“Ser intendente es uno de los objetivos que no he logrado”

Escamilla es el representante del Ejecutivo en el ente

Nació en Villa María, el 26 de septiembre de 1948. Casado, dos hijos, cuatro nietos. Inició su militancia en el año 1981 en las filas del vecinalismo. Sus primeros pasos en ese ámbito fueron en la comisión directiva del barrio Industrial. El 23 de octubre de 1987 asume como presidente del San Justo, cargo que ocupa durante ocho años. Fue presidente de la Mesa Coordinadora de Centros Vecinales de 1987 a 1990. Ingresa de lleno a la política partidaria en 1991, acompañando a Eduardo Accastello. En 1995 asume una banca en el Concejo por el justicialismo. Cuatro años después es designado secretario de Desarrollo Urbano de la Municipalidad y cumple esa función hasta 2007, año en que vuelve a ser concejal y es designado vicepresidente del cuerpo legislativo. En 2011 es relecto y ocupa la Presidencia del Concejo hasta 2015. Hoy, es el titular del Ente de Servicios Municipales

Escribe Nancy Musa
Es un dirigente de la calle. Ha recorrido la ciudad a lo largo y ancho de su superficie, conoce cada detalle de sus arterias, cada necesidad. Tiene una memoria prodigiosa para las fechas y para los detalles técnicos. Le encanta hablar de los proyectos y de sus características. José Escamilla dedicó la mayor parte de su vida al servicio público, es lo que ama, lo que disfruta. Tuvo muchos logros durante su trayecto y no abandona su sueño de llegar al Sillón de Viñas.

Es un hombre perseverante, luchador y con gran capacidad de trabajo. Es un peronista de fuertes convicciones, polémico, activo, orgulloso de su ciudad y siempre intentando dar respuestas a los reclamos de los vecinos.

 

-Usted es uno de los pocos dirigentes que conoce hasta el último pozo de nuestras calles, ¿qué piensa que le falta a la ciudad en materia de infraestructura con carácter de prioridad?

-Sin duda que se está trabajando la parte referida al desagüe pluvial. Se ha iniciado y va ayudar bastante, pero hay sectores que deben ser como 18 barrios (nombra Belgrano, Carlos Pellegrini, Parque Norte, San Nicolás y Botta, entre otros) que no tienen desagüe y el agua va toda al campo. Siendo secretario de Obras Públicas hicimos un estudio con un topógrafo de nivelación, en base a eso se hizo un proyecto de desagüe pluvial que arrancaría en la Fábrica Militar y saldría frente a la Estancia La Negrita, pasando por varias calles y barrios (las menciona a todas). Creo que eso es lo más importante para Villa María para poder tener ciento por ciento de desagüe seguro.

 

-Esa obra se viene anunciando hace años, ¿por qué tanta demora en concretarse?

-En su momento, la obra en vez de arrancar por la Fábrica Militar arrancó por el final. La intención del intendente anterior era que la obra se terminara, pero vino la primera etapa y se empezó por el Funesil (explica los trabajos realizados y los que faltan).

 

-Hoy está al frente del Ente de Servicios, ¿está cómodo en ese cargo?

-No es lo me gusta, porque a mí lo que me gusta es la calle. De hecho, el reclamo permanente de los vecinos está, pero nunca perdí la conexión con los que prestan los servicios. Es esencial que se resuelvan los reclamos de la gente. Te contaba cómo me convencieron para que me sume al proyecto hace más de 25 años. Eduardo me preguntó qué le faltaba a Villa María, de acuerdo a mi criterio, y yo le dije “mirá, por mi oficio Villa María desde el año 1965 salió del sistema la planta de tratamiento de líquidos cloacales”. Estamos hablando de 1991. O sea, que hacía 26 años que no funcionaba y el colector que había sido hecho en 1935 estaba saturado. Entonces le dije que hacía falta un nuevo colector para ampliar la planta de tratamientos y los desagües.

Me acuerdo de que Eduardo me puso la mano en la espalda y me dijo “sumate y hacemos juntos las cloacas y los desagües”.

Bueno, las cloacas fueron hechas el 100%. Cuando nosotros entramos había el 40% de cloacas, en 15 años hicimos lo mismo o más de lo que se había hecho en 65 años. Y la planta, pasaron 45 años sin tenerla, era una planta séptica que salía al río. Por eso me da bronca cuando escucho algunos que dicen que la planta no funciona.

