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Un árbitro con sueños gigantes

Gigante (en el centro), como árbitro principal de un encuentro reciente de Reserva entre Lanús y Godoy Cruz. El exatleta y referí local debutó en Primera el último domingo y sigue subiendo de categoría como árbitro de AFA

DIA INTERNACIONAL DEL ARBITRO DE FUTBOL

El referí villamariense Hermes Gigante debutó el último domingo en Primera D, después de recorrer todas las categorías menores de AFA tras instalarse hace cinco años en Buenos Aires. Vivió solo en hostels, alojamientos gratuitos y hasta se coló en comedores, en pos de cumplir “su sueño” de ser árbitro profesional. “Quiero seguir disfrutando lo que hago”, remarcó, mientras añora con llegar al máximo nivel

El último domingo, en Lugano, el local recibió a Argentino de Merlo, por una nueva fecha de la Primera D de AFA. Dicho cotejo, que tuvo tan solo tres amonestados, ningún expulsado y triunfo apretado del Naranja (así se lo apoda al anfitrión), será solo para las estadísticas, pero para un villamariense quedará grabado en su memoria como uno de sus momentos más especiales de vida.

Es que ese cotejo, que se jugó a más de 700 kilómetros de nuestra ciudad, significó el debut “en Primera” del árbitro local Hermes Gigante, cumpliendo un nuevo objetivo en esta profesión que eligió, años atrás, como modo de vida, colmado de pasión.

Es que, el oriundo del barrio Las Playas, de 29 años, tiempo atrás y casi por casualidad terminó tomando la decisión de continuar su carrera arbitral en Capital Federal e instalándose en el gran conurbano bonaerense. A partir de allí fue superando en soledad muchísimas barreras propias de la vida y de la profesión de referí.

Hoy por hoy, Gigante disfruta de su presente tras muchos años de entrega, sacrificio, esmero y ganas de superación, en una función ingrata ante el fanatismo popular por el fútbol, que desconoce las historias de vida de las personas con silbato.

Precisamente, en la previa al Día Internacional del Arbitro de Fútbol, vale resaltar la particular y tremenda historia de vida de este joven villamariense que, tras ser un atleta importante de la ciudad en su adolescencia, con participaciones exitosas en provinciales, nacionales y a nivel internacional (en carreras de media y larga distancia), además de jugador de fútbol (en Deportivo Argentino), hoy es un referí de proyección en el ámbito de la AFA.

Precisamente, el atletismo lo llevó en 2012 a Buenos Aires, a rendir para ser entrenador de dicha disciplina, mientras por estos lados ya dirigía en Inferiores y era asistente de Primera, luego que sus actuales colegas de la ciudad lo invitaran a sumarse a ser árbitro porque entrenaba a la par de ellos en el Polideportivo Guillermo Evans, allá por 2007, con apenas 17 años.

En aquel viaje a Mar del Plata hizo escala en Capital Federal y, estando allí, decidió ir a preguntar al mismísimo edificio ubicado en calle Viamonte: ¿qué tengo que hacer para ser árbitro de AFA?, vestido como cualquier ciudadano común en época de calor, con pantalón corto, remera y zapatillas.

 

A Buenos Aires

Su tesón y decisión le permitieron subir al quinto piso, tras la negación inicial en Mesa de Entrada. Allí esperó y lo recibió el profesor Miguel Darwich, quien lo atendió, le expresó todos los requisitos para realizar el curso y le dijo, ante la insistencia de Gigante: “Te inscribo, pero venite en febrero”. En ese entonces, el entusiasta referí local afirmó con su cabeza, pero internamente se dijo a sí mismo “¿cómo hago?”, teniendo en cuenta que debía instalarse en Buenos Aires, según le cuenta, vía telefónica, a El Diario.

“Estuve todo ese tiempo pensando en cómo iba a hacer para vivir en Buenos Aires, hasta que decidí irme, junté algunos mangos y fui, viviendo en hostels porque no conocía nada. Estudié todo 2013 y, si bien el curso es de dos años, me adelantaron uno porque ya me había recibido en Córdoba y tenía experiencia. Después, me mandaron a hacer todos los exámenes de homologación para entrar en AFA. Fuimos como 80 y entramos 15”.

“En 2014 firmé contrato con AFA, y arranqué bien de abajo, dirigiendo en infantiles, en Claypole, al fondo. Tenía que llegar a las 10 de la mañana, en colectivo y, desde donde vivía, tenía que salir a las 5.30”, comentó.

Así fue el comienzo de una película maravillosa de vida que realizó Hermes en la gigante Buenos Aires, que le dejó imborrables recuerdos y fue forjando una personalidad que, hoy por hoy, le permite “tener un plus” en su profesión de árbitro de fútbol.

