El Diario del centro del país

“Sueño con una Argentina más abierta, plural, democrática, libre”

MANO A MANO con Juan Manuel Urtubey

Nació en la ciudad de Salta, el 6 de septiembre de 1969. Es abogado y docente universitario. Tiene cinco hijos. La política fue parte de su vida desde la cuna, es sobrino del histórico dirigente del peronismo Julio Mera Figueroa. Desde muy joven ejerció cargos electivos. En 1997 fue diputado provincial, en 1999 llegó al Congreso de la Nación ocupando una banca en Diputados por dos períodos consecutivos hasta 2007. Fue presidente del bloque justicialista. Su paso por la Legislatura le valió ser reconocido en cinco oportunidades como uno de los diez legisladores más laboriosos. Fue coautor de la ley de anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. En 2007 fue electo gobernador de la provincia de Salta por el Frente para la Victoria. En 2011 fue reelecto, al igual que en 2015. Es el gobernador de Salta y uno de los considerados presidenciables.

Escribe Nancy Musa
De nuestra Redacción

Es un soñador, lo reconoce expresando además que desde chico quiso ser gobernador de su provincia y presidente de la Nación. Nunca se dejó etiquetar, su personalidad lo llevó a romper moldes, a manejar el ego por ser el hijo número 8 de una familia numerosa y tradicional de la ciudad denominada “La Linda”. Es amable, dispuesto a responder todas las preguntas, muestra una amplia sonrisa cuando se mete en el laberinto de los recuerdos y se emociona a la hora de recordar las situaciones dolorosas.

Sabe que no es fácil romper la lógica de la grieta, lo intenta, pretende hacer algo distinto por el país, afirma que no busca que le regalen cargos, siempre se los ganó por el voto.

Cree que una Argentina diferente es posible y por eso trabaja…

Usted que trae la política en los genes, se podría decir que es un dirigente de raza peronista ¿con qué modelo de país sueña?

-Sueño con un modelo de país integrado e inclusivo y para eso no falta mucho. El país que enamoró a generaciones de habitantes del mundo que vinieron a Argentina a realizar sus sueños. Esa que incluyó a la vieja Argentina criolla con la Argentina inmigrante que construyó, realmente, una potencia formidable.

Me parece que en ese marco, lo más importante para mí es la lógica de un país diverso, un país que aprendió de la diversidad. Nosotros somos un crisol de razas, somos un ejemplo de convivencia, lo hemos sido en nuestra historia.

Lamentablemente, las cosas de la política, las formas de construcción política en Argentina, nos lleva a lugares de contradicción, de confrontación.

Yo sueño con una Argentina mucho más abierta, plural, democrática, libre por decirlo de alguna manera.

Cuando comenzó su militancia en este terreno por momentos árido, por momentos fértil, que es la política, más allá de su cuna o su origen ¿qué causa tenía?

-Vos sabés que uno está condicionado por su lugar, yo soy salteño, me crié en Salta, viví parte de mi vida allí, algunos años afuera también, y el tema de la inequidad a mí me marcó mucho, viviendo en un país en donde mi provincia tiene el PBI per cápita un tercio de la media nacional y aún dentro de mi provincia la inequidad es grande, entre los que tienen casi todo y los que no tienen casi nada.

Y eso realmente, para mí, fue claramente el motivador.

¿Pudo concretar proyectos que disminuyeran esa brecha, esa inequidad?

-Sí, obviamente que no alcanza lo que hasta ahora hicimos. Pero empezamos a rodar la pelota en el sentido correcto a mi juicio, una provincia en donde la mortalidad infantil estaba cerca del 16 por mil y hoy está en el 9,7 por mil. Mucho para festejar no hay, en términos que todavía no hemos logrado los resultados esperados, pero ya estamos en la media nacional.

Estos tiempos se ha discutido mucho el tema de la vulnerabilidad de las madres, sobre todo de las madres adolescentes, nosotros teníamos una tasa de mortalidad materna del más del ocho por diez mil y hoy está en el dos y pico por diez mil, o sea hemos bajado cuatro veces.

Este tipo de datos, al igual que la reducción de la pobreza, marca que cuando hay una política pública y eso se transforma en política de Estado, o sea que la sociedad la toma como propia, los resultados se dan.

¿Por qué no pudimos construir un país con políticas de Estado a largo plazo, qué es lo que falla de acuerdo a su opinión?