 

-¿Y por qué surgen los cuestionamientos?

-Vos tenés que tomar cuánto es el DBO que entra y cuánto es el que sale. Si bien debería salir 100 y dicen que sale 200, pero hay que ver cuánto ingresa y acá entra más de 1.500, o sea que se puede ver la función que cumplen las lagunas de retención.

El tema es que cuando hicimos la ordenanza que regula el volcamiento, estuvimos dos años trabajando con gente del Colegio de Especialistas, representado por Roberto Bergero, y vino gente de Santa Fe pero que nos decían que lo peor que se puede hacer es clausurar una fábrica, por el lucro cesante. El tema es cómo hacés para cambiar la mentalidad de los industriales que durante 45 años tiraron al río porque no le exigieron el tratamiento. Ahora se está haciendo el seguimiento de las industrias.

 

-En el manejo del control de los servicios, ¿la mayoría funciona dentro de lo normal?

-En esto de las limitaciones que tienen por el mismo proceso que estamos viviendo, puedo decir que funcionan bastante bien. Creo que las empresas a medida que se las va controlando se van ajustando a los requerimientos que les hace el ente de control.

 

-Hablando de lo económico, ¿qué visión tiene de la situación del país?

-Creo que no hay un rumbo. Eso es lo más difícil, uno no ve el rumbo que lleve a una salida. Creo que se van desgastando los ingresos de los trabajadores, cada vez cuesta más, principalmente por el aumento descontrolado de los servicios. Se hace muy difícil pagar los servicios y afrontar los gastos básicos.

Si uno pensara que en pocos meses va a mejorar, sería distinto, pero escuchando a diversos economistas, nadie ve dónde va a remontar esta caída que hemos tenido. Si bien uno decía que esto iba a pasar, la gente no creía y consideraba que era fanatismo.

Pienso que todos los extremos son malos y que mucho del daño a la política es por la corrupción. Porque mucha gente no valora lo bueno del Gobierno de Néstor y Cristina porque los medios han mostrado la corrupción y eso ha tapado las grandes obras que se hicieron.

Distribuir riqueza y subsidiar servicios hoy ya no lo tenemos. Se ha perdido todo el avance que ha tenido el trabajador, durante 10 años en los últimos dos años. Y no veo solución.

 

-¿Y cuál su apreciación sobre el peronismo en el rol opositor que le tocó y al que no está muy acostumbrado?

-Veo que hay intentos de tratar de aunarse. Sin duda, no ganó Macri (literalmente), sino que perdió el peronismo. Creo que fue por la ambición de poder de los distintos dirigentes que generaron las divisiones en el partido. Fue tan disperso el peronismo que le hizo un gran favor a Macri para que llegara a ser presidente. Pienso que hasta él se asombró de haber ganado.

Creo que si podemos dejar de lado las apetencias personales en bien del país, se puede ser gobierno en 2019. Pero hace falta unidad y el que cometió actos de corrupción tiene que ir preso como cualquier vecino. Es la única manera que va a cambiar el sistema democrático.

 

-¿Tiene algún dirigente predilecto, alguien que pueda unir al peronismo?

-Me parece que la figura es Cristina, luego Scioli y Randazzo. Y si Massa aceptara y formara el mismo grupo, estoy convencido que se gana en 2017 y en 2019.

 

-¿Usted considera que Cristina sigue teniendo liderazgo contundente a pesar de todas las denuncias?

-Sí, sin duda. Porque la gente la valora más hoy que hace dos años atrás. Hoy, por ejemplo, las jubilaciones de amas de casa dejaron de funcionar. Quizás Cristina por su modo de ser, su autoritarismo, su carácter, que es natural en ella, fue cuestionada. Pero nadie puede dudar de su capacidad, su manejo político, y pienso que muchos de los que dijeron barbaridades sobre ella hoy piensan distinto.

 

-¿El peronismo en la ciudad está unido o todavía quedan dispersiones? ¿Existen las internas entre los seguidores de Accastello y Gill o son rumores?

-En definitiva Martín llegó por el apoyo de Eduardo Accastello. En 2015, cuando triunfa, fue parte por el trabajo que hizo Eduardo. En 1999 se ganó con el 51%, en 2007 fue poca la diferencia y en 2015 ganamos por el 9% después de tres períodos de gobierno de Eduardo más el de Nora.

