramos tener identidad.

La identidad tiene una serie de atributos que son la ética, la moral, la honestidad, el esfuerzo. Y me pregunto ¿Argentina como Nación tiene identidad? No.

Nos unimos únicamente cuando juega el seleccionado de fútbol o en algún en otro evento deportivo.

Me gustaría agregar algo.

 

-Adelante, agregue…

-Cuando me preguntaste qué habíamos obtenido en la asamblea contra la corrupción yo creo que logramos mucho. En primer lugar no somos los únicos que estamos detrás de solicitar a la Justicia que resuelva los presuntos ílicitos. Hay mucha gente, otras organizaciones, espacios periodísticos que también están involucrados.

Hay personas, como José Nasselli, al cual admiro, que ha dedicado parte de su vida a reclamar la falta de justicia. Argentina adolece de participación y la democracia es participación.

En cuanto no aproveches la participación, como decía Perón, los espacios vacíos lo ocupan los ineptos.

Y eso hace que la democracia sea endeble, porque a mi juicio deben practicar la política personas que tengan conocimiento de la política. Y eso se obtiene a partir del conocimiento de sí mismo, que es el proceso por el cual atraviesa un individuo para reconocer que es el conocimiento la fuente que lo va a desarrollar.

Uno nunca va a visibilizar el problema del prójimo si no tiene la suficiente capacidad para poder hacerlo.

Esto es simple.

 

-¿Usted piensa que mejoraremos en algún momento o estamos condenados, no al éxito como decía un expresidente, sino a la repetición de la historia?

-Pasa que no definimos qué queremos ser. Porque entra un gobierno y dice vamos hacia la izquierda, después viene otro y dice vamos hacia la derecha, el centro de eso es la República.

Si no entendemos que es la República nunca vamos a resolver nuestro pasado. Y nuestra historia ya pasó, pero implica que debemos interpretar el pasado, para buscar en el presente, el porvenir.

Si no pensamos en el porvenir no vamos a llegar a ningún lado. Y el porvenir es buscar, identificar nuestros problemas y tratarlos. Si no lo hacemos seguiremos con un futuro abstracto y nebuloso.

 

-¿Qué mirada tiene sobre el radicalismo dentro de Cambiemos?

-El radicalismo es para mí como una novia (risas). Disfruto, comparto y no me pregunto con respecto a su futuro. El radicalismo en Cambiemos, más allá de lo que diga el partido, hizo una alianza no porque estuvieran convencidos de que iba a ser una fusión de ideologías, sino porque no querían continuar con el gobierno anterior.

En el afán de desplazar del poder a quienes estaban, el radicalismo y otras fuerzas decidieron hacer una alianza. Lamentablemente, no fue una fusión de ideas.

Y al no ser una fusión de ideas, me parece que no es lo que yo quería.

Y, antes que me lo preguntes, te digo que estoy decepcionado con la alianza.

 

-¿Qué lo decepcionó?

-Porque fue una mezcla y me parece que desaprovechamos una oportunidad histórica. Para resolver los problemas de economía no hay que leer a Keynes, Fridman o todo lo que quieran, hay que resolver lo social.

La economía se resuelve cuando la sociedad en general está bien, o con el concepto “no nací para durar, nací para vivir”.

Durar es subsistir, patearla para adelante, vivir es otra cosa, es poder desarrollarme como ciudadano, ser partícipe de la sociedad civil, ser representante o no según me toque. Lamentablemente mucha gente nace para durar y otros pocos nacen para vivir.

 

-¿Por qué dice que desaprovecharon una oportunidad histórica?

Porque apenas se ganó, lo primero que se tendría que haber hecho es buscar un pacto. Con los otros opositores y entre todos construir las bases de algo que pueda perdurar por los próximos cinco o diez años.

Se equivocaron en ese momento, creo que fue por soberbia, de pensar que todo se resolvía con esto de la economía cuando en realidad lo problemático es lo social.

Realmente estoy muy preocupado con lo social, porque veo mucha gente que no está accediendo a la vivienda, a la educación, a la salud, al trabajo.

Desde hace dos o tres décadas a esta parte estamos fragmentando las posibilidades de lograr los determinantes sociales. Lo escribió la OMS, todo esto que le mencioné es determinante para lograr salud.

La salud es física, psíquica, es todo. Y hoy hay mucha gente que está fuera de acceder a esas cuestiones.

 

-¿Usted cree que el radicalismo está teniendo injerencia en las decisiones del Gobierno nacional?

-Es una pregunta difícil de responder. Vuelvo a insistir, se equivocó de arranque, a mi juicio debería haber sido más participativo hacia adentro y hacia afuera. Las decisiones, probablemente, la tomen unos pocos, el problema es que yo puedo llegar a ser cómplice de esas decisiones.

