El Diario del centro del país

Rumbo al cielo mediterráneo

CIRCUITOS/Ascenso al cerro Champaquí

Aventura imprescindible, el periplo clásico para llegar a la cima del cerro más alto de la provincia a pie, ofrece paisajes espectaculares, protagonizados por piedra, pastizal, bosques, cursos de agua y postales de las Sierras Grandes y su gente

Escribe Pepo Garay ESPECIAL PARA EL DIARIO

Por su belleza, por sus dimensiones, por su mística, el Champaquí es uno de esos puntos que cualquier cordobés que se precie de tal debería visitar al menos una vez en la vida. El cerro más alto de nuestra mediterránea provincia, el que con sus 2.790 metros domina los cielos que dividen al Valle de Calamuchita con el de Traslasierra, y que invita a ser recorrido durante todo el año. Con frío o con calor. Con sol o con nieve. En compañía o a solas. Allá vamos.

Si bien hay varias formas de acceder a su cúspide, elegiremos aquí el camino clásico, amparados en los múltiples argumentos que presenta el sendero. Ese que nace en las inmediaciones de la apetecible localidad de Villa Alpina (230 kilómetros al noroeste de Villa María, 35 desde Villa General Belgrano) y que se interna en las profundidades de Calamuchita regalando tramos de bosques, arroyos, piedras y un maravilloso paisaje cuasi lunar.

Aunque la aventura se puede realizar en dos días, el viajero recomienda un total de tres jornadas de marcha, a fines de disfrutar el periplo sin prisas.

 

Primer día

El primer capítulo comienza en la ya citada Villa Alpina (1.400 metros de altura sobre el nivel del mar), donde se puede disfrutar los aires gauchos de la aldea, el paso del río, las grandes arboledas y unas muy bonitas vistas de este sector de Calamuchita.

Ya puestos a “trabajar”, el camino comienza a ascender paulatinamente, entre bosques inmensos. Junto a la parte final, es el tramo más complejo de la marcha: trepar, trepar y trepar. Así por aproximadamente dos horas (dependerá, claro, del estado físico de cada quien) hasta acceder al puesto de Moisés López, donde algunos peregrinos (fundamentalmente los que realizan la travesía en cuatro días) se quedan a pernoctar.

El resto, utiliza el lugar para descansar en compañía de un arroyo cantor que por allí se pasea, e incluso disfrutar de unas empanadas o un buen cordero en la casa que regentean los López.

De vuelta en el sendero, emana la esencia misma del Champaquí. Suelo de piedra lisa, piedras colosales, se dispersan como una alfombra gris y certera, sólida, confiable y amiga. Aquí, el camino entra a modo de “meseta”, entre más roca y pastizal, para descanso de los pulmones y mayores posibilidades de disfrutar el contexto (aun con varias trepadas, pero mucho más tenues que las del principio).

De pronto, y tras otro par de horas de andares, el paisaje se abre nuevamente, dejando entrever los caprichos del Champaquí, que aguarda allá en el fondo. Unos kilómetros más, y la aldea que custodia al gigante da la bienvenida (2.200 metros de altura sobre el nivel del mar).

Son múltiples los refugios preparados para los caminantes, todos con servicios muy básicos y bastante separados entre sí. Basta con escoger uno (se recomienda hacer la reserva previamente, aunque no es del todo necesario), y descansar (todos ofrecen la posibilidad de cena y desayuno).

 

Segundo día

Con todo el tiempo del mundo, el viajero se dispone a realizar el tramo crucial, que se empina en firme buscando el zénit. Especial atención hay que prestar en esta etapa, ya que el sendero se bifurca y es fácil perderse si uno no presta la debida atención (es importante señalar que prácticamente no hay señalización en ninguna parte del camino, aunque el mismo está bien demarcado, sobre todo desde Villa Alpina hasta la aldea).

Desde la zona de la Escuela Rural (a la que acuden niños de toda la zona, a pie o a caballo, se los cruza uno mientras transita los senderos, lo mismo que a los baqueanos), son unas dos o tres horas hasta llegar a la cima. Entonces, el regalo prometido: una vista de 360 grados que convida con el Valle de Calamuchita al este y el de Traslasierra al oeste, con las llanuras de San Luis y La Rioja de vecinas.

Acompañan la impresionante postal una pequeña laguna, la célebre antena, la cruz, un diminuto refugio de emergencias, ofrendas que dejan los caminantes, viento (mucho viento) y la inmensa alegría por haber cumplido la hazaña.

Tras la gloria, queda retornar al refugio elegido y, por qué no, disfrutar del asado que ofrecen (a precios bastante razonables) los siempre amables y sencillos anfitriones.

 

Tercer día

La última jornada se desarrolla con lógica pura. Desandando la ruta del día inicial, con bajada poco perceptible durante las primeras horas, y un desnivel más fuerte para descender, una vez sorteado el Refugio de Moisés López, hasta el punto del comienzo.

Si el camino Villa Alpina- Refugios de la ida se hizo en cinco o seis horas (desnivel total de unos 900 metros, en subida), el de la vuelta se puede realizar en cuatro o cinco. Igual, aquellos guarismos poco importan: lo que queda en el corazón, es la marca a fuego de una aventura inolvidable.

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