Pienso que la gente confía, cuando nosotros entramos en el año 1999 la gente no creía en el municipio, se había cansado de reclamar sin tener respuestas.

Cuando nosotros entramos, cada vez nos pidieron más, hasta no faltaban horas y si bien no había dinero teníamos muchas ganas de trabajar y se hicieron cosas con mucho sacrificio.

Recuerdo que en 2002 habíamos inventado un hierro que le pedimos al ferrocarril y lo cortamos, lo atamos al tractor, se llamaba rabastro, y con eso arreglábamos las calles porque no había plata para comprar cuchillas. Pero tenía sus ventajas (sonríe y explica con detalles lo mejor que dejaba las calles).

 

-¿Recuerda el día que conoció a Eduardo Accastello?

-Sí, fui a la casa de los padres en el año 1988. Estábamos armando la coordinadora de centros vecinales y algunos decían que Accastello tenía gente en la militancia y fui a pedirle si podía poner a algunas personas. De hecho, nunca me llevó el apunte (se ríe) porque no logramos nada. Esa fue la primera vez que hablé con él.

No sé quién le dijo, después, que hable conmigo, pero recuerdo que en septiembre de 1991, cuando Veglia gana las elecciones, yo voy al comité, lo saludo y me ofrezco a trabajar. Yo con Miguel había estudiado tenedor de libros en la Academia La Fosa y le dije que me ofrecía como villamariense para hacer cosas por la ciudad y no como radical porque no lo era.

De hecho, me llama, al poco tiempo, y quería que trabajara con Roberto Quiñones, que era concejal, y con el director de Centros Vecinales, que yo fuera la tercera persona. Cuando le pregunté cuál iba a ser el sueldo, me dijo “ad honorem” (risas) y yo ad honorem no podía trabajar. Voy y le comento a Eduardo lo que había hablado con Veglia y al otro día sale en el diario declaraciones de Eduardo diciendo que José Escamilla, el presidente de la Coordinadora de Centros Vecinales, iba a ser su asesor” (risas).

 

-Rápidamente Accastello tomó el guante

-(Se ríe). Le pregunté “¿por qué hiciste eso?” y me dijo “porque no quiero que te vayas con los radicales”. A partir de ahí, Veglia nunca más me llamó (se ríe). El primer trabajo que hicimos con Eduardo en 1992 es ir al barrio Las Playas, que en ese momento era un circuito. Las Playas votaba pero no podía votar a intendente. Habían hecho una trampa, el vecino que decía barrio Las Playas Villa María podía votar, cuando decía Las Playas nada más no votaba. Fue una trampa que hicieron en 1958 porque ese barrio se formó con ferroviarios y eran todos peronistas, a raíz de eso hicieron la trampita para que no pudieran votar (risas).

Yo conozco esa historia y una de las cosas que impulsaba era poder transformarlo en barrio. La primera reunión se hizo en el Junior, el presidente era Felipe Bovo y el vice, Miguel Roganti. Y llegó a venir a Villa María Gustavo Beliz, que era el ministro del Interior de Menem.

El firma y desafecta Las Playas del circuito y se transforma en un barrio y la primera vez que vota a intendente fue en 1999.

 

-Cuando lo conoce a Accastello, ¿ya estaba afiliado al peronismo?

-Sí, me afilié en 1982 y a Accastello lo conocí en 1988, cuando era presidente de la juventud y fui hablar con él como te conté para ver si me recomendaba gente para el vecinalismo y después lo vuelvo a ver en 1991.

 

-¿Se afilió al peronismo porque ya venía con esa idea o porque se dieron las circunstancias?

-Yo recuerdo haberle preguntado a mi papá, siendo muy chico, por qué era peronista. Y me dijo “porque es el único partido que ayuda a los pobres, a los que menos tienen, gracias al peronismo yo tengo mi casa”.

Nosotros vivíamos en una casa desde el año 54, que la hicieron con un crédito de Perón. Y después uno fue creciendo y viendo que cada vez que estaba un Gobierno peronista había créditos para viviendas y demás.

