El Diario del centro del país

Recuerdos de Sanabria

Segunda parte

Escribe Luciano Pereyra

Julio Benítez.

“…Mi llegada a Sanabria se produjo cuando había cumplido 10 años, 1945. Mi papá fue nombrado jefe de la Estación que pertenecía al ramal Rufino-Villa María del ex Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (FCBAP) que a partir de la compra realizada por el Estado cambió de nombre por el de Ferrocarril General S. Martín. Los trenes de pasajeros partían de Rufino los martes y llegaban hasta estación Villa Nueva, descendiendo allí quienes tenían boleto hasta esa estación. El tren continuaba hasta la estación terminal del ramal ubicada en la esquina (ahora parque) frente a la Escuela Rivadavia. Tanto los trenes de pasajeros como los de carga, cuando traían mercaderías de importante peso las descargaban en el galpón ubicado donde hoy se encuentra el Bomarraca, cuyo piso estaba a la altura del piso de los vagones, singular medida ya que no existían hidráulicas, así nomas arrastrando. Desocupado el tren de pasajeros éste pasaba a la vía donde está (ahora negra, antes roja) la manguera para surtir de agua, a la locomotora y a los baños. Ese tren ya listo, limpio, con combustible y demás salía los viernes por la mañana de regreso a Rufino. En esos momentos era indescriptible la alegría del público que llegaba a las estaciones para ver el tren signo elocuente de asombro, alegría, llegaban por ese medio los diarios, revistas y/o algún libro pedido para abonar contra rembolso, que un empleado ferroviario cobraba al cliente desde el vagón-furgón…”

“…Los trenes de pasajeros tenían un coche de primera con asientos tapizados y uno de segunda, éstos con asientos de madera, lustrados. Los trenes de carga tenían otros horarios, según las épocas, pasaban dos o tres por día, con cargas de y hacia los puertos o las estaciones intermedias…”

“…En el cuadro de la estación existían dos galpones para que los agricultores almacenaran sus granos, hasta conseguir vagones para el puerto. Algunos campesinos tenían galpones propios en sus campos para evitar pagar el alquiler al FC, que eran bastantes salados (sic). Sanabria y su vida diaria estaba también determinada dado que cuando yo llegué ya estaba terminado el pavimento, por donde pasaban muy pocos autos y la Empresa Iglesias, propiedad de un señor que era de Ucacha o de Chazón (con el tiempo llegó a lo que es hoy, Córdoba y/o Coata). Su servicio suplía la falta de más trenes de pasajeros, para poder viajar por distintos motivos a otros lugares…”

“…En la parte norte del cuadro de la estación estaba instalado un brete para bajar hacienda de los carros o camiones y tenerlas allí con agua y comida hasta la llegada del próximo tren de carga que llevaba los animales a Liniers o a los puertos para exportar. Los primeros días de cada mes llegaba una máquina con un furgón con el dinero para abonar los sueldos, esto se realizaba de tal manera…Yo no recuerdo haber escuchado que alguna vez haya existido un robo. Este movimiento era lo más importante, dado que las empresas de remates ferias y/o estancieros importantes de la zona utilizaban el servicio…”

“… Del movimiento ferroviario, paso a detallar (lo que mi memoria ha guardado) nombres y trabajos de los habitantes de Sanabria hasta que mi papá fue trasladado a Villa Nueva, ascendido por su meritoria actividad, para él, el ferrocarril era suyo, por eso tuvo reconocimientos de cuando eran de los ingleses. Al jefe de estación lo acompañaba un ayudante para toda tarea, limpiar, pintar, hacer maniobras…”

“…Frente de la estación funcionaba el restaurante de don Fausto Córsico, con dos o tres habitaciones para hacer una etapa y además vendía nafta YPF que expendía con los antiguos surtidores a manija. La gente de campo muy agradecida. Un poco más lejos la iglesia que se abría en determinadas ocasiones, actuando un sacerdote que enviaban de Villa María. Al lado un campo de don Francisco Maldonado, hombre de buen pasar económico, integrante de la sociedad de Villa Nueva y Villa María. Frente al surtidor vivía Fausto con familia, esposa y dos o tres hijos. Uno de ellos Carlos, ahora internado, fue mi compañero de andanzas por esos campos libres de grandes peligros, todo nos llamaba la atención…”

