Remolino del saber

PROPUESTA/Museo Rocsen

Dónde: inmediaciones de la localidad serrana de Nono. Cuándo: De lunes a domingo, de 9 a 19

Recostado en una esquina perdida del Valle de Traslasierra, el Museo Polifacético Rocsen se jacta de ser uno de los emprendimientos en su tipo más “plurales” del país.  De ahí justamente lo de “Polifacético”: el lugar cobija casi 55 mil las piezas de colección, tesoros pertenecientes a una amplia diversidad de áreas de conocimiento, desde la arqueología hasta la bilogía, pasando por la antropología y la mecánica, por solo citar algunas. Todo, en una estructura dividida en el interior en ocho enormes salas.

El particular museo (sui géneris en todo el sentido de la definición), ofrenda sus bondades de cara a las Sierras Grandes, a apenas 5 kilómetros de la localidad de Nono, y a 290 de Villa María. En camino a las bodas de oro (cumple 50 años de vida en 2019), convida al viajero con un portfolio que despierta piropos en el ingreso mismo: la propia fachada, es una obra de arte, con 49 estatuas que desde las alturas representan a igual cantidad de figuras ilustres de la humanidad (un tal Jesucristo domina la escena).

 

Las salas

Semejante bienvenida anticipa lo que se verá adentro. Especie de homenaje a la raza humana y su entorno, donde la historia del hombre y sus logros se va desandando de  manera febril, caótica por momentos.

En ese sentido, las distintas salas se reparten de forma desordenada e intensa, como si el deseo de dar a conocer lo mucho que hay para absorber no pudiera hacerse esperar. Así, el visitante podrá ingresar al remolino del saber de manera automática, pasando indistintamente del sector de automóviles y carruajes al de los instrumentos musicales, y de ahí a las pinturas, y al área donde descansa la figura en bronce del dios egipcio Amón Ra.

De ahí, el paseo podría continuar con la sala dedicada a los comechingones (otrora habitantes del suelo cordobés y allende) que se mezcla con una muestra de objetos que tiene a la rueda como mecanismo.

También es buena la oportunidad para bucear en la exposición de arqueología (que ilustra sobre civilizaciones americanas antiguas),  o en la de vestimentas y juguetes, o en el Rincón Criollo, o en la de instrumentos musicales, o en la de máscaras, o la dedicada al arte religioso.

Después, uno puede asimismo sorprenderse con la colección de habitantes del mar (más de 500, entre peces, moluscos y “familiares”), aves (unas 200 embalsamadas), hierbas medicinales (casi 190), y contemplar de cerca una momia incaica de aproximadamente 1.200 años de antigüedad.

Otra opción, por ejemplo, es recorrer el sector de los llamados “rincones”, con muestras dedicadas a los distintos “estereotipos” del hombre argentino histórico y sus lugares de trabajo (el gaucho, el aristócrata y el artista, la barbería, la herrería y la estancia).

 

Cómo llegar

Desde la plaza de Nono son 5 kilómetros. Se toma la avenida Los Porteños (rumbo este), que luego se convierte en el camino de tierra con dirección a Paso de las Tropas.

Tras unos 4 kilómetros de recorrido, hay que girar a la izquierda (hay carteles indicativos) y realizar aproximadamente 1.000 metros más (luego del Museo, la ruta continúa hacia el sector de Los Algarrobos Sur).

 

Print Friendly, PDF & Email
Facebooktwittergoogle_plusFacebooktwittergoogle_plus