De hecho, mi casa, donde vivo desde 1977, la hice con un crédito que se llamaba Eva Perón. Recuerdo que tenía que escriturar el 24 de marzo de 1976 y unos días antes me cambiaron la fecha para el 4 de abril.

En 1977 me fui a vivir a mi casa y en mayo de 1983 cancelé el crédito porque recibí una nota diciendo que si cancelaba había un 70% de descuento.

 

-¿En su casa se hablaba de política durante su infancia?

-Recuerdo patente haber ido a una reunión radical en el año 1963, el candidato era Porfirio Seppey. Mi viejo fue porque tenía cuenta en Seppey desde el año 1946 y recuerdo que mi papá le pidió porque en ese tiempo no había luz en la esquina, había una bombita solamente, y le dijo que si era intendente lo iba a solucionar. Pero recuerdo que recién vino la luz en 1978 con Jaca (se ríe). Pasaron del 54 al 78, 24 años sin luz en la esquina (risas).

 

-¿A qué se dedicaba su padre?

-Mi papá era instalador sanitario y yo también. Empecé a trabajar con él y después fui a la Abraham Juárez e hice curso de dibujo arquitectónico y construcción, comencé la carrera de Maestro Mayor de obras en la Escuela del Trabajo y me peleo con un ingeniero que era el jefe de Obras Sanitarias, por eso dejé de estudiar con la idea de arrancar al año siguiente y no arranqué más. Del Abraham Juárez fui presidente de la cooperadora en 1979 y 1980. Para mí, fueron los mejores años de mi vida en esa escuela.

 

-¿Tenía en mente estudiar alguna carrera en especial o se inclinaba más por el trabajo?

-Cuando estudié tenedor de libros, la idea mía era ser contador. Pero, bueno, por una cuestión familiar, una familia muy humilde, yo trabajé. Comencé a trabajar a los 13 años, fui repartidor de leche y trabajé siete años como metalúrgico. Cuando vuelvo del servicio militar, empiezo a trabajar con mi papá y aprendo el oficio de instalador sanitario y me recibo en 1973.

Yo pensé que iba a trabajar siempre en eso, nunca pensé en ser algo más. Jamás pensé en ser dirigente vecinal para llegar a ser concejal o tener algún cargo. Además, porque nunca milité, desde 1981 a 1991 estaba afiliado, pero jamás participé de una reunión.

 

-¿Qué cosas lo impulsaron para meterse de lleno a trabajar en el ámbito del vecinalismo?

-Cuando asumo en 1981 en el centro vecinal del Barrio Industrial era un club. Jugábamos a las bochas, al fútbol, pero para conseguir cosas había que relacionarse con el municipio. Y quien más me marcó hasta el día de hoy fue Pilar Monesterolo, que era secretario de Gobierno de Mandrile. En esa época el intendente era Mandrile. Recuerdo haber llevado una nota pidiendo nomencladores que no había en la zona del Hogar de Ancianos y le pregunto cuándo tengo que ir para que me den una respuesta. Me dice “el lunes” y después me dice “venite el otro lunes”. Entonces le planteo cómo deciden ustedes las prioridades y me contestó “los que vienen el lunes y el otro lunes, a los que perseveran, terminamos dándoles las cosas”.

Y a partir de allí lo tomé como un método de vida, si quiero lograr algo tengo que perseverar, seguir y seguir. Parte de lo que logré en mi vida fueron las palabras de Pilar, que decía “el que persevera siempre triunfa”.

Y así empecé en el vecinalismo en el año 1981 y recuerdo haber logrado tener un salón con la comisión vecinal y todo, peleando. Veglia nos odiaba (se ríe).

 

-¿En esa época usted ya era presidente del barrio San Justo?

-Sí, me acuerdo de que en 1993 en la tapa de EL DIARIO sale el presidente del San Justo y trata de inoperante a la secretaria de Obras Públicas, que era la Alicia Spesso. Y era una amiga porque la primera casa que hizo ella como arquitecta yo trabajé haciendo las instalaciones. Y un día le dije que en el barrio había un problema con el nivel y si en algún momento se inundaba, yo me iba a poner del lado de los vecinos. Y me acuerdo que al otro día, después de salir en EL DIARIO, estaban todas las maquinarias. Nosotros con el diario hacíamos las gacetillas, las metíamos dentro del diario.

