“¿Te gusta, nene?”: Cachoíto De Lorenzi, su humildad y una huella imborrable

En cada rincón de la provincia y el país aún vive el recuerdo y el germen del gran Cachoíto. Hoy, en un mar de letras e imágenes, hacemos un digno recuento cronológico de su obra

Escribe: Daniel Rodríguez

En 1940, los ojos de Miguel De Lorenzi (conocido popularmente como Cachoíto) empezaban a ver el mundo desde tierra villamariense. El aún no sabía que iba a ser una de las personas más destacadas en toda la provincia gracias a sus trabajos, ideas y empeño (o tal vez sí).

Vanguardista por aquellos años, dejó una impronta interesantísima en el Instituto Bernardino Rivadavia, donde culminó sus estudios secundarios. Es que ya se insinuaban y percibían sus preferencias. Años mas tarde, sería uno de los más destacados directores de arte y un reconocido diseñador gráfico (el primero en ser llamado de esa manera en Córdoba), pero aún faltaba que el agua corriera por debajo del puente.

 

Los primeros pasos

A fines de los 50, ya en Córdoba capital, momentos en los que todavía se oían los murmullos de la terrible Revolución Libertadora a nivel nacional, comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Córdoba (UNC), pleno corazón del verde parque del campus. Estudiar en la gran urbe, como todos sabemos, no siempre es fácil. La temática monetaria siempre es vital a la hora de poder vivir y sobrevivir en dicha jungla de cemento. Por eso, Miguel, con la idea de solventar sus gastos de altos estudios decide salir en la búsqueda de trabajo y lo hace nada más y nada menos que en Nova Propaganda -una de las más importantes agencias en aquellos momentos- y, para su sorpresa, quedó seleccionado para caminar por dichas oficinas.

Recordando aquellos momentos, hace un tiempo atrás Di Lorenzi dialogó con Darío Falconi para EL DIARIO y decía:

“Muy ambicioso, me hice una carpetita y fui a una de las agencias más importantes que había en Córdoba en ese momento y tuve fortuna. Llegué y no lo podía creer. Son tiempos que no corren ahora. Me preguntaron ‘¿cuándo querés empezar a trabajar?’. Eso para un estudiante es una cosa descomunal, que a los tres días de estar en Córdoba tuvieras trabajo era increíble”.

Así se escribía su historia. Pintoresca, con tino y con las alegrías que se merecía.

 

El nacimiento de la “cebra” de Canal 10

Ya en 1961, De Lorenzi fue convocado por Félix Garzón Maceda, director de la Radio LW1 (ahora formalmente Radio Universidad 580) para trabajar nada más y nada menos que en la responsabilidad gráfica de Canal 10, la señal que tendrían y en la que formaría parte del equipo fundacional que empezaba a caminar y a entrometerse en la casa de cientos -y miles- de vecinos. Hoy ya pasaron 55 años de aquel día en que un joven de 21 años, desde las costas del Ctalamochita, empezaba a dejar una huella imborrable y resistente al paso del tiempo.

De esta manera, Cachoíto diseñó -en 1962- una placa identificatoria del canal compuesta por un conjunto de líneas negras, onduladas, que en el centro poseían “Canal 10” en letras negras sobre blanco bajo el escudo de la UNC. Dicho diseño lo asemejaba al mencionado animal por las líneas que recorrían y ocupaban las pantallas valvulares de los viejos televisores de antaño. Así, la señal de ajuste terminó siendo la que identificaría para siempre al “10”.

Allí, en esa pantalla, se debatía la posibilidad de Córdoba como posible capital argentina, en el centro de la República. Allí estaba Cachoíto. Aún faltaban más de 15 años para que el color invadiera cada rincón del vidrioso rectángulo (la pantalla).

Cada rincón, cada espacio tenían su impronta.. El no sólo ocupaba la cuestión de logo e imagen, también sería luego el que se encargaría de los vestuarios, de la escenografía y hasta de la utilería que se mostraba en la pantalla chica. Dentro de dicho plantel de trabajo también se encontraba su esposa, la conocida Piki (Norma Vanina), quien sería la primera conductora cordobesa. Ella fue también, conjuntamente con su hija, quien lo acompañó durante sus últimos años.

Por los ojos y las manos del hombre pasaba también la creación de aperturas, placas, barridos, cortes y más que tenían que ver con el trabajo conocido como la “artística”. Los que lo conocieron afirman que era “un hombre simpático de fácil diálogo, con quien se podían compartir largas horas de charla amena”. Aquella humildad que solo tienen los grandes, a pesar de lo trillado de la frase.

 

El lienzo y la pantalla grande

En 1964, junto a su esposa codirige un corto llamado “Pinito y la estrella” de una duración aproximada de cuatro minutos y medio. Con dicha obra llegó a participar de una muestra nada más y nada menos que en el Festival de Cannes del mismo año. Paralelo a eso, su pluma estaba en movimiento y los cuadros que llegó a pintar se encontraban en diferentes exposiciones con una cotización muy interesante.

