Recuerdos que el tiempo no se llevó

Escribe: Nancy Musa

Recuerdos. Las escenas del tiempo pasado, que para algunos fue mejor, viajan velozmente por la memoria. Van y vienen, se escapan, se diluyen en el pasadizo de los años. Tratamos de retenerlas, de fijarlas para tener cierta certeza a la hora de transformar en palabras los momentos vividos con el corazón abierto.

Ese festival de peñas que dio sus primeros pasos, a finales de la década del 60, con el folclore en el rol protagónico.

Recuerdos de esas noches en que si el vino venía, venía la vida. Los artistas no se disfrazaban de estrellas ni andaban con guardaespaldas. Los artistas compartían el vino y la vida en el quincho con su pueblo, con el público amante de la zamba, la chacarera. Nostalgia de la fuerza del Potro, que se fue a decir sus coplas al Tata Dios porque el cantor nunca se calla.

Remenbranza de la voz seductora de Pedro Favini y esos versos que agitaban la platea. “Me gusta vivir la noche, la noche entera, cantar con una guitarra un buen poema, y ser informal a veces me queda tierno. Por eso es que a mí me dicen que soy bohemio.”

Nostalgias de escuchar las risas locas que provocaba don Luis con su poncho y sus historias tranquilas y campechanas. Evocación del Tito Suárez. Y la lista es larga, Los Carabajal, Los Tucu Tucu, Los Chalchaleros, Los Fronterizos, el Chúcaro, los ballets con su despliegue, Hernán Figueroa Reyes, la Negra Sosa, entre tantas figuras de nuestra música tradicional.

 

Cielo estrellado

Pasaron años y todo se fue transformando. El Festival dejó poco a poco de ser peña para vestir el escenario con otros ritmos. Y la luna reflejada en el lago se rodeó de “estrellas del espectáculo”.

Algunos artistas dejaron de compartir momentos en el quincho, llegaban y se iban escondidos de los fans que pugnaban por cosas simples, tocarlos o sacarse una foto.

Sí, todo se transformó. Los cantores populares enredados en la “fama”, esa visitante pasajera, fueron absorbidos por el marketing, los contratos exclusivos y las luminarias de los canales porteños.

Soledad, de pronto dejó de estar sola. La chica simpática, audaz y generosa con los periodistas llegó un día rodeada de tipos grandes que nos empujaban y nos impedían acercarnos. Para entrar a su pago había que golpear. Todavía permanecen en el baúl de las anécdotas, los codazos recibidos al tratar de abordarla para hacerle una pregunta, para cumplir con nuestro trabajo.

El precio de la fama, vio, el precio de andar por el tren del cielo. Voy, voy llegando al sol / Ven, que nos lleva el viento / Ahora voy, llevo mi emoción / Voy por el tren del cielo…

 

Y se les vino la noche

“Somos del pueblo que nos ha acunado, el mismo pueblo que no se rindió

cantamos siempre para dar batalla, porque creemos en el amor”

Los Nocheros un año cambiaron de dueño, dejaron de ser del pueblo que los acunó para rendir cuentas a un canal de televisión. Y se les vino la noche, los periodistas se rebelaron y les hicieron sonar sus grabadores en señal de protesta. Fue en el año 2002, fue el grabadorazo.

La agrupación de los Teruel recibió, desde sus inicios, el apoyo de los medios de comunicación de la región. Cuando en Buenos Aires nadie les comía el corazón a besos, a la vera de nuestro río se difundían sus temas y promocionaban sus actuaciones.

Pero, siempre la maldita palabra, un día el estrellato los estrelló en la sala de prensa.

Los muchachos hicieron cortar las transmisiones de las radios a la hora de su show y la réplica se hizo sentir.

Imposible olvidar la cara de Mario Teruel y demás integrantes del grupo cuando bajaron a la conferencia de prensa y los representantes de los medios nos retiramos sin decir palabra.

Una de las tantas anécdotas que luego pasaron al cajón del olvido.

 

Con el oro bajo techo

A 49 años de su primera edición, el Festival celebra sus Bodas de Oro. Cincuenta festivales que guardan miles de pañuelos agitados en el aire, miles de espectadores de airoso perfil y cadencia al bailar por los pasillos de un Anfi majestuoso bajo el cielo estrellado y la luna coqueteando en el lago.

Festivales que han vibrado por los cielos de las bagualas. “Desde el sol de mi pueblo arderá mi sed de guitarra, revoleando los ponchos, todos la bailan y cantan.”

Festivales que han llenado las calles de la Villa, que al compás de la zamba vinieron para este pago dejando las penas por ahí.

Los vientos de cambio soplaron y el oro ya tiene techo, tribunas, láser, humo y nuevo escenario.

Cincuenta peñas con notables ausencias y nuevas presencias.

Lo más importante es que no se calle el cantor porque como expresaba Don Horacio “si se calla el cantor muere la rosa, de qué sirve la rosa sin el canto, debe el canto ser luz sobre los campos, iluminando siempre a los de abajo.”

¡¡¡Felices Bodas de Oro!!!

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