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¿Tenemos hiperinflación en Argentina?

Consultamos a tres expertos villamarienses

El pasado 2 de enero, el economista Orlando Ferreres publicó en La Nación un artículo con un título alarmante: “La Argentina tiene hiperinflación”, donde sostiene que “si la inflación acumulada de los últimos tres años suma más de100%, ese es un país hiperinflacionario”.

Peso específico consultó a tres economistas locales sobre esta definición y el rumbo actual de Argentina.

♦ “La salida es la recuperación del aparato productivo”
(
Darío Poncio, de Poncio Consultores Asociados)

La cuestión de las normas contables que definen hiperinflación tienen más que ver con las empresas que cotizan en bolsa.

De todos modos, en Argentina, hemos tenido grandes períodos de inflación desde la década del 50 y las más altas tasas inflacionarias fueron desde 1976 a 1983, durante la última dictadura militar.

Hasta el Rodrigazo (1975), teníamos una tasa del 30% al 40% anual, luego en dictadura, como dijimos, hubo tasa muchos más altas. Luego con Alfonsín llegó el plan Austral en 1985 aunque las tasas siguieron en alza hasta que fue la eclosión en 1989 cuando el presidente debe entregar el mandato en forma anticipada. Menem asumió en julio del 89 con el 200% de inflación de ese mes lo que hacía un acumulado de 3.000% anual. Ya en 1990, se llegaría a la segunda hiperinflación de más de 1.000% que luego se detendría con la convertibilidad a costa de un fuerte parálisis productiva y la apertura de importaciones, más recesión y desocupación. Luego se repuntaría la inflación en la última etapa de De la Rúa y entre 2003 y 2007, con Néstor Kirchner de presidente y Roberto Lavagna de ministro de Economía, se tendría una tasa de inflación baja pero con una economía que crecía y con superávits fiscal y comercial hasta que comenzaron los problemas.

El autor del artículo de La Nación mete al kirchnerismo cuando incluye 2015 en el último período analizado, pero ese justamente es el último año de Cristina Kirchner en el poder, cuando había 27% de inflación.

El primer año de Macri, en 2016, la tasa era del 41%, en 2017 fue del 27% y en 2018 del 48%, lo que daría un acumulado del 165%.

De todos modos, para hablar de inflación en general los economistas monetaristas ortodoxos señalan que el problema de la inflación es únicamente monetario. Pero fijate que se aumentó la tasa de interés para generar la recesión: como resultado, la industria cayó un 13% y sin embargo los precios siguen aumentando.

Hay un dato muy importante a tener en cuenta: de los balances de 65 empresas que se analizaron en la Bolsa de Comercio de Argentina al 30 de septiembre de 2018, 51 de esas empresas que perdieron plata. Dicha cantidad, en 2015, ganaban dinero porque había consumo y también había inversión más allá de la inflación.

 

Posición dominante

¿Por qué pierden plata? Porque el dólar se fue al diablo, no pueden endeudarse en el exterior y sobre todo porque el mercado interno está deprimido.

Pero ¿cómo hacen para no seguir perdiendo más dinero del que pierden? Aumentan los precios ya que la mayoría de esas empresas tienen posición dominante en el mercado y son oligopolios o monopolios. Las empresas de gaseosas, perfumería y limpieza están remarcando un 15% a 20% de aumento en sus productos. De seguir así, la inflación va a seguir aumentando.

Esta es una crisis inédita porque por primera vez las empresas grandes están perdiendo, siempre perdían las Pymes. Para poner como ejemplo, en los primeros nueve meses del año pasado, Arcor, perdió 6 mil millones de pesos. Sólo están ganando las empresas energéticas y las agropecuarias grandes. Hasta las fábricas de autos están perdiendo dinero. Por ello, los grandes capitalistas están buscando otro horizonte y otro candidato para las próximas elecciones.

 

¿Alguna salida viable?

El Gobierno pone énfasis en el déficit cero que es la diferencia entre ingresos y egresos, sin considerar el pago de los intereses de la deuda. Pero esos interese significan tres puntos del Producto Interno. Está tan adeudada la Argentina que cuando Macri asumió se debía el 50% del PBI y ahora debemos el 95%.

Eso genera que, por más que se controlen los egresos y que suban los ingresos, el déficit para pagar los intereses de deuda es altísimo. Y además, por más que se bajen los gastos, la actividad económica está tan castigada que las empresas, al vender menos, pagan menos impuestos, entonces el déficit, en vez de achicarse, aumenta.

La salida es una recuperación del aparato productivo y que la industria vuelva a retomar su sesgo productivista y también bajar la tasa de interés porque es inviable ya que se demostró que es incapaz de controlar los precios.

 

♦ “Aumentar la tasa de interés fue increíblemente torpe”
(Alfredo Koncurat, de EKO Consultora)

¿Es una afirmación exagerada decir que hay una hiperinflación?

-Es verdad que la Argentina está en un proceso inflacionario importante, que ya nos acompaña desde hace más de una década, con importantes mecanismos de presión inflacionaria que refuerzan este flagelo, pero me parece que no estamos todavía en una hiperinflación.