-Creo que la lógica de construcción política en la Argentina, se valida en la contradicción. O sea, yo construyo sobre la base de la confrontación, entonces yo me valido, sobre todo, si estoy en contra tuyo. Entonces esa es la lógica, que a mi juicio enfermó nuestra sociedad. Y la Argentina cambia de régimen político cada cuatro años y con esa lógica nada va a salir bien.

Pareciera que tenemos el hábito de echarle la culpa al otro de lo que no podemos solucionar…

-Pasamos el 70% de nuestro tiempo viendo quién tiene la culpa de los problemas que hay que solucionar y eso es un drama.

En este nuevo espacio de Argentina Alternativa que están construyendo varios gobernadores y dirigentes peronistas ¿cómo hacen para controlar los egos?

-Creo que el gran desafío pasa por superar el umbral de la tolerancia y caminar en la lógica del respeto a la diversidad. O sea yo tengo que aprender del que es distinto a mí, no tolerarlo.

Es un esfuerzo enorme, en términos intelectuales, de correrte de tu zona de confort y eso creo que es el principal desafío.

Si nosotros logramos construir, hasta ahora lo venimos haciendo, un espacio político que responda a una lógica de organización más horizontal que vertical, habremos cambiado gran parte de nuestra historia política argentina y podremos hacer cosas diferentes. El camino más difícil es más largo, pero creo que vale la pena transitarlo porque para hacer lo que se hizo siempre a mí no me interesa.

Hay una parte, importante de la sociedad, que camina por la avenida del centro y está muy decepcionada de los políticos ¿qué piensan hacer para renovarles la esperanza, para que vuelvan a creer?

-Hay dos cosas, el sistema político en el mundo entero está en franca crisis. Nuestro modelo de organización institucional no está representando lo que el ciudadano global de este mundo está demandando.

Y segundo punto, la mala performance de la política argentina está marcando esto. O sea cuando vos tomás cualquier estudio, cualquier indicador, tenemos distintas etapas. La Argentina previa a las guerras mundiales, la Argentina criolla de fines del siglo pasado, luego tuvimos la Argentina de las guerras mundiales, del Estado de bienestar, de todo lo que generó un desarrollo importante hasta mediados del 70.

Y después tenemos que ver el gran drama argentino, porque en los últimos cuarenta años, el saldo es muy negativo. Por eso el desafío es hacer algo distinto.

Porque si vamos hacer lo mismo, ya te dije, no me interesa. Y no se trata de hacer lo mismo mejor o peor, se trata de hacer algo distinto.

Perón decía “no es que nosotros seamos buenos, sino que los otros son peores”, ¿se sigue cumpliendo esa frase?

-Totalmente se cumple y eso te tira para abajo. Lo que hay que hacer es animarse a competir para arriba, no para abajo, y ese es el gran desafío.

En los últimos días corrió fuerte el rumor de que usted se incorporaba al Gobierno de Cambiemos ¿es una operación del oficialismo?

-Yo creo que eso le interesa a los dos sectores de la grieta. Tanto al oficialismo como al kirchnerismo le viene bien que alguien que tenga capacidad de discernimiento y no esté dentro de esa grieta no pueda canalizar esa vocación ciudadana.

Creo que hay una fuerte demanda de la sociedad argentina de algo nuevo, de algo diferente a esos dos sectores que están tan blindados y galvanizados.

Cualquier persona que piensa distinto molesta, y si molesta hay que tratar de desarticularlo de alguna manera.

¿O sea que nunca existió la posibilidad?

-En absoluto, yo no ando buscando cargos, soy gobernador de mi provincia por tercera vez consecutiva, fui legislador nacional en dos períodos, fui legislador provincial, tuve una carrera política en donde más del 90% de mi tiempo estuve en cargos elegidos por el pueblo.

A mí no me puso nadie en ningún lado y no necesito que nadie me ponga en ningún lado.

Usted fue bastante cuestionado por apoyar al Gobierno nacional…

-Y lo voy a seguir haciendo hasta el último día, igual que lo hice con el anterior gobierno de la expresidente porque yo tengo una lógica de construcción diferente. No creo en la lógica de la confrontación para construir, tengo una lógica diferente, si hay un gobierno que eligió la gente lo tengo que ayudar para que le vaya bien, porque si le va mal a la gente le va pésimo y eso es lo que está pasando en la Argentina.

A pesar de la ayuda, no parece que las cosas le vayan bien.

