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¿Quién gana con la leche?

Si bien los últimos números refieren un repunte, 2018 cerró con un balance negativo para la cadena láctea

APYMEL – Informe sobre una cadena frágil

Desde Apymel elaboraron un informe en el que da cuenta que ni el productor ni la industria y ahora, ni siquiera el comercio, ganan con la lechería. Aseguran que el único socio beneficiado es el Estado

En la cadena láctea, todos los eslabones pierden”, sentencia el último informe de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel).

Aseguran que, a partir de los datos de 2018 “la leche no es negocio para nadie, salvo para el Estado recaudador”. “Hace años que el productor pierde, pero ahora la novedad es que también pierden el industrial y el punto de venta. En efecto, en el acumulado de enero a noviembre de 2018 (último dato relevado), la producción perdió $ 11.778 millones, y la industria, $4.102 millones, mientras que los comercios tuvieron una caída del consumo de lácteos de 19,8%”, indicaron.

A todos estos datos, surgidos de un informe del Instituto Argentino de Profesores Universitarios de Costos y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), “hay que agregarles que la cadena tiene un socio más que se lleva su parte”. “Se trata del Estado, que por la vía de impuestos se queda con el 40% de todo lo facturado, según destaca Pablo Vernengo, director de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME)”.

Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, confirma que la situación del productor lechero venía mal desde hacía años, pero que a eso ahora hay que sumarle el mal momento del siguiente eslabón de la cadena. “De 2017 a la fecha, en forma inédita, el sector industrial también empezó a dar pérdidas, en un contexto de elevación de sus costos operativos, ecuación que se agrava con la caída del consumo interno, que hace que no pueda compensar esos mayores gastos con aumentos de precios”, explica el economista.

Según el Informe de la Mesa Agroalimentaria de la CAME, los lácteos de consumo masivo aumentaron sus precios 44,3% entre noviembre de 2017 e igual mes de 2018, mientras que el volumen se contrajo 19,8%, siendo una de las categorías de mayor caída. Eso no es todo: la facturación se incrementó solo 15,7%, frente a una inflación anual que casi triplicó esa cifra.

Vernengo dice que se llegó a este punto en el que todos pierden a raíz de un cóctel muy negativo: precios internacionales bajos, problemas de eficiencia, baja presencia del Estado (que no incentiva con créditos para lograr mayor productividad), caída del consumo interno del 4% según datos oficiales, y alta concentración en tres empresas (Saputo, SanCor y La Serenísima), que tienen un fuerte poder de negociación en temas que impactan a toda la cadena láctea.

En este contexto, uno de los problemas más evidentes para los tamberos es el bajo precio que reciben por cada litro de leche. Según la Secretaría de Agroindustria, el precio promedio nacional recibido por los productores es de $9,28. Ese valor, según Di Pace, está entre $1,5 y $2 por debajo de los costos de producción.

“Además, hay que considerar que uno de los principales costos del tambero es la alimentación, un rubro que está dolarizado y que, por lo tanto, en 2018 pegó un salto de 100%. En tanto, los costos no dolarizados tampoco paran de crecer: la presión impositiva es asfixiante y los productores se endeudan a tasas altísimas ya no para crecer, sino para cubrir deudas”, afirman desde Apymel.

Vernengo subraya que en este contexto no extraña que siga el cierre de tambos. “Nunca se defendió al productor, que es el primer eslabón en la cadena de valor. Además, no se tiene en cuenta su importancia como generador de empleo: el tambo emplea 35 personas por cada 100 hectáreas, mientras que la producción de soja en la misma unidad de superficie sólo requiere 0,5 empleado”.

En tanto, por el lado de la industria láctea (sobre todo, las Pymes), la principal preocupación es el incremento de costos (materia prima, insumos, tarifas de servicios, combustibles e impuestos) y el transporte, tanto para buscar la materia prima a los tambos como para llevar los productos a la cadena comercial.

Pablo Villano, presidente de Apymel, dijo que es imposible trasladar los mayores costos a los precios en medio de una caída del consumo. “A eso hay que sumarle todo un entorno de diferimiento de los pagos, altas tasas de interés, falta de financiamiento y endeudamiento del sector”, acota.

Según Luciano Di Tella, industrial y especialista del sector, las industrias están muy mal, porque, en medio de la actual coyuntura de crisis, el tambero presiona para que se le aumente el valor del litro sin entender que el industrial está muy mal. Es una pelea de pobres”, concluye.

¿Y qué pasa con los comercios? Si bien el precio de la leche en la Argentina siempre fue de los más altos del mundo ($37 el litro), la facturación derivada de los lácteos en los puntos de venta creció por debajo de la inflación. “La caída del consumo hizo que en medio de una inflación alta los precios de algunas categorías bajaran, pero ni siquiera así se logró aumentar su consumo”, destaca Di Pace.

Resulta interesante ver cómo se forma el precio de la leche en la Argentina. Según detalla Luciano Di Tella, la cadena es así: el productor cobra $10; la fábrica le suma otros $10, por lo que sale de ahí a $20; el transporte implica $6, por lo que llega al comercio a $26; a su vez, el comerciante le agrega unos $11, por lo que se llega a un precio final de $37. Pero, como se dijo, 40% de ese valor se lo lleva el Estado, mediante impuestos como IVA, Ingresos Brutos y otros.

Buscar una salida en el comercio exterior, como hacen otros sectores, tampoco se vislumbra muy viable. Tal como señala Villano, el nuevo gobierno del principal comprador, Brasil, ya anticipó que bajará los aranceles extra-Mercosur, con lo cual la Argentina se verá con menos ventaja competitiva que antes para colocar su producción.

Hay que recordar que en 2018 se produjeron 10.000.000 de litros, de los que 20% se destinó a exportación. Del 80% restante, 60% fue a quesos; 18%, a leche fluida, y el resto a yogures, postres, dulce de leche y helados, entre otros.

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