Paso de Ferreira con ranchos a la orilla del río

Que en el año 1684 cuando una importante extensión de tierras, en las cuales se incluían los terrenos que actualmente ocupa la ciudad de Villa María, pasaron integrar la propiedad de Diego Ferreira de Abad. Debido a esto, el lugar por el cual se vadeaba el río Ctalamochita, comenzó a denominarse Paso de Ferreira. Si bien no tenemos descripciones del paisaje en esos años, sí contamos con las impresiones que escribió José Sourryère de Souillac quien, en mayo de 1784, recorrió la zona.

 

De Francia al Río de la Plata

Este viajero que pasó por la región mucho tiempo antes que nacieran las hermanas ciudades de Villa María y Villa Nueva, era un francés nacido en Ciotat, en 1750. Esa localidad era un pequeño puerto cerca de la francesa localidad de Marsella. Siendo muy joven huyó de Francia luego de batirse a duelo y matar a su contrincante. Establecido en España consiguió trabajo dictando una cátedra de dibujo en los astilleros de Esteiros, luego pasó a cumplir actividades en la Academia de Arquitectura Naval, en la ciudad de Ferrol.

En Galicia contrajo nupcias con María de la Concepción Bouza y Sanjurjo. Pero España no adormeció su espíritu viajero y en el año 1773 llegó a la ciudad de Buenos Aires. Pidió al entonces gobernador y capitán general del Río de la Plata, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo dejara poner una escuela de matemáticas y trabajar como agrimensor. Terminó recorriendo grandes distancias como astrónomo comisionado en límites.

 

Sus escritos

Actualmente podemos leer a este europeo gracias a que en 1837 el encargado de la Imprenta del Estado en Buenos Aires, Pedro de Angelis, recopiló y publicó el “Itinerario de Buenos-Aires a Córdoba, por J. Sourryère de Souillac, primer astrónomo de la tercera partida demarcadora de límites de Santa Cruz de la Sierra”. Para los villamarienses este material es muy importante dado que allí el francés no sólo asentó sus medidas sino que también describió los paisajes que recorrió en aquel itinerario de 1784, incluyendo nuestro Paso de Ferreira.

 

En el libro encontramos detalles acerca de paisajes como el de Arroyo de Pavón, la posta de los Desmochados, Cruz Alta, Cabeza de Tigre, también del curso de agua denominado Saladillo, las posta de Gutiérrez y la del Zanjón, entre otros sitios.

 

En el proemio, Angelis deja asentado que el trabajo quedó incompleto y se ignora si en verdad el viaje del francés se completó arribando a Santa Cruz de la Sierra como habría estado planificado. El cuaderno original, que sirvió de base para la recopilación, sólo se encuentran datos del recorrido que va desde Buenos Aires hasta Córdoba. Entre otros numerosos lugares se encuentra referenciada la Posta de Fraile Muerto –actual ciudad de Bell Ville – donde el astrónomo pasó la noche. Allí demarcó “el Paso del Ferreira (sic), que es el del Río Tercero, al 0 2º NO, a la distancia de 13 leguas” –unos 75 kilómetros-.

 

El francés rectifica la demarcación de la posta del Zanjín y dejó escrito que el río se encontraba a una cuadra de la casa de postas. En relación al cauce de agua dijo que “su caudal mediano, su fondo firme, sus márgenes casi a pique de terreno” y en relación al resto del paisaje agregó que “…el pasto no sirve para los caballos; muchos árboles, chañares y sauces; los primeros sirven por su tamaño y calidad para fuego, estacadas y otros usos inferiores; los segundos, para carretas, y los terceros para tirantes”.

La banda norte

del río

Luego de haber recorrido seis leguas, partiendo de los terrenos que actualmente ocupa la ciudad de Bell Ville, Souillac llegó a la Esquina de Medrano. Desde ese lugar siguió camino al Paso de Ferreira donde, dice el autor, “…llegué de noche, y pasé a la banda septentrional, donde está la casa de posta: el camino, terreno, campos etc. son iguales a la mañana”. Es decir que pasó a la banda norte del río, donde actualmente está Villa María. Recordemos que los relatos ubican el Paso de Ferreira en la zona donde actualmente se encuentra el puente Alberdi. En relación al lugar escribió: “toda la orilla del río está poblada de ranchos, en donde siempre crían sus ganados y labran la tierra. No hay dificultad en pasar el río, porque su fondo es firme de arena, y su agua no excede de los pies, su ancho unos 115 pasos de caballos, pero en las orillas llegará a 160…”. En relación al agua del río y la vida que sostenía, detalló que la misma era buena: “tiene abundancia de pescado; como son surubíes, magurutices, sábalos, tarariras, bagres de tres clases, muchas bogas –no como las de Europa-, infinitos dorados, anguilas muy grandes, camarones, unos parecidos a sardinas, pero endentados”.

 

José Sourryère de Souillac, unos de los tantos que estuvo en estas tierras antes de que las mismas fueran propiedad de Manuel Anselmo Ocampo quien mandó trazar el plano de un pueblo, anotó que en la zona había muchos animales para la caza. Escribió que existían “toda clase de patos, palomas, perdices, chorlitos, becacinas, loros, cotorras, periquitos, avestruces, chajás y otros: liebres en abundancia, venados, guanacos –de esta banda N en adelante-, vizcachas, quirquinchos, de los que hay varias especies, como peludos, piches, matacos, mulitas, rubios, todos muy semejantes y de una misma especie, sólo el último tiene concha muy blanda. Hay también víboras, culebras y otros reptiles”. El astrónomo también señaló la existencia de un espejo de agua. Textualmente dice que “distante una legua del paso, y a una cuadra y media del río, hacia NE se halla una laguna de nueve varas de profundidad, y 50 ó 60 de ancho, casi circular, con infinito pescado”. En relación a la vegetación, y prestando especial atención a la hierbas medicinales identificó “oruzú, zuma –raíces-, canchalagua, jalapa o lechetrema, ruibarbo, mostaza, perilla, duraznillo, llantén, achicorias, malvaviscos, hinojo y contrayerba”.

 

Por la mañana José partió desde la Posta de Ferreira, entonces ubicada donde hoy está Villa María, hacia el paso de Río Segundo, antes transitó por la posta de “Tío Pugio” (sic).

Este año Villa María cumple 150 años de existencia, recordar cómo eran estas tierras hace 233 años quizás nos ayude a entender los procesos y la relatividad de los hitos inaugurales que fijamos. José Sourryère de Souillac nos lleva a pensar en los paisajes antes de que se desarrollara el proceso fundacional de la ciudad.

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