Repudios como tranquilizantes

Escribe Guillermo “Quito” Mariani (*)
Especial CBA24N / EL DIARIO

Prefiero reducirme en esta reflexión a las violencias concretas que se están dando en este momento histórico. La más trágica como impacto es la de las armas.

El desarrollo tecnológico que debió aliviar o remediar las naturales limitaciones frente a los fenómenos atmosféricos o la fragilidad del ser humano se inclinó al perfeccionamiento de los instrumentos de destrucción, llegando a lo que es sobradamente ostensible en nuestro tiempo, la creación de un clima de temor y enemistad constantes, estallando en enfrentamientos y contiendas que aparecen, en el fondo, como tendencia inevitable de los seres humanos en el transcurso de la historia. La amenaza de la ciberguerra sigue avanzando como consecuencia de la excesiva concentración de riqueza en los sectores que tienen como “diversión atrayente” (para utilizar el dinero que ya va perdiendo su sentido omnipotente).

Es necesario, por otra parte, admitir que la violencia de las armas mostrada en el clima bélico que vivimos sin interrupción, como si siempre en algún lugar del planeta, como si estuviéramos compelidos y resignados a sembrar la muerte, ha ido dejando de lado las otras expresiones de violencia que, a pesar de no ser ejercidas con las armas, son también siembra de muertes de innumerables seres humanos por el hambre, la enfermedad, las desigualdades irritantes y agresivas, la supresión de derechos fundamentales, la falta de vivienda, la insensibilidad de los poderosos y de manera particular.

Una especie de afán contrarrestando los esfuerzos mundiales que hasta ahora había proliferado, la supresión de los ejes con que podía mantenerse un equilibrio social, gracias al sistema democrático que al menos durante algún tiempo y en algunos lugares, logró relativos éxitos.

 

Entre los ejes, la Justicia independiente

Esos ejes que son: la justicia independiente, como único refugio de las víctimas de los poderosos, y la información pública convertida hoy en elemento de dominación, gracias a su excelente rendimiento económico para las empresas llamadas periodísticas que, sin ningún límite, recurren a los medios éticamente más oscuros para la publicidad en favor de los grupos dominantes.

Podemos afirmar que esa violencia, silenciada y taimadamente ofrecida como garantía de felicidad próspera, en una sociedad desprovista de los ejes de recurso para las víctimas de la opresión o la injusticia de cualquier índole, siempre termina imponiendo la otra violencia.

La de las armas que destituyen democracias o la de los víctimas encerradas en la impotencia estructural que estallan con intentos generalmente ineficaces de “no violencia activa” o “de violencia de respuesta” organizada y clandestina, desde los oprimidos.

 

Las expresiones de violencia de los pobres

Siempre, los que de alguna manera se sienten o se creen favorecidos por el “desorden o crisis mundial” que mantiene en la proporción del 1% de la humanidad controlando las riquezas del mundo, se dan el lujo de condenar exclusivamente las, en el fondo, “pequeñas expresiones de violencia de los pobres”, que responde (después de aceptar la aplicación de todos los medios pacíficos) a la institucional, armada con mentiras, promesas, compra y venta de funcionarios e instituciones y finalmente represión que llega a igualar el terrorismo de estado en América latina, desde los sesenta, un campo de experimentación dolorosamente presente en la historia del siglo pasado.

 

Desde el “Nunca más”…

Argentina vivió una recuperación democrática casi milagrosa por muchas de las particularidades que la caracterizaron. Hoy, el “Nunca más” se ha transformado en “ahora de nuevo”, habiendo avanzado en los niveles de hipocresía mantenidos por las dos corporaciones más fuertes en la complicidad con el sistema: poder judicial y poder informativo.

Y aparecen, como diciendo “yo no fui”, los documentos de “repudio de la violencia”, a pesar de la justicia de las causas defendidas.

Y ese repudio no es para la obstinada represión oficial, que incluso se da el lujo de “crear enemigos” a fin de poder aniquilarlos sin cargo de conciencia ni de historia, sino para los hechos de respuesta violenta y de alguna manera defensiva de los que no logran a pesar de ser multitudes, ser escuchados en la exigencia del respeto a sus derechos elementales.

 

La advertencia de monseñor Elder Cámara

Si la “entusiasta” represión oficial no se modera y el régimen sigue provocando (al margen de sus discursos aprendidos de memoria y gestos paternales) con sus decisiones en contra del pueblo y los más indefensos, será válida la advertencia de monseñor Helder Camera, en el sentido de que inevitablemente se arma la espiral de violencia que como “tornado” lo arrastra y destruye todo.

Esa advertencia constituye un alerta muy importante para quienes siguen sin reconocer las verdaderas causa de la violencia de respuesta, y se contentan simplemente con repudiarla de palabra y documento… por si la cosa se pone más grave.

 

(*) Sacerdote de la Iglesia Católica que ejerce su misión pastoral en la provincia de Córdoba

 

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