“…Siempre frente a la estación vivía la familia Gómez que atendía un bar-comedor con actividad días domingos y feriados, bochas, truco, taba, posiblemente alguna pulseada o una riña de gallos. A su lado dos hermanas de apellido Tais, una era Angela (de la otra) no me acuerdo…”

“…El almacén de don Hermenegildo Monasterio, su esposa y sus cinco hijos fue todo un lujo por su bonhomía, su panadería a carbón, donde con los amigos les ayudábamos a sacar el pan, biscochos y demás, por supuesto sacando algo para comer, pasando de mano a mano, hasta que se refrescara y poder por fin comerlo. Un verdulero de nacionalidad búlgara, excelente persona, quien luego volvió a su patria. La familia de apellido Cañas, entre campo y otros menesteres eran quien faenaban ahí nomás, a la vista de los clientes que estábamos con la fuente esperando, delante nuestro aplicaban el tajo en el cogote del animal, que por varios minutos intentaba sobrevivir, lo colgaban  de las patas lo elevaban con un soga por medio de una polea, la sangre se juntaba en tarros de leche para hacer morcillas. De inmediato empezaban a cuerearlo, a desarmar hasta liquidar la existencia. Esa carne, caliente de animal sufrido era lo que comíamos por la década de 1940, sin heladeras, se resguardaba de las moscas colocándola en una fiambrera de  tejido, que se colgaba a la sombra, hasta que desangrara…”

“…En la esquina otro bar comedor de la familia Lombardo, cuyo hijo Juan Carlos era el estafetero que vendía las estampillas para simples, certificadas y expresos, tanto de cartas como de encomiendas que entregaba en el coche furgón del tren de pasajeros. Juan Carlos fue nombrado como empleado del Banco de la Nación y mi papá se hizo cargo de la estafeta, que me dio a mí para atenderla. Sólo yo sé el orgullo, alegría, responsabilidad cuando al cerrar la caja le entregaba todo bien a mi papá. En Sanabria y conocido por mucha gente, yo fui el pibe de la Estación Sanabria…”

“…A partir del levantamiento de ramales que daban pérdidas, Rufino-Villa Nueva, a partir de 1962/1963, la estación de Sanabria fue usurpada, nadie pudo detener los robos que se produjeron. La casa de familia estaba compuesta por dos dormitorios, un comedor, cocina y baño y tenía una habitación para dormitorio del ayudante, alejado varios metros de la estación…”

 

Mariana Canelles.

“…Yo amo a este pueblo, tengo los mejores recuerdos de mi infancia, un pedacito de mi corazón siempre está allá. Mi abuelo, Antonio Canelles, fue nativo, integró la comisión protemplo. Mi papá Daniel Canelles, integró la comisión cooperadora de la escuela, fue el presidente durante muchos años. Se realizaban campeonatos de fútbol, cenas, bailes y mientras fui a la escuela supimos participar de los desfiles en Villa Nueva. Entre las familias que recuerdo puedo destacar los Reinaldi, Cazzola, Bailone, Rudiero, Albera, Vesprini, Córsico, Calderón, Pepino, Peralta, Bergami, Pusetto, Keller, Brizzio, Bergese, Maldonado, Castellano…”

 

Carlos Córsico

Don Carlos Córsico.

Carlos Córsico, nació el 6 de noviembre de 1935, en Sanabria, provincia de Córdoba, recorrió distintas escuelas primarias entre las localidades de Sanabria, Ausonia y Villa Nueva, finalmente egresó como mecánico en la escuela “Del Trabajo” de Villa María. Su abuelo Celestino fue capataz de la cuadrilla ferroviaria que construyó la estación Sanabria y su padre Fausto, fue recibidor de cereales, propietario de una fonda ( bar-comedor) y un surtidor de combustible YPF, entre los cuales se encontraba el “agrícol” (combustible de bajo costo utilizado para maquinarias agrícolas).

