LAS MOJARRAS - Patronales
Honor a San Bartolomé
La comunidad veneró a su santo protector con eventos tradicionales y el reencuentro de la familiaCada 24 de agosto se conmemora el Día de San Bartolomé, uno de los doce apóstoles de Jesús. Este santo es el Patrono de Las Mojarras, que el domingo pasado celebró sus fiestas patronales. Ante la alegría que ese día circulaba en el pueblo, es lícito preguntarse ¿Qué hace que uno se considere de tal o cual pueblo? No es una cuestión de lugar de nacimiento, pues se lo puede adoptar. La importancia que se le da a ese lugar tampoco deviene de la extensión del territorio que cubre su pedanía, ni por la cantidad de edificaciones o el número de pobladores. El porqué uno pertenece a un lugar tiene más que ver con cosas mínimas, pero importantes: los escenarios del juego infantil, la calle por donde caminó con las primeras alegrías y, también, aquellas angustias que despertó algún amor adolescente, o la casa donde sabíamos que la familia esperaba. Uno es de ese lugar adonde siempre se puede volver, y se vuelve, quizás después de años de no visitar esa tierra que tiene los primeros aromas que recordamos. Algo de todo esto se sintió este domingo durante las fiestas patronales de Las Mojarras, una pequeña población que se encuentra sobre la ruta 158.
El pueblo se llenó de gente que regresó por un rato y compartieron la misa y procesión religiosa, el chocolate en la escuela Malvinas Argentina y el almuerzo en el salón de fiesta. El paisaje en el almuerzo estuvo marcado por la orquesta en el escenario, las miradas que escrutaban caras y la sorpresa de los que se reconocían. Las expresiones de alegría al recordar alguien que no está, pero se hizo presente mediante el comentario de algún pariente, vecino o amigo. La mayoría de los presentes fue gente grande de edad, pero todos regresaron a su pueblo, acompañados con amores que encontraron en otros lugares y se reencontraron con los pocos vecinos que aún viven en el lugar.
Y todos y todas regresaron a sus primeros años. Se escucharon comentarios de los que identificaban dónde estaba la panadería de los Brusasca, la Comisaría, los tres boliches, la casa de la chica o el chico que les gustaba, los calabozos que ahora tienen otro uso... Todos reunidos en el almuerzo, sentados alrededor de mesas redondas, cada tanto se levantaba una mano, la mirada y la voz, que atenuaba el ruido del salón para saludar a alguien recién descubierto. La orquesta siguió con su música y el baile mostraba la alegría del reencuentro. Entre los locales que aún viven en el lugar estaba, entre tantos otros, Antonio “el Negro” Mena, repasando historias, contando cosas de otros tiempos. En la región de Villa María y Villa Nueva, las poblaciones más grandes en la zona, existen muchos pueblos y parajes donde actualmente solo vive un puñado de vecinos, pero todos tienen alguna fiesta durante el año que reúne a muchos otros que mantienen lazos con el lugar. Son bailes, procesiones, populosos encuentros donde se fortalecen los vínculos entre quienes sienten como propio esos lugares.
Cada paraje, cada pequeño pueblo tiene su historia, su identidad. Entender eso es importante y debe ser valorado y respetado, incluso si en algún momento, como puede pasar con Las Mojarras, quedan incorporados a la pedanía de otra localidad más grande.