En un proceso hiperinflacionario la moneda pierde todos sus atributos, la gente evita transacciones con la moneda, que ya no sirve ni como unidad de medida y trata de desprenderse lo más rápidamente posible del dinero por su pérdida de valor, es decir: la plata quema en las manos.

Hoy la situación es incipiente, la moneda está perdiendo uno de sus principales atributos: la reserva de valor, y la gente prefiere conservar bienes o divisas, pero todavía el peso argentino sirve como unidad de medida y medio de cambio, aunque ya podemos notar una fuerte distorsión en los precios relativos y la disparidad de precios para los mismos bienes y servicios.

 

¿Los datos acompañan a dicho análisis?

-Si observamos la inflación según el INDEC, no se observa que la acumulación de inflación en tres años supere el 100%, es decir no se cumple la condición de hiperinflación según la definición de la IFRB (Internacional Accounting Standard Board).

Creo que la afirmación es un poco exagerada, pero desde luego las medidas de los últimos años han empeorado aún más la situación del país, no se han atacado las causas. Todo lo contrario, se han reforzado agravando el problema, como por ejemplo la dolarización de las tarifas de servicios públicos.

 

De acuerdo a últimos pronósticos, ¿continuará subiendo la tasa inflacionaria en los próximos meses?

-Según los datos que uno puede ver y analizar, la inflación seguirá siendo un grave problema para la economía argentina con tristes consecuencias para la calidad de vida del grueso de la población, debido a que afecta más de forma desproporcionada a las clases sociales más vulnerables (altamente regresiva).

De no tomarse medidas correctivas que ataquen las causas de la presión inflacionaria y a sus mecanismos de propagación, sin lugar a dudas este flagelo nos seguirá afectando cada vez más, agravado con la débil actividad económica que atenta con la supervivencia de las pymes y el empleo.

Es verdad que la medida de aumentar de forma exagerada la tasa de interés para “secar la plaza” es correcta en ese sentido (para frenar la inflación), pero fue increíblemente torpe ya que también está secando a las Pymes que ya están expulsando trabajadores. Las consecuencias sociales de esta medida ya son nefastas, y todavía no hemos tocado fondo.

 

♦ “Es la manifestación de la desconfianza del pueblo”
(Alberto Costa, de Grupo Costa)

En realidad no hay una discusión de cuándo es hiperinflación y cuándo no, o por lo menos, no me parece relevante en este momento. Sí me parece importante discutir por qué tenemos inflación desde hace muchos años en Argentina.

Digamos que, si lo medimos en términos internacionales, desde hace mucho tenemos hiperinflación porque los niveles que tenemos por arriba del 20 ó el 25% no existen en ningún lugar del mundo.

Sí he leído que 2019 va a ser el primer año con tasas más altas de inflación después de la salida de la convertibilidad, que fue en 2002-2003. La inflación es una manifestación negativa muy profunda que tiene la Argentina, que no la podemos solucionar y es una de las deudas más grandes de la democracia.

La inflación surge por múltiples causas pero la principal es la monetaria; después hay otras que la retroalimentan. Es, directamente, la manifestación de la desconfianza del pueblo a sus gobernantes. Porque la moneda es una institución en un país, como es lo la justicia o el poder ejecutivo y tenés que respetarla. Tiene que funcionar medianamente para que funcione el país. Y a esa institución la hemos vapuleado y manoseado en las últimas décadas. Por eso podemos armar miles de planes antiinflacionarios, todos los que quieras, pero si seguimos mal administrando la cosa pública, si seguimos con casos de corrupción y si no generamos condiciones reales para la producción, vamos a seguir igual. Es una economía enferma, ineficiente, desordenada, corrupta y con un estado absolutamente sobredimensionado que cae sobre las espaldas de la actividad privada la cual, como no lo puede soportar, provoca que se genere el incremento de los precios. Hace poco un economista decía que cuando los argentinos y en exterior crean en el país e inviertan, ahí no va a haber falta ninguna medida, ni tasas de interés para frenar la inflación. En el fondo, el problema es político.

 

¿Hubo inoperancia en el equipo económico del Gobierno?

-Si no hay decisiones políticas de fondo, no hay manera. Vos no podés hacer magia como economista o técnico. El Gobierno no orientó al país en la dirección que había dicho. Si vos vas en un barco a la deriva, vas a enderezarlo como puedas. La gente todavía hoy no sabe hacia dónde va Argentina: ¿para el lado de Venezuela? ¿para el lado de Estados Unidos?

A Bolsonaro se lo puede criticar de mil formas, con medidas detestables, pero está poniendo a Brasil en una dirección.

El problema no es quién gane si no a dónde vamos orientar el barco. Imaginate a un empresario pequeño de Villa María que tiene que poner un peso de más para un nuevo impuesto, que no sabe cuánto va a valer su producto en breve o que si echa un empleado le puede embargar la fábrica. La situación es caótica y todos van tirando en lo que más pueden: el empresario, el gremialista. Sólo se piensa a corto plazo.

 

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