“Un país sin justicia verdadera nunca va a salir adelante”

Ismael Díaz

Nació en Las Rosas (Santa Fe), el 9 de noviembre de 1956. Casado, tres hijos, dos nietos. Comerciante. Siendo un bebé, sus padres se radicaron en Alto Alegre. En la década del 70, apenas finalizado el secundario empezó a militar en la Unión Cívica Radical de su pueblo. En el año 1982, ya residiendo en Villa María, se acercó al comité local. En 1985 fue presidente de la Juventud Radical. Desde 1987 hasta 1991 ocupó la Secretaría Habilitada del Concejo Deliberante. Fue presidente del Comité de Circuito y en 2011 candidato a legislador departamental. Después de la convención de Gualeguaychú, con la decisión de la UCR de integrar Cambiemos, dejó la militancia activa

Escribe Nancy Musa
DE NUESTRA REDACCION

Es un apasionado de la historia del turf, le gusta el tango y la pesca. Se fue haciendo camino desde pibe trabajando en diversos lugares y a la vez dedicando tiempo a la militancia en el espacio que eligió por los principios doctrinarios. Los colores de la UCR lo identifican, está convencido de que la democracia se sustenta con los principales partidos fortalecidos y espera que la juventud recupere esas banderas que para él se perdieron a través del tiempo.

No sacó réditos de la política, sí cosechó amigos. Defiende sus convicciones alfonsinistas, analiza lo bueno y lo malo de cada gobierno, sin fanatismos, no se calla y sigue soñando con una Argentina distinta, con justicia y educación.

 

-¿Cuál fue el motivo que lo llevó a retirarse de la militancia activa después de haber dedicado parte de su vida al radicalismo?

-Después de la convención de Gualeguaychú, no estaba de acuerdo con lo que se había decidido, tampoco me podía oponer a lo que decidía el partido, ya que es orgánico, pero nadie podía obligarme a