 

-¿Ustedes con la venta de EL DIARIO levantaron el salón del centro vecinal?

-Sí, todo. Comenzamos a vender el diario el 12 de septiembre de 1987, vendimos el primer domingo 55 diarios y el pico máximo fue 502 diarios el 9 de abril de 1989. ¿Qué pasó en Villa María el sábado 8? Vino el Turco Menem al acto de Corrientes y San Martín y de acá habló el Pata Juárez y ese día vendimos el máximo de diarios. Y de allí vendíamos un promedio de 400 diarios por domingo.

 

-¿Con esa recaudación fueron construyendo el salón?

-Sí, porque a su vez nosotros organizábamos una locreada que la hacía el gordo Paradella y la anunciábamos en la gacetilla que iba en el diario y vendíamos mil porciones. Eramos 10 vecinos que vendíamos el diario y en mi caso lo repartía en mi auto en siete barrios.

 

-¿Y de qué forma llegó a la Presidencia del centro vecinal?

-A mí una persona que se llamaba Juan Mariani, que ya falleció, me dijo que al barrio le faltaban un montón de cosas. En ese entonces no había agua ni gas, le faltaba un montón, y él me dijo que yo estaba trabajando para un barrio en el que no vivía (el Industrial). Y en esa época trabajamos con la Coordinadora de Centros Vecinales en una ordenanza, la 2.387, armamos el borrador y se lo dimos.

 

-Tiene una memoria prodigiosa, se acuerda de números, fechas de las ordenanzas

-(Se ríe). Es más, un día estábamos reunidos en el año 1988 y yo dije “la Ordenanza 2.387 fue sancionada en sala el 14 de julio” y me dice uno de ellos “andá…”, y le digo “si no fue el 14 de julio, te pago el asado” (risas). Vino con la ordenanza y me dijo “cabezón y la p…” (risas). Pasa que en esa fecha nació mi hija y no me olvido (risas).

 

-¿Qué logros tuvieron en el barrio a partir de hacerse cargo del centro vecinal?

-Logramos a la vuelta de cuatro años tener agua, cloacas, 20 cuadras de pavimento. Veglia me decía “vos querés pavimentar el campo” y yo insistía en hacerlo porque los vecinos lo pagaban. En ese momento se aprobó una ordenanza que planteaba el plan de 120 cuadras de pavimento.

 

-José, ¿qué satisfacciones le dejó el vecinalismo?

-El haber logrado todo los servicios para el barrio, el salón. Recuerdo que yo tenía el vicepresidente de Silvio Péllico, don Paschetto, antiperonista, me decía “qué vamos a hacer un salón, ¿vos tenés idea de lo que estás diciendo?”. Pero, bueno, teníamos dos escuelas y no teníamos un salón. En ese tiempo la escuela Rivadavia y la Mariano Moreno. Y ese fue nuestro caballito de batalla, un vecino nos prestó un acoplado y alguien puso una chata y enganchamos y salimos casa por casa a pedir ayuda. Y juntamos 1.500 ladrillos un sábado a la tarde y así comenzamos a levantar y empezamos a vender los diarios y juntábamos plata. Por eso te digo, EL DIARIO nos dio una gran posibilidad.

 

-Si tuviera que comparar el vecinalismo de hace 30 años con el de hoy…

-Creo que nos pasamos de un extremo a otro. Tenemos que recordar que en esa época había gobiernos democráticos un año, dos o tres y luego el golpe y el temor de la gente a participar.

Hoy todo cambió. A partir de la creación de los MuniCerca, el vecinalismo perdió protagonismo porque el MuniCerca da respuestas permanentes y se han hecho muchas sedes nuevas. Todo con obra municipal, en el caso nuestro la hicimos vendiendo diarios, locro, pollos, ravioles. Y uno después de haber participado de varios congresos y mostrado lo que hacíamos, creo que esa experiencia fue inédita.

Me acuerdo de que fuimos a Río Cuarto con el Cuchara Quiñones a conocer el corralón municipal y salimos dos páginas en el diario. Y quisimos decir qué le podíamos pedir a nuestro municipio si no tenía maquinarias y Veglia se puso loco (sonríe).