Si yo estoy mal económicamente y no logro un pacto social para resolver el tema, tengo que ir a pedir dinero. Sé lo que es ir a pedir dinero, sé que estoy sometiéndome a una serie de reglas que me van a imponer, sean bancos o sea el Fondo.

El problema es para qué voy usar el dinero. Porque si lo voy a usar para irme de viaje, no me va a permitir generar algo para devolverlo. Ahora si lo voy a usar para poner un negocio, que me dará una ganancia y me permita pagar el préstamo más los intereses entonces no es mala la idea.

Hasta acá el tema del Fondo, que yo no lo he dilucidado, no lo puedo analizar, tenemos mala experiencia con el Fondo.

Pero, en realidad, esto es el fruto de no hacer un pacto con todas las otras fuerzas. Se tuvo la oportunidad en los inicios de 2016, la perdimos.

 

-¿Por qué se hizo radical?

-Mi papá era peronista, pero en mi casa no se hablaba de política. Me enteré que era peronista porque hablaba del crédito que obtuvo para la casa. Mi madre nunca supe qué fue en cuanto a lo político.

Cuando me fui a los 17 años a estudiar a Córdoba, viviendo en un Colegio Mayor, la primera mañana me desperté con una ametralladora en el pecho, era la época del proceso. Inmediatamente me sacaron de ese lugar y me mandaron a una pensión. Yo no participé en política en la Facultad, empiezo a participar un año antes de la asunción de Alfonsín y por qué fui al radicalismo no lo sé, me gustó la idea de la UCR.

 

-¿Y su infancia cómo fue, en qué barrio transcurrió?

-Mi infancia fue fantástica. Yo nací en Belgrano al 400, entre Tucumán y San Luis, a una cuadra de la Escuela Bianco, a dos cuadras de la plaza Belgrano, a dos cuadras del Club Almagro y a tres cuadras del zoológico y el río.

Tengo una infancia fantástica (risas) porque me lo pasaba en el Club Almagro, jugando a cualquier cosa, en la plaza jugando al fútbol, me lo pasaba yendo a ver los animales al zoológico o jugando en la isla, porque había una isla entre los dos brazos y podíamos jugar a los indios, a los cowboys, andar a caballo (risas).

Esa infancia no tiene precio porque lo primero que hice es descubrir que la Naturaleza estaba al alcance de mi mano, la imaginación estaba al alcance de mi mano, jugábamos a los autitos en el cordón de vereda.

Con mi hermana jugábamos a las cartas a la hora de la siesta.

Y fíjese cómo cambió la historia.

De esquina a esquina me acuerdo de los veinte vecinos que había. El de la esquina era almacenero, el que le seguía trabajaba en la Municipalidad, el del lado trabajaba en una concesionaria de autos, el del lado tenía como quinientas hectáreas.

 

-Una diversidad total en cien metros.

-Y había un panadero, un periodista, uno trabajaba en una concesionaria de autos, otro en la cooperativa agrícola y el de la esquina era inventor. (Los nombra uno por uno). Me acuerdo de todos los vecinos, los chicos jugábamos todos juntos, íbamos a la misma escuela pública, la Bianco, compartíamos todo.

A tal punto compartimos que el día que yo me recibo, cerraron la cuadra, y se juntaron todos los vecinos a compartir una cena, porque yo era el hijo de todos. Para ellos era un orgullo que alguien hubiera terminado un terciario proviniendo de la clase media.

Eso no tiene precio.

 

-¿Sus padres a qué se dedicaban?

-Mi papá era ferroviario, mi mamá Nilda Vallano ama de casa, ella fue bastante conocida en Villa María porque tenía una academia de Dactilografía y Taquigrafía en Catamarca y Alem. Y tengo presente los ejemplos de ella, de trabajo, moral, respeto, ejemplos que son imposibles de perder.

 

-¿Eras un pibe travieso?

-Creo que era un desastre (risas). Nunca me dejaron subir la Bandera en la escuela primaria. En quinto grado me llevé Aritmética, vivía a menudo en la Dirección, pero me fui tomando venganza. Como no me dejaban subir la Bandera, un día a la siesta me fui a la escuela, estaba abierto el portón, entonces me saqué la remera, la puse en el cable del mástil y la subía y la bajaba (risas).

Hasta que me descubrió la portera, que después fue paciente mía.

En la secundaria me llevé materias todos los años.

 

-¿Quería ser médico o surgió simplemente la oportunidad?

-Creo que elegí lo mejor que me podría haber pasado. Lo mejor que me pasó en la vida es ser médico. Me ha permitido, primero, aprender el cuerpo humano. El cuerpo humano es fantástico, es la construcción más bella de este Universo.

Yo soy animador de la lectura de Foucault, él hace bíopolítica, compara a la política con lo biológico. Y lo biológico es tan precioso, por eso me animo a hacer algo de política.