El Gobierno nacional habló mucho de la herencia recibida, los indicadores hacen suponer que dejarán una herencia muy pesada ¿qué características debe tener quien conduzca los destinos del país con esa herencia?

-Primero me parece que se necesita la vocación y la aptitud para tratar de conducir un gobierno de unidad nacional. Se necesita alguien que no busque construir poder, una vez que llega hasta la principal responsabilidad política en Argentina, lo primero que tenés que hacer es renunciar a más poder, no trabajar para construir más poder.

El nivel de crisis que vive el país, inhabilita la posibilidad de tener un presidente que lo que esté buscando es ser relecto.

Frente a la crisis que se vive hay que construir un gobierno de unidad nacional, con generosidad, y abrir las puertas para que entre todo el mundo y ser uno más, no el jefe.

Y segundo se necesita una inteligencia emocional que te permita integrar a todos los argentinos, como te decía hace un rato, desde el respeto a la diversidad, desde animarse a entender al que piensa distinto, no desde tratar de sofocarlo, dormirlo.

Me parece que hay que cambiar la actitud. Ya no tiene que ver con la política, tiene que ver casi con las reglas de la naturaleza, si vas a hacer lo mismo que todos, no esperes resultados diferentes.

¿Cómo fue la experiencia de ser un chico en una familia numerosa de diez hermanos?

-Es una linda experiencia, soy el octavo de diez hermanos. Soy un sobreviviente (risas), un poco te crían tus hermanos mayores, y en alguna medida, vos recién me preguntabas de los egos, en alguna medida modera muchísimo el tema de los egos.

Porque vos sos un número, yo era el número ocho (risas), algunos ni se acordaban de mi nombre.

Así que te imaginás que eso te baja, cuando te vas a subir un poco, te baja muchísimo.

¿Qué recuerdos tiene de su infancia?

Se me cruzan cosas, se me cruzan personas. Fue linda, en una ciudad muy linda como es Salta, en un país donde volvías de la escuela, comías rápidamente y te ibas a jugar a la pelota a la plaza de la esquina, o a las dos cuadras.

Que pasabas gran parte del día en la calle, andando en bicicleta por toda la ciudad y de alguna manera poder vivir esa vida que ahora es mucho más difícil.

¿Era un soñador cuando era niño?

-Siempre, siempre y lo sigo siendo hoy con las limitantes. Porque si sos niño y sos soñador está bueno, cuando estás más grande, tenés responsabilidades grandes, y seguís soñando la gente dice flaco bajate un poco, no soñés tanto (risas).

Pero sabés qué, yo me metí en política pensando que los sueños se pueden convertir en realidad. La experiencia me demostró que eso no es, técnicamente cierto. Los sueños no se convierten en realidad, lo que tenés que hacer es transformar esos sueños en convicciones y militarlas incansablemente a esas convicciones. Y de allí vas empezando a convertir en realidad cada una de esas convicciones. Pero requiero la etapa de salir de lo volitivo y ponerte a trabajar incansablemente para lograrlo, hay veces que uno en realidad no tiene sueños desde la lógica creativa, tiene sueños desde la lógica de la evasión.

Me puedo evadir de la realidad soñando que puede haber otra, pero si no trabajo para esa otra nunca la voy a tener.

Hace 11 años que está en el sillón de gobernador de Salta ¿en algún momento se sentó frente al espejo y se preguntó qué estoy haciendo acá?

-Muchas veces. Yo soy muy autocrítico y creo que los errores más grandes que cometí fue tratar de apagar mi autocrítica, de silenciarla, de bajar un poquito el volumen de la autocrítica y ese es un error que no hay que cometer.

¿Cuál es su reacción ante los cuestionamientos que, sin duda, en su enfrentamiento con Romero tuvo para coleccionar?

-(Sonríe). Hay una tendencia natural del hombre de primero enojarse. Es lo que te pasa. Y después empezás a comprender, requiere de un ejercicio espiritual, de tratar de canalizar el disgusto en aprendizaje.

Cuando es aprendizaje, empezás a vibrar de una manera diferente y eso te pone en otro lugar.

¿Se siente preparado para ser presidente del país?

-Mirá, el problema es cuando se miden las cosas en términos absolutos o en términos relativos. Recién te acordabas de una anécdota de Perón (risas) pero yo me formé toda la vida para lo que hago.

