El Diario del centro del país

Plaza Ocampo a manos privadas

ANTECEDENTES

Escribe Jesús Chirino
Nota Nº 550

a que actualmente conocemos como Plaza Manuel Anselmo Ocampo, ubicada en el corazón del sector céntrico de la ciudad, está arraigada en la identidad ciudadana de quienes amamos Villa María.

El lugar no siempre tuvo el mismo nombre pero sí se ha expresado en diferentes momentos históricos el interés, de parte de los gobernantes de turno, en sacar esos terrenos del patrimonio público para entregarlos a manos privadas.

Hace pocos años se intentó darla a inversores privados, tal cual se pretende actualmente, pero existe un antecedente de una transacción similar a finales del siglo XIX cuando, parte de la Plaza, fue donada a una empresa ferroviaria.

 

Cambios de nombres 

Manuel Anselmo Ocampo fue el propietario de estas tierras donde ordenó delimitar una población, nombrada Villa María, por ello es señalado como fundador de la ciudad.

Fue en el año 1932 cuando, mediante ordenanza municipal se le impuso su nombre a la plaza que, hasta entonces, era conocida como “Plaza de Ejercicios Físicos”. Tiempo antes había tenido otras denominaciones, como “Plaza del Oeste” o “Manuel Belgrano”. Este último nombre le fue impuesto bajo la Intendencia de Fermín Maciel, en el año 1896. Así consta en el libro de acta del Concejo Deliberante. En esos mismos libros quedó escrito que en la sesión del 30 de noviembre de ese año, se le dio ingreso a un informe producido por los municipales -tal cual entonces se designaban a los concejales- de la comisión de Obras Públicas “…aconsejando la aprobación de un proyecto referente a la denominación de las cuatro plazas de la ciudad, con la modificación de Plaza Colón a la que en el citado proyecto se denomina 12 de Octubre” (actual Centenario).

En otra acta, la correspondiente al 28 de diciembre del mismo año, puede leerse que el intendente consultó si el municipio tenía facultad para nombrar las plazas. Como la respuesta fue afirmativa el Concejo resolvió aprobar el informe de la comisión de Obras Públicas, “…quedando por lo tanto las plazas con el nombre siguiente: la plaza este, con el nombre de Independencia, la sud con el de San Martín, la oeste con el de General Belgrano y la norte con el de Colón”.

Como puede notarse dos de estos espacios mantuvieron esas designaciones, en tanto que los dos restantes modificaron sus nombres, es así que la Colón actualmente se conoce como Centenario y la General Belgrano es la Plaza Manuel Anselmo Ocampo. Durante la misma Intendencia de Fermín Maciel, se donó parte de la plaza.

 

Argumentando la inutilidad de la plaza

Fue el sexto día, del quinto mes, del año 1898, cuando el intendente le escribió al gobernador de la provincia, doctor J. Figueroa Alcorta diciéndole que “…el administrador del Ferro Carril Nacional Andino, autorizado convenientemente por la Dirección General de Ferro Carriles Nacionales…” pretendía construir una estación ferroviaria para desligarse “de la empresa del Central”. El lugar elegido era la plaza que entonces se denominaba General Belgrano, actual Manuel Anselmo Ocampo.

Desde la Intendencia se justificaba la posibilidad de entregar la plaza señalando que la misma no prestaba servicio alguno y que tampoco lo haría en el futuro pues, decía, “no está librada al público”. Como si librarla al público no fuera competencia del Gobierno local.

Por su parte la empresa ferroviaria se comprometía a ocupar la mitad de la plaza y realizar jardines en la otra parte, a la vez que ofrecía “diez años de uso gratis de la vías a la Municipalidad”. Desde la argumentación municipal parecía que la plaza solo tendría utilidad siendo cedida a la empresa privada.

 

Autoridades locales sin conocimiento de las normas legales

El 8 de junio, habiendo pasado un mes del escrito del intendente, en el Concejo Deliberante se leyó la respuesta del ministro de Gobierno, apellidado Campillo. La autoridad provincial había escrito su nota el 14 de marzo de 1898, dirigiéndose al intendente municipal comunicando que el gobernador de la provincia había tomado conocimiento de la solicitud de tramitar autorización de la legislatura provincial para donar terrenos municipales. Pero, decían las autoridades provinciales, el municipio es autónomo y, al elevar dicha solicitud, los locales desconocían las leyes e instituciones que regían. Ante esta respuesta los concejales pusieron mano al asunto y, en la misma sesión, aprobaron una ordenanza cuyo primer artículo dice que el municipio hace “…donación a la Empresa Nacional de Ferro Carril Andino de la mitad de la plaza General  Belgrano… para la construcción de una Estación Terminal de dicho ferrocarril”.

La misma norma legal estableció el plazo de un año para el inicio de la construcción, de no cumplirse el mismo, quedaría “sin efecto la donación”.

Mediante la misma ordenanza municipal se permitió “cerrar provisoriamente, al Ferro Carril Nacional Andino, las calles La Rioja, Salta y Jujuy, debiéndose proceder a su apertura cuando” la Municipalidad lo ordenara.

 

“Medida imprudente felizmente frustrada”

La ley municipal fue aprobada por mayoría, pues no todos estaban de acuerdo. Es más, en la página 91 del libro de acta del Concejo se escribió, acerca de ese momento, “…entró al recinto el concejal N. Pedraza y enterado qué fue del contenido de la nota del ministro y lo resuelto al respecto de la misma, manifestó que no estaba conforme en donar el terreno de referencia a la Empresa de Ferro Carril Nacional Andino y que así se hiciese constar”.

El 14 de junio de 1898 el intendente Maciel remitió una nota a la ciudad de Río Cuarto, comunicándole al ingeniero Dominico, administrador del ferrocarril Andino, el texto de la ordenanza, pero la empresa nunca pudo quedarse con la plaza.

En el Tomo II del Plan de Desarrollo de la Ciudad de 1967, coordinado por Antonio Sobral, la donación fue denominada como “una medida imprudente felizmente frustrada”. En realidad no fue concretada gracias, tanto a que se venció el plazo impuesto para iniciar la obra como por otro tipo de inconvenientes. El intendente que donó la plaza, Fermín Maciel, presentó su renuncia al cargo el  26 de julio de 1898. Ese día, en la sala del Concejo Deliberante, fue leída su renuncia con carácter de indeclinable. A diferencia de cuando se trató la donación, la dimisión del intendente fue aceptada de manera unánime.

Pero el de Maciel no es el único antecedente de entrega de esta plaza. Como ejemplo podemos recordar que durante el año 1914, Antonio C. Broggi, siendo presidente de la Comisión Administradora Municipal, ofreció donarla para construir una escuela. Debe aclararse que en el caso de Broggi no se pretendió entregarla a manos privadas, pero igual se quiso terminar con la Plaza Manuel Anselmo Ocampo, la cual pareciera que cada tanto quiere ser retirada del patrimonio municipal.

Actualmente existe un proyecto, bastante  avanzado, que contempla su entrega a empresarios privados. Pero la historia se continúa escribiendo y quizás en unos años podamos decir que la ciudad aún cuenta con las cuatro plazas que figuran en el plano municipal de 1883.

 

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