En el organismo no hay estructuras más importantes que la otra, porque si las otras no están, el cerebro no estaría o el corazón.

 

-¿Quiere decir que es el equipo perfecto?

-El equipo perfecto y esta interdependencia es lo que Foucault propone como gobierno. Porque cada estructura es autónoma, pero a la vez interdependiente.

 

-Se necesitan una a la otra para funcionar correctamente

-Exacto.

 

-Usted me dijo apenas empezamos la charla que se interesó por la transversalidad del conocimiento ¿qué significa?

-Te dije que tenía asignaturas pendientes en mi cuaderno. Y están referidas al conocimiento. Yo no soy médico, soy un ser humano y la transversalidad significa que yo sepa. Que sea universitario, que sepa de filosofía, de antropología, de historia, ese conocimiento es el que te va a enaltecer como ser.

Yo no soy solamente médico, yo quiero ser un ciudadano partícipe de la sociedad civil. Porque eso para mí es vivir, si no sería simplemente durar.

 

-¿En qué situación se encuentra la salud pública, tiene un retraso como en otros ámbitos?

-Es un tema muy largo como para abordarlo en una sola charla. Cuando yo empecé a militar en política lo primero que hice fue ser partícipe de la FUALI, una fundación en la que estaba uno de mis ídolos que era Aldo Neri.

Neri quiso implantar dos cosas durante su colaboración en el Gobierno de Alfonsín, una la capital en otro lugar que no fuera Buenos Aires y la otra implementar un seguro nacional de salud.

Otra cosa que no tenemos definida, tenemos un sistema mixto relacionado al salario y eso hace que tengas una obra social relacionada con lo gremial o que por distintas circunstancias no accedas a esa obra social y aparece el sector privado.No nos hemos sentado a definir nuestro sistema de salud.

Voy hablar del público que es donde me he desempeñado toda mi vida, hace un año y medio me jubilé del Pasteur después de 30 años de ejercicio en ese lugar.

 

-¿La falta de definición del sistema repercute sobre lo público?

-El sector público es como un acordeón, por momentos te resuelve y por momentos históricos no. Aumentó la complejidad de las patologías. Hace años si un nene se golpeaba se le hacía una placa, años después se le hacía una tomografía y hoy se hace una resonancia.

Entonces aumentó la complejidad de la atención de la enfermedad y los hospitales públicos no dan abasto en cuanto a inversión de material y en inversión de recursos humanos.

Cada día es más caro atender un paciente, pero el problema está en otro lado. Porque la OMS dice “muchas de las patologías que atendemos”, relacionadas con el hospital público, es curarlos para devolverlos al hábitat que lo enfermó”. Si atendemos un chiquito con un síndrome diarreico porque no tiene agua potable en su casa, le curo la diarrea y lo devuelvo al hábitat para que se enferme de nuevo.

 

-Volvemos al eje de lo social del cual habló…

-A la salud pública le competen dos cosas: la prevención y el tratamiento. Pero la prevención no es cosa fácil, como prevengo que alguien no se drogue, si es todo un trabajo multidisciplinario para que resuelvan la falta de saneamiento básico, la falta de vivienda, la falta de educación, la falta de contención en lo laboral, en lo nutricional, en lo deportivo.

Si no trabajo todos esos campos como político, el resultado va a ser la enfermedad.

Es un debate que no hemos logrado establecer en la agenda política en los últimos treinta años, no queremos asumir lo que vemos y otra vez más dejamos pasar la oportunidad.

 

-¿Por qué hemos llegado a tener más de un 30% de pobreza en un país que produce alimentos para millones?

-El problema no es el país. Una vez escuché un cuento. Le hacían un fuerte cuestionamiento a Dios reclamándole por qué a Argentina le había dado tanto y a otros tan poco. Y Dios le respondió, no se hagan problema la llené de argentinos.

El problema somos nosotros, el problema es la escasez de mentalidad de la que adolecen nuestros políticos. Por eso hay que participar, por eso hay que hacerse sentir, por eso hay que rescatar los derechos del ciudadano y exigir.

Si todos participáramos en reclamar tendríamos una sociedad civil muchos más interesante. Y no es imposible, es imprescindible que lo hagamos. Hay que sentarse y reflexionar sobre todo lo que nos está ocurriendo.

 

-Va a cumplir cuarenta años de médico en los próximos días, si tuviera que hacer un balance sintético, ¿cuáles fueron las cosas más importantes para resaltar?