Aparte de mi profesión de abogado, me dediqué a formarme yo y a formar agentes para trabajar en el sector público. Hace, te voy a decir, veinte años creamos con unos amigos una organización gubernamental en la que nos dedicamos a formar agentes públicos.

Y empezamos por formarnos nosotros, y luego a otros y hoy esa escuela de formación es una universidad.

Estamos dando carreras de grado, de posgrado, tecnicaturas, formando a la gente para la administración pública.

El grave problema que tiene la Argentina es que nosotros no nos dedicamos a formar agentes públicos, tenemos un montón de chicos y chicas con buenas intenciones que quieren hacer las cosas y después fracasan. O porque tenían muy buenas convicciones ideológicas pero no sabían cómo ejecutarlas, o porque eran muy buenos en la actividad privada, pero no entendieron como era el sector público.

La Argentina necesita formar en eso, yo lo vengo trabajando hace mucho, hemos tenido experiencias, esta escuela de administración pública tituló cursos con Francia, estuve allí y en distintos lugares del mundo, formándome, preparándome para lo que significa ser un administrador público.

Porque para nosotros está bien, este pibe tiene buenas intenciones, pero después tiene que gobernar.

Siendo gobernador de Salta, me imagino que habrá sentido muchas veces que Dios atiende en Buenos Aires únicamente ¿es así?

-Definitivamente. Es un problema serio que nosotros tenemos que revertir, lo hablamos con Martín (Gill) hoy, con mi amigo intendente, el federalismo que reclamamos lo tenemos que empezar a practicar nosotros a nivel horizontal.

No podemos reclamar federalismo que venga de Buenos Aires, nosotros tenemos que hacer un país federal. Y tenemos que empezar con la integración horizontal entre las provincias, los municipios con las provincias y generar un federalismo vibrante que vaya de abajo para arriba.

Porque si no nosotros creemos que nos salvamos, vemos que un provinciano ocupa un lugar, y fijate que hoy en la política nacional salvo Schiaretti y yo, son gente de Buenos Aires que la política nacional la transpolan a Buenos Aires y los del interior muchas veces los vemos pasar.

El Gobierno nacional basó parte de su discurso en la República ¿existe hoy la República?

-Lo primero que necesita es entender que nuestra sociedad cambió, que el mundo cambió. No se puede pretender que la solución sea lo que la Argentina nunca fue, o lo que fue en el pasado. Hay que construir la Argentina del futuro, se avanzó en alguna materia institucional, no voy a ser necio, pero creo que falta mucho, mucho.

Usted es abogado ¿cómo se resuelve el tema de la Justicia que pareciera no ser totalmente independiente al poder político?

-Lo primero que tenemos que garantizar es una Justicia que pueda llegar en tiempo y forma. Hay que ir a reformas profundas del sistema, hay que ir al sistema acusatorio, hay que explorar la actividad de juicios por jurados, hay que ir a una lógica que valide la Justicia desde una ética ciudadana.

En el mundo, el modelo de la democracia representativa está en crisis, la gente va a un modelo de democracia mucho más participativa. Si la injusticia sigue anclada con los ritos y los rigores de principios de los siglos XIX o XX, en el siglo XXI nunca va a funcionar. La injerencia indebida en la Justicia, en alguna medida se genera por el enorme desprestigio que tiene. Si nosotros tuviéramos una Justicia con mayor prestigio, no habría justificación para que nadie se meta.

Hoy el mundo tiende al proteccionismo y nosotros nos abrimos sin recaudos ¿vamos a contramano del mundo?

-Hay brotes de proteccionismo pero tienen que ver con un reflejo natural de acompañar al que está más cerca. Cuando vos ves una situación de peligro, te abrazás al de al lado, es la reacción natural del hombre.

Y en este marco, creo que lo que está pasando en muchos países es eso, revalorizar lo cercano. Lo que tenés a tu lado, con quienes convivís, la vieja polis griega.

¿Quiénes lo están haciendo? Los países que están de vuelta, los que salieron del enamoramiento de la globalización a cualquier precio.

Pero no nos confundamos, la globalización no para, lo que tenés que hacer es acomodarte de alguna manera para que ese nivel de integración tan grande no lastime a tu vecino, al que está al lado. La Argentina todavía no tomó conciencia de eso y por eso lo estamos padeciendo.

La burbuja financiera explotó en 2008 y hoy nosotros vivimos en la timba financiera ¿fue un error del Gobierno?