Mas tarde, en 1973 se encontraría en Europa, donde se perfeccionó en arte y escenografía en el Centro Experimental de Televisión de la RAI, en la mítica ciudad de Florencia. Sí, ¡la RAI! ¡La cadena italiana! Así de grande fue su tarea y también su entrenamiento en búsqueda de constantes mejorías.

 

El paso a la tinta y el papel

La rauda y prolífica tarea de Di Lorenzi no se detenía. Ya en 1979, tiempos duros donde el contexto era la terrorífica dictadura militar, que llenaba de miedo el país, Cachoíto ingresaba como director de Arte y diseñador nada más y nada menos que en La Voz del Interior, participando más tarde en los rediseños de 1980, 1995 y 2001. Estos trabajos de rediseño eran en los que parte de la gráfica el posicionamiento, el ordenamiento de las tapas o las fuentes elegidas mutaban, pero no de una manera brusca. Los medios suelen cambiar un poco su semblante, aunque no de manera completa para evitar que el lector sienta que “ya no es lo mismo”. No solo su trabajo quedó en La Voz, sino que también participó en la diagramación de Día a Día, otro periódico de corte más popular de dicho grupo.

Los años de trabajo de Miguel fueron realmente destacados y repletos de alegrías, que pudo compartir con todas aquellas personas que tanto lo apreciaban. Inclusive, cuando ya era más que una institución en La Voz, él seguía con esa modestia característica que lo hacía consultarles a los demás qué les parecían los dibujos que terminaba de elaborar (ver “¿Te gusta, nene?”).

Es importante recordar y recapitular que también algunos de sus trabajos son recordados y atesorados cuando fueron publicados en las revistas “Estadio” de Nilo Neder y “Jerónimo”, obras gráficas que representan fundacionalmente el trabajo de la tinta en la docta. El hiperrealismo y el pop en los paisajes cordobeses eran algunas de sus constantes a la hora del momento creativo.

En 2008, con 60 años, la vida ya lo encontraba trabajando como freelance (de manera independiente) y su blog Andurreando empezaba a ser visitado. En él exponía las distintas imágenes que podía recabar desde las calles de la ciudad. Fotografías de puestos en la peatonal, casas llamativas e incluso carteles que eran dignos de ser retratados. De igual manera, el blog era solo una continuidad de Argentinitas, un grupo de imágenes (o solo una) que acompañaban y les daban color a las páginas de opinión de dicho matutino. Todos los lectores siempre ingresábamos a ver el apartado derecho de una de las páginas centrales del cuerpo principal del diario.

De más está decir que fue premiado. Sí. Multipremiado tanto en Argentina como en el exterior.

 

Los últimos años

Su vida nunca tenía un espacio vacío. Parece imposible imaginarlo sin tenerlo pensando u observando algo bajo sus inconfundibles gafas. En 2008, De Lorenzi presentó su libro editado por El Emporio conjuntamente a la muestra “ReCácholis” -las dos cosas con el mismo nombre-, que fue visitado en el Centro Cultural España de Córdoba (CCEC) y que más tarde sería presentado en su Villa María natal (en el Museo de Bellas Artes Carlos Bonfiglioli). El libro que acompañaba la muestra era un catálogo que mostraba sus diferentes obras.

Una sumatoria y una síntesis del paso de los tiempos, todo eso era. Inclusive en alguna ocasión mencionó la importancia de saber seleccionar todo lo que había dando vueltas en la red, ya que el material ahora está disponible más fácil, pero no por eso la creación es menos simple.

Una larga y florida carrera fue la que el ilustrador, diseñador gráfico y curioso incansable pudo lograr, con alegría y sencillez hasta su último día. Ese cariño y ese amor que lo rodeó fue el mismo que lo despidió cuando en 2010, a los 69 años (a días de sus 70), se despidió producto de una dolorosa enfermedad de este mundo de manera parcial, ya que sus obras viven en el inconsciente colectivo y el recuerdo de cada joven que emprende el camino de la imagen, sabiendo que es un hecho poder encontrarse con una imagen a cada paso, con una sensibilidad que él mismo creó en cada periodista cordobés.

 

Para ver: documental sobre la vida y obra de Cachoíto

“¿Te gusta, nene?”. Esa es la frase que él utilizaba siempre al momento de mostrar sus trabajos con sus compañeros. Hoy, un documental realizado por Natalia Castagno, Lucrecia Castro y Silvana Lovato es el que se puede disfrutar para conocer un poco más acerca de este gran artista. El mismo recorre su vida, sus dibujos y su arte, más una entrevista a Juan Colombato, quien fuera su compañero de trabajo en el matutino cordobés.

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