 

“Todo el tiempo me quería volver…”

“Fue complicado, muy duro. Después de un tiempo de vivir en hostels, conocí un amigo que me dio un lugar en su departamento, pero después él se fue a vivir con su hermano y me fui a Wilde, a un alojamiento gratuito muy precario, con techo de chapa, no tenía ni duchas. Allí estaba siempre solo, durante dos años, si bien en un tiempo me acompañó Fabián (Jaimes, otro joven árbitro local que hoy es asistente en Inferiores y Reserva de AFA)… Fue muy bravo, hasta me tuve que colar en un comedor para poder comer, pero un día se dieron cuenta y me sacaron”.

“Todo el tiempo me quería volver, pero sabía que tenía que quedarme ahí porque ya había logrado entrar a AFA”, agregó.

“Ya en 2015 hubo un click en mi carrera. Empecé a dirigir Inferiores de AFA, ya iba de asistente a los partidos de Reserva y, al conocer un poco más, ya dirigía por mi cuenta en torneos como es el AFUCO en Villa María o fútbol femenino. Ganaba algo más de plata, pude alquilar un departamento en Capital, comprar mi cama, mis cosas, ante la posibilidad de tener un ingreso estable porque, en esta profesión, cuesta encontrar un laburo fijo a la par porque hay que viajar mucho, te toca dirigir en distintos días y horarios…”.

“La remé muchísimo, pero confiaba que iba a ir progresando y subiendo, si bien en este trabajo somos muchos y nadie te garantiza nada”, confesó.

 

El debut

Así fue que, luego de varios de años de recorrer todos los niveles, desde infantiles e Inferiores de la Primera D, C, B y B Nacional, todas las reservas hasta de Primera división, finalmente llegó la oportunidad de llegar a Primera, el último domingo.

“Fue un camino muy largo. Acá tenés muchísimas categorías, es muy lento, de a poquito y siempre y cuando tengas buenos rendimientos. Porque nosotros somos muchos y los veedores son pocos. Entonces, son un montón de condiciones que se tienen que ir dando para ir subiendo. El último año tuve una temporada entera de Reserva de Primera y ya el último domingo me tocó debutar, y me fue bien porque volví a estar en la designación para este fin de semana, pero no salió mi bolilla; aunque haber estado nuevamente designado quiere decir que hice las cosas bien”.

Satisfecho de su estreno y ante la consulta de cómo sigue todo esto, Gigante indicó: “Quiero disfrutar de todos los partidos y vivir el día a día, pero siempre entrenando al máximo, cuidándome de las comidas, y demostrarles a los profesores que estoy comprometido al cien por cien; y después, está la otra parte, de cumplir dentro del campo de juego”.

 

Presente y futuro

“El objetivo, como siempre, es entregar todo. Las cosas se van a ir dando de acuerdo a los resultados que vaya obteniendo y la actitud que tenga en el día a día, buscando hacer una diferencia con respecto a los demás porque, como dije antes, somos muchos. Es decir, pienso en ir paso a paso y después Dios dirá lo que sea para mí”, añadió.

Más allá de estar enfocado en el presente, Gigante sueña “con llegar a Primera, en dirigir clásicos, a nivel internacional… Sin dudas me gustaría estar en ese lugar, aunque son cosas que se van dando muy de a poco y, por lo tanto, mi objetivo es sobre todo seguir disfrutando lo que hago”.

Como cierre, sobre cómo fue la interacción con la familia y los amigos de la ciudad desde que se radicó en Buenos Aires, recalcó: “Ahora es más fácil, pero ni bien llegué no tenía tanto contacto con ellos y no podía compartir los momentos de felicidad o tristeza. También me tocó estando acá que falleció mi abuela y, si bien por suerte la había podido ver días antes, no llegué a su velorio, por la distancia y el tiempo… Esto tiene esas cosas, que por ahí tenés una dificultad o un problema acá, quieras o no, no podés mirar para un costado, ni atrás o adelante, sino mirarte a vos mismo y sacar fuerzas de algún lado porque sos tu propio apoyo y sostén cuando estás lejos de todos”.

“Todo eso te ayuda a fortalecerte, a saber dónde sos fuerte, débil, en dónde tenés que crecer y madurar y, sobre todo, realmente te das cuenta si es tu pasión o no. Porque en los momentos en que las cosas se ponen difíciles, dudás de todo y si no estás seguro de lo que querés en la primera de cambio tirás la toalla. Por todo lo que viví me da más fuerzas, garra, empuje y un plus mayor, que te hace un mejor profesional, amigo y, en síntesis, una mejor persona, que es lo que vale”, finalizó.

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