Los problemas en las distintas ciudades son los mismos, la falta de riego, los terrenos sucios, la basura, la luz y en Río Cuarto el Chicharra Abella, con buen criterio, había descentralizado eso. El riego, el desmalezamiento, se lo daban a un sector. Y nosotros le plantemos a Veglia que nos diera eso, le propusimos cobrar los impuestos y que todo el mundo pague en el banco de la Terminal y de lo que superara el ingreso normal nos diera el 10% y con esa recaudación podíamos mejorar los servicios. A eso también lo planteé en el Gobierno de Eduardo. Pero hoy con los MuniCerca se distorsionó un poco la función del vecinalismo. Hoy no veo esa participación ni esa vocación. Más allá de que ciertos reclamos se solucionaron.

 

-Usted fue un dirigente muy reconocido por los vecinos, ¿en algún momento soñó con ser candidato a intendente?

-(Pausa) En 2007 Eduardo me preguntó qué quería ser para terminar, intendente o legislador. Le dije “si me das a elegir, quiero ser intendente. Bueno, eso es algo que me faltó, haber sido intendente de la ciudad. Primero, porque conozco las falencias que tiene, las necesidades de la gente, el hecho de estar en la calle por mi trabajo, por ser dirigente vecinal, por ser secretario de Obras Públicas, me dio la facilidad de conocer calle por calle a mi ciudad.

 

-¿Y ser candidato a intendente sigue en vigencia?

-Sí, si la gente me elige, me gustaría ser. Es uno de los objetivos que no he logrado.

 

-¿Qué sintió frente a todas las denuncias contra Accastello?

-Creo que hay mucha gente que denuncia y se olvida del desfalco y de muchas cosas de la gestión anterior que nunca se aclararon. Hay un dicho que dice “el ladrón cree que todos son ladrones”. Y yo creo que mucha gente apostó a que el Subnivel no se hiciera o el techado del Anfi, o el aeropuerto. Y no lo perdonaron.

Por eso digo que con el fuerte convencimiento de hacer algo las cosas se hacen y nosotros logramos sumar un equipo de gente convencida de que las cosas que se podían hacer.

 

-¿Y la corrupción?

-Hay que ajustar los controles. En la función pública mucha gente se acercó para ofrecerme cosas y nunca las acepté. Estoy tranquilo. Doy fe de que todo lo que se hizo fue dentro de lo que marcaba las normas.

 

-Accastello está caminando de nuevo, ¿usted lo está acompañando?

-No, pero Accastello no va a parar, es un animal de la política y lo lleva en el alma, tiene vocación y compromiso con la gente y es una persona con una gran capacidad de escuchar.

 

-¿Cuáles son sus expectativas en esta etapa de su vida?

-Trabajar para que en 2019 siga este proyecto, estamos convencidos de que Villa María va a seguir creciendo.

 

 

Opiniones

Mauricio Macri

Creo que es una persona muy improvisada. Se rodeó de Ceos, de gerentes de multinacionales que son técnicos pero hace falta políticas que conozcan el manejo. La prueba está en que Aranguren quiso aumentar los servicios un dos mil por ciento sin tener sentido común.

En un país que tenemos el 50% de gente pobre. Creo que Macri no estaba preparado para gobernar, esa es la realidad. No tenía un equipo y la prueba está que tuvo que dar marcha atrás en muchas cosas.

 

Juan Schiaretti

Es una persona que ha hecho en forma bastante prolija su manejo como gobernador. Pero no tiene las condiciones políticas de de la Sota. Creo que de la Sota llega más a la gente, son distintas personas y distintas formas de manejar la política.

 

Martín Gill

A Martín lo conozco desde que nació, con el padre hemos ido juntos a la primaria. Y Martín recién recibido como abogado en 1995 a nuestro bloque. Hemos trabajado juntos más de veinte años, hemos compartido muchas cosas y sé que tiene mucha vocación por hacer.

Y creo que está manteniendo el estilo de gobierno que comenzó en 1999, fortaleciendo la fe pública.

 

Me gusta: Atender a la gente y dar respuesta.

Me encanta: Trabajar para la ciudad, me he dedicado de lleno a la ciudad.

Me divierte: Soñar cosas y lograrlas, poder disfrutar de los nietos.

Me entristece: La pérdida de gente joven. A nosotros nos tocó con la muerte de Javier Suppo.

Me enoja: Cuando se empieza algo con mucho entusiasmo y las cosas salen mal.

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