-Aparte sabés qué, nuestro sistema financiero es tan pequeño que es casi intrascendente, el problema es que, yo provengo de la producción y me quejo siempre de eso. Después cuando me pongo a estudiar y ver los datos, tampoco el sistema financiero funciona, porque yo no puedo tomar un crédito para mejorar la infraestructura de mi establecimiento comercial, el pequeño comerciante no puede ampliar su negocio, el productor primario no puede innovar en tecnología porque no tiene créditos.

Entonces ¿qué sistema financiero tenemos? No tenemos nada, solamente tenemos especulación.

Un sistema financiero fuerte, sólido, se necesita para tener una Argentina productiva. El problema es que este gobierno ha alentado, por su obsesión con una lógica monetarista para mí antigua,   a la especulación.

Por eso nos va como nos va. Con las tasas que tenemos en este país es técnicamente imposible tener un sistema financiero razonable.

¿De chico soñaba con ser presidente o tenía otras aspiraciones?

-Yo quería ser presidente. Quería ser gobernador de Salta. También quería un montón de cosas, (sonríe) y algunas cosas fueron quedando en el camino. Quería jugar en Los Pumas, yo jugaba al rugby desde chico, jugaba al tenis y quería jugar la Davis.

Y algunos planes fueron quedando afuera porque los años me fueron corriendo de lugar (risas).

Lo que siempre quise es cantar y tocar un instrumento, pero nunca supe. Creo que desentono hasta en el Himno Nacional (risas) pero eso es una cuenta pendiente.

Usted era muy pequeño durante la dictadura, no obstante ¿le quedó algún recuerdo de esa época?

-Sí, me quedaron muchos recuerdos. Mi padre era hijo único, pero mi madre tenía dos hermanos, uno murió y el otro estuvo preso y luego exiliado en la época de la dictadura.

Nosotros lo vivimos de cerca a lo que significó estar vigilados, la restricción de libertades, eso que vivieron tantos argentinos.

¿En qué momento se dejó de lado la lucha por una causa para hablar de proyectos que tienen más que ver con lo personal que con lo colectivo?

-Creo que tiene que ver con procesos de desencantos, en los cuales la causa común empezó a ocupar un lugar más pequeño que está lógica individualista, casi hedonista de que “me quiero salvar yo de cualquier manera”. Y eso terminó en ir generando lo que hoy vivimos como sociedad. Pero eso se puede cambiar, yo valoro a la Argentina como un pueblo de enorme catadura moral.

Obviamente, lo visible siempre es lo vicioso y creo que la sociedad se va a autodepurar.

La estrategia de un peronismo dividido ¿no es funcional a Macri?

-Sería funcional a Macri no escuchar a la gente. Nosotros tenemos un porcentaje de argentinos, en el mejor de los casos puede ser un cuarto, que quiere darle continuidad al actual gobierno.

Hay un porcentaje bastante parecido a ese que quiere volver al anterior gobierno. Y hay una mitad de argentinos que no quiere nada ni con un uno ni con otro.

Por una cuestión práctica, si nosotros nos amontonamos en uno de esos sectores y dejamos a la mitad de los argentinos vacíos de representación me parece que cometeríamos un error y ahí sí que seríamos muy funcionales a Macri.

Porque si nosotros validamos la lógica de la grieta, trabajamos en el negocio del Gobierno, yo quiero romper esa lógica.

¿Y de qué manera se rompe la lógica de la grieta porque hay dos sectores enfrentados?

-Sí, pero hay un sector más grande que quiere una Argentina de unidad nacional. Hay que darle fuerza a ese sector, que no está en la política, pero sí está en la sociedad. A diferencia de otras veces en política donde uno a los codazos se abre espacios, acá la sociedad está demandando un espacio que la política no se lo está ofreciendo.

Pasa también que cada vez que piden sacrificios, los únicos que hacemos el sacrificio somos nosotros, la clase política nunca hace ningún sacrificio.

-Correcto. Hay que romper la lógica de la clase y no debemos pensar ni actuar con lógica de una clase política. Los dirigentes políticos tenemos que entender que somos dirigentes, cuando nos comportamos como clase o corporación estamos perdidos. Y eso es lo que muchas veces pasa.

En estas políticas de Estado que quieren impulsar desde su espacio ¿cuáles son los puntos principales?

