Rincón de pura Mesopotamia

DESTINOS/Corrientes/Esquina

Asentado justo en el delta que forma la conjunción del Paraná y el Corriente, la localidad ofrece pesca de primer nivel, experiencias campestres, días de playa, paseos por arroyos, bañados y esteros, y mucho sabor a Litoral

Escribe Pepo Garay
Especial para EL DIARIO

Un tal Diego Armando Maradona suele pisar Esquina. Ciudad correntina donde nació su padre, y en la que el astro se olvida de que es un astro, y casi mimetizándose con la copiosa naturaleza circundante, se siente parte del paisaje. Algo similar le ocurre al viajero amante de los verdes del Litoral, quien al arrimarle el alma a esta pequeña localidad de 20 mil habitantes, palpita renacimientos.

Buena parte de la culpa la tiene la ubicación privilegiada del municipio, que se acuesta justo en el rincón donde el coloso Paraná y el febril Río Corriente estrechan amistad, juntándose en un delta que es un canto a la Mesopotamia. Así, le brota un cóctel apetecible y elemental, que mezcla cultura gaucha correntina, playas de arena, observación de flora y fauna autóctona, atardeceres increíbles y pesca de primerísimo nivel, con cantidad de dorados, pacúes y otras especies bailoteando la salsa que proponen ríos, arroyos, islas inundables, canales y hasta esteros.

Ubicada prácticamente en un ángulo del suroeste de la provincia (35 kilómetros al norte del límite con Entre Ríos, 650 al noreste de Villa María), Santa Rita de la Esquina del Río Corriente fue fundada en el año 1806. Entonces, los nativos de ascendencia guaraní todavía pescaban sus presas en canoas y con palos puntiagudos, los mismos que utilizaban para atacar a la criollada, que se mezclaba con inmigrantes italianos.

 

Al agua

Aquel espíritu, campesino, sencillo, crudo, todavía sobrevive en la ciudad y su gusto a pueblo. Tal sabia emana de las casonas antiguas (tan correntinas), del señorial Palacio Municipal (de blancos, amarillos y balcones casi andaluces, de torre con reloj a la italiana), de la preciosa Iglesia Santa Rita de Casia (meridiano del Siglo XIX, sus par de torres se divisa desde la costa y allende), de los gauchos que hacen las compras con la boina y las alpargatas bien puestas.

Claro que aquellos, al menos para la mayoría de los turistas que llegan, son aditivos. Lo fuerte está en las playas, que se asientan al lado del puerto local (el Balneario principal) y en los alrededores de la urbanidad. Y fundamentalmente en los ríos y riachos, que convidan con multiplicidad de recorridos para pescar, pasear y amar Corrientes.

En ese sentido, hay que destacar que la ciudad cuenta con casi 20 puertos privados (de norte a sur) y medio millar de embarcaciones de alquiler al servicio del pescador. Ese que, solo o acompañado por los guías homologados (que saben hablar muy bien el portugués, por la cantidad de brasileños que visitan la localidad), disfruta de las pinturas del Litoral acompañado de un tereré y la promesa corporizada  por dorados, pacús, surubíes (atigrados y pintados), dientudos, rayas, bogas, palometas, tarariras y maguruyús, por solo nombrar algunas especies de peces.

 

Turismo rural

Las excursiones de pesca pueden salir desde el puerto municipal, o bien desde los privados. La mayoría  de estos sientan domicilio en cascos de estancia y en  los llamados “Lodges” que se distribuyen a lo largo de la costa. Allí, el visitante no debe sorprenderse de encontrar servicios como spa (incluye masajes y tratamientos de belleza) y las “excursiones románticas”, pensadas para la pareja.

Además de palpar de primera mano las formas de vida campestres (Corrientes es un referente del tradicionalismo gaucho en la Argentina del siglo XXI), los paseos por la zona rural brindan la posibilidad de realizar cabalgatas, avistajes de flora y fauna, escapadas por lagunas, arroyos, bañados y esteros y, por supuesto, entregarse a los arrumacos del Corriente y el Paraná.

 

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