-Ser médico es un rol en la sociedad que antes te conceptuaba de una manera similar al cura, al policía, al ferroviario, al bancario. Lo que más me llamó la atención es la pérdida de respeto. Recuerdo que antes cuando llegaba el médico a un domicilio, le ponían una toalla, revisaba al paciente, todo era silencio, los chicos escondidos (risas). Con el correr de los años, ibas a un domicilio, estaban viendo televisión, tenías que decirle que lo apaguen, echar a los perros (risas), parece que el rol cambió mucho como cambió el del cura, el policía, el maestro.

¿Y qué me gustó de la Medicina?, que muchas veces me sentí útil, pude resolver problemas.

Ahora se han perdido muchas cosas, la gente no interpreta que vive en una sociedad, la gente no sabe cuáles son los límites de la ética, del respeto, de la honestidad. Nos está costando como sociedad.

Y lo que más me duele es que ocurre en este país, en otros países no pasa.

Creo que estamos construyendo una sociedad en forma equivocada, algo hacemos mal.

 

-Usted habló de la participación, se mostró decepcionado con los políticos ¿no le interesaría estar en la línea de fuego, dónde se toman las decisiones?

-(Pausa). Una cosa es si uno desearía, otra si uno podría y otra si a uno lo dejarían.

 

-Entonces le voy a preguntar directamente ¿le gustaría ser candidato a intendente?

-(Pausa). Me encantaría, como a muchos ciudadanos que viven en este lugar, que aman este lugar, yo soy nacido aquí. Amo mi ciudad, creo que a muchas personas nos gustaría ser tenidos en cuenta para ocupar un cargo como el de intendente.

 

-¿Lo convocaron en algún momento para integrar una lista o estar en un cargo?

-¡Qué buena pregunta! Nunca jamás.

 

-¿Su propio partido nunca lo convocó?

-Nunca, yo tengo un problema en mi partido, no pertenezco a ninguna línea. Porque yo creo que existe un solo radicalismo, uno solo, y cuando les he preguntado cuáles son las diferencias conceptuales entre las líneas, me han respondido “son matices”.

Y yo les he preguntado qué son matices y no saben responder.

Puedo entender que haya diferencias, eso es bueno. Matices pudo ser en su momento lo que opinaba Angeloz y lo que opinaba Mestre padre. Había diferencias visibles ahí, pero hoy yo no veo diferencias que me puedan explicar.

En un momento tuvimos ocho líneas distintas, es mentira eso, son ocho personas que no quisieron ser parte de la misma estructura y terminaron armando su propia estructura.

Cuando alguien me explique cuáles son los matices, tal vez me convenzan.

Pero no soy de ninguna línea interna, por eso nadie me va a convocar y eso que sería el candidato ideal para representarlas a todas.

 

-Si tuviera la oportunidad, hipotéticamente, de conducir el radicalismo local ¿qué es lo primero que haría?

-Es una utopía que me llamen para conducirlo. Pero si la utopía se diera, lo primero que haría es recordarles que el radicalismo proviene de ilustres personas y que hoy está divorciado de la sociedad. Y si no logra enamorarla nuevamente no va a trascender. Y para enamorar a la sociedad hay que ser un ejemplo de vida. No concibo a un político que tenga antecedentes de presuntos ilícitos en el manejo de la cosa pública.

 

Me gusta: Leer, entre mis autores favoritos están Heidegger, Nietzche, Hannah Arendt.

Me encanta: Darle transversalidad a mis conocimientos.

Me divierte: Ver deportes en directo.

Me entristece: Que Argentina no salga de la encrucijada que tiene hace 200 años.

Me enoja: La hipocresía, la corrupción, la falta de ética, la violencia en general.

 

-¿Cuál es su sueño hoy?

-Vivir un día más, y esto lo renuevo cada 24 horas, para permitirme conocer más de lo que me rodea y conocerme a mí mismo. Renuevo todos los días, ese día más.

 

Opiniones

Mauricio Macri

Lo voté porque soy parte de la alianza Cambiemos, pero lo voté fundamentalmente porque no compartía la ideología del gobierno anterior. Me decepcionó. Yo pienso que tendría que haber hecho un gran pacto nacional.

No cumplió con mis expectativas, no hizo esa fusión hacia adentro de participación a los socios minoritarios, tampoco hizo la apertura hacia afuera.

Juan Schiaretti

Lo leo y lo conozco bastante poco, lo único que puedo analizar es su política en salud y es malísima. Otro más que no dio el debate que tenía que dar. No me gusta nada su política sanitaria.

 

Martín Gill

Es una de las decepciones más grandes que he tenido en los últimos tiempos. Siempre pensé que alguien con sus conocimientos era capaz de resolver los problemas que teníamos. Y a medida que ha ido pasando el tiempo me ha ido decepcionando.

 

“Amo mi ciudad, creo que a muchas personas nos gustaría ser tenidos en cuenta para ocupar un cargo como el de intendente”.

Print Friendly, PDF & Email
Facebooktwittergoogle_plusFacebooktwittergoogle_plus