-Lo primero que hay que encontrar es una lógica de unidad nacional y cuando hablo de unidad nacional no estoy hablando solamente de políticos, estoy hablando de organizaciones sociales, trabajadores, empresarios, el mundo entero y generar un marco de políticas de Estado. Punto uno.

Punto dos, adónde deben estar dirigidas esas políticas de Estado, esencialmente a achicar la brecha que tenemos en la Argentina entre los que están adentro y los que están afuera.

Hay que integrar a casi un 40% de argentinos que están fuera de todo, que laburan fuera del sistema, lo primero que tenemos que hacer es integrarlos.

¿Cómo lo hacemos? Para poder lograrlo necesitamos una Argentina que crezca, y eso requiere invariablemente de acomodar las variables macroeconómicas a un modelo de una Argentina desarrollista.

Pretender que “no se puede hacer otra cosa”, como pasa ahora, es olvidarse de que el Estado es el articulador de la sociedad.

Los gobiernos existen para acomodar las variables, si no para eso no tengamos gobiernos.

Junto con la variable sociológica más la variable productiva, el incluyente nato dentro del sistema, es la educación. Nuestro sistema educativo no está formando a los chicos con herramientas para desarrollarse en la vida.

Hoy salió un informe dramático, que cuatro de cada diez chicos no termina el secundario, eso destruye cualquier oportunidad de empleabilidad de ese chico en el futuro.

Nosotros tenemos que garantizar plena inclusión en el sistema educativo y garantizar una calidad en el sistema en el que los contenidos les den herramientas que en términos prácticos les sirvan a los chicos, si no se van a terminar yendo de la escuela.

¿Está a favor de la educación pública?

-Definitivamente. Aparte alterno mi función con la de docente en la Universidad Nacional de Salta. Soy parte de eso, soy producto de la universidad pública.

En el espacio que usted integra hay varios candidatos posibles a presidente…

-Lo mejor sería que haya muchos candidatos y que la gente elija al mejor, en unas PASO y que el mejor de todos sea nuestro referente en las elecciones de octubre.

¿Habrá PASO?

-Sí, tiene que haber. Esto se resuelve con más democracia, no con menos. La intención de eliminar las PASO para ahorrar plata es no entender que nos están pidiendo más participación, no menos.

Si vos eliminás las PASO, y las candidaturas se resuelven en las mesas de café y nosotros necesitamos que sea la gente la que resuelva.

¿Cuál fue el momento más triste que le tocó vivir?

Tuve momentos muy tristes, desde lo familiar, un drama fuerte que tuve con la muerte de un sobrino al que quería mucho. Cuando se rompe la ley natural te complica, lo natural es que los chicos enterremos a los viejos y cuando eso se invierte te pone muy triste. Pero, en términos de la cotidianeidad lo triste es la desesperanza y eso vemos mucho en la sociedad.

¿Y el momento de mayor felicidad?

-Para mí fue cuando nacieron mis hijos, tener un hijo y verlos crecer y ahora que tuve una beba que tiene seis meses es como la felicidad en cuotas, con Isabel y con la nena es como saber que ellas llegaron a mi vida para darme felicidad y eso es algo que no tiene comparación.

¿Siempre fue excéntrico?

-(Risas) Siempre, siempre. Lo que pasa que excéntrico depende el medio porque, por ejemplo, dos de mis hermanos corrían en auto, dos de mis hijos corren en auto, entonces claro para un tipo que está fuera de eso soy un excéntrico, pero para que el que está dentro de eso, el loco soy yo que no corría.

Todo es relativo. Pero siempre rompí moldes, siempre, no me gusta estar encorsetado, no me gusta que me etiqueten.

Ahora a los 49 años ¿qué sueño tiene?

-Sueño con colaborar en dejarles a mis hijos una Argentina mejor de la que me dejaron mis padres. Eso sueño. Desde el lugar que sea, trabajo para eso.

¿Es posible?

-Definitivamente, creo que lo peor que nos puede pasar es perder la esperanza.

 

Opiniones

Mauricio Macri
Creo que las cosas no le están saliendo bien, no voy a dudar de sus intenciones, pero claramente los resultados no fueron los que él planteaba.

Juan Schiaretti
Es de los mejores gobernadores que tenemos en la Argentina y uno de los dirigentes políticos de mayor gravitación e importancia en el país.

Martín Gill
Es una gran persona, una persona con firmes convicciones y eso es valiosísimo y con una trayectoria pública realmente interesante.

 

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