Vivió hasta el año 2016, en Sanabria, luego fue trasladado al asilo municipal de ancianos de Ausonia, donde actualmente reside. A continuación compartimos su testimonio.

“…mi abuelo vino de Italia y mi padre tenía nueve años, mi abuelo Celestino Córsico era capataz de la cuadrilla del Ferrocarril Pacífico, justo fueron a hacer la estación del ferrocarril en Sanabria. Guerra y Burgos eran los dueños de todo y después dieron tierras para hacer todo, el pueblo y la iglesia. Mis padres tenían un bar, que en la época se llamaba fonda, era bar y daban de comer. No era en la casa donde yo vivía, era donde ahora estaba la casa de Pepino, la casona ya fue demolida…”

“…Mi padre Fausto Córsico, tenía la fonda, era recibidor de cereales y además en mi casa tenía un surtidor YPF, que después lo sacaron para poner la estación de servicio en Ausonia…Sanabria tenía mucho movimiento… la gente se ha muerto o se ha ido a Villa Nueva… yo no fui más… no puedo caminar casi… nosotros éramos cinco mis dos hermanos fallecieron, si yo no me hubiera venido acá no sé…estaría destruido moralmente…yo he dejado la vida ahí…”

“…yo nací en Sanabria, estuve hasta los 80, después me vine acá a Ausonia y de acá no me voy más, acá me recibieron muy bien, el 15 de enero de 2019 va a hacer tres años…cuando era chico era distinto, éramos todos amigos, arreglaba motos, una vez armamos un Ford “T” para correr en un circuito que habían armado los Vesprini. Viajaba siempre a Villa Nueva o Villa María, mis padres se enfermaron y me dediqué a cuidarlos hasta su muerte…quedé completamente destruido…yo si hubiera seguido en Sanabria…no sé, no tenía luz, el agua era un problema había que sacarla de la bomba, que se rompía y no se conseguían los repuestos…yo le tenía miedo al geriátrico, tenía miedo, pero fue todo al contrario desde el primer día me atendieron muy bien, yo estoy muy agradecido de esta gente principalmente de Laura Vilches…”

“…el primer club fue el Juventud Agraria, después Boca…el nombre viene porque los Vesprini jugaban al fútbol con los Rudiero de Villa Nueva, que eran de River, entonces dijeron le vamos a poner Boca, yo fui secretario y tesorero, se hizo el salón el 24 de octubre del 64 con el aporte de los donantes, gente del campo…todas las orquestas de ese tiempo vinieron a Sanabria…Cuarteto Leo, Heraldo Bosio, Bartolo Beltramo, Cuarteto Imperio y Alberto Echagüe que fue cantor de Juan D’Arienzo…”

“Sanabria estaba muy cerca de Villa María y Villa Nueva, se lo tragaron…acá en Ausonia es distinto, aparte en Sanabria al no tener Municipalidad los sitios quedaron sin dueños o sin papeles…donde era la cancha de fútbol no tenía dueños, me da tristeza ver la gente cómo vive ahora, algunos en carpas, a mi casa cuando quedó sola, me la dieron vuelta, me llevaron todo, cuatro veces entraron, no me quedó nada perdí todo, en ochenta años no pasó nunca nada, en verano dormíamos con la puerta abierta, la gente de antes jamás tocaba nada…ahora hay un comedor comunitario, lo que ha pasado en Sanabria es dramático, es muy difícil vivir ahora…”

Print Friendly, PDF & Email

En la misma categoría

Intendencia interina de Antonio Cataldi – 1891

Noemí Bramardo

Universo pop en versión orquesta

Juan Pablo Morre

Alto Alegre: su riqueza entre las colonias

Alexis Loudet