El Diario del centro del país

Playas, bohemia y mucha paz

Viajeros Villamarienses/Punta del Diablo (Uruguay)


Punta del Diablo es un pueblo tranquilo, pero muy activo, súper interesante, y dueño de una idiosincrasia muy particular. Está dividido en dos sectores urbanos: uno más residencial y otro más joven y descontracturado, digamos. Fue el destino final de nuestro viaje por Uruguay. Veníamos de visitar diferentes lugares, y este pueblo nos pareció el sitio indicado para descansar y dedicarnos simplemente a conocer sus paisajes, sus playas, y su gente… desde todo punto de vista fue la decisión correcta.

 

-¿Pudieron palpar la “bohemia” de Punta del Diablo? ¿Cómo definirías a la idiosincrasia de esa región?

-Claramente la bohemia de Punta del Diablo es un aspecto que uno nota desde el momento en que pone un pie en el pueblo. Aquello se potencia durante las noches, cuando es normal al caminar por la playa y ver grupos de gente haciendo música, practicando la murga, curando tambores, tomando algo, haciendo un fogón, etcétera. Nos llamó la atención que en todos pero en todos los lugares donde uno se va a sentar a comer, tiene música en vivo. Se ve que hay una movida cultural muy desarrollada. Es muy común encontrarte con manifestaciones artísticas en la calle también. Y si eso se da, uno nota la parsimonia y tranquilidad tan característica del uruguayo, que no va a estar ni cerca de enojarse por verse impedido de transitar con su auto: se queda esperando tranquilamente, como si no tuvieran necesidad de ir a ninguna parte ni necesidad de llegar en ningún momento.

 

-Comentanos más sobre ese carácter tan especial que tiene el uruguayo en general.

-Sí, las características del uruguayo, esa tranquilidad y paz que llevan encima, nos parecieron evidentes en cada encuentro que teníamos con ellos. Su cadencia, su no apuro por nada. El mejor ejemplo de ello creo que se da con el tema del tránsito, y no solo en Punta del Diablo, sino en todo el país, Montevideo incluido. Nos daba la sensación de que podías cruzar las calles con los ojos cerrados, porque los locales te frenan aunque te cruces por el medio de la cuadra. Y es como si esa situación no les generara ningún tipo de sentimiento de esos que nos generan a nosotros los argentinos, la frustración ante una “interrupción vial”, por decirlo de alguna manera. En general, la gente nos pareció en todo el país increíblemente amable, atenta y siempre dispuesta, como si no estuvieran yendo a ningún lado ni les estuvieras demorando la vida en absoluto.

 

-Hablando de comportamientos y cultura autóctona ¿En Punta del Diablo también se da aquel “amor incondicional” del uruguayo con el mate?

-Totalmente. Lo que nos parecía una especia de cliché antes de llegar, se convirtió en una certeza: el fanatismo de ellos por el mate. Cada persona tiene el suyo. Si hay cinco personas reunidas en una plaza, los cinco tienen su propio termo y mate. De hecho, ese comportamiento nos llevó a nosotros mismos a aprender sobre técnicas de cebado, e incluso a como caminar sirviéndote con el termo en la axila.

 

-Bueno, vamos a lo más “turístico”: en términos de lugares y espacios por conocer, ¿qué es lo mejor que tiene el pueblo?

-Las playas. En particular, tiene dos bien diferenciadas. Del lado sur está la Playa de la Viuda, que es muy extensa, con muchísima arena, muy llana, pero de difícil acceso, porque hay que cruzar a pie unos 500 metros de médanos muy altos, que también son bonitos. En cambio, la playa de los pescadores, está en el sector más “bohemio”, y es también preciosa, con piedras y barquitos de los pescadores y cantidad de paradores. Son las dos opciones principales si de pasar un día de verano se trata, aunque hay varias playas más, como la Grande, por caso.

 

-¿Y fuera de lo que es la vida de playa?

-Caminar por el pueblo es de por sí una actividad recomendable. Pero además tenés muy cerca el Cerro Verde con sus senderos y ambiente ecológico con vistas al mar, y sobre todo el Parque Nacional Santa Teresa. En este último se pueden visitar la pileta natural de El Chorro, un precioso rosedal, el espacio dedicado a la protección de animales en peligro de extinción conocido como “La Pajarera” y fundamentalmente la Fortaleza de Santa Teresa, que fue construida a mediados del siglo XVIII por los españoles y también perteneció a los portugueses. Es una muy buena opción para aprender sobre la historia uruguaya.

 

Pasaporte

Nombre: Natacha Trobbiani

Edad: 44 años

Profesión: psicóloga

Lo que más me gustó: la Playa de los Pescadores, la cultura desestructurada y la gente en general.

Lo que menos me gustó: los precios, que no son del todo accesibles. Y la falta higiene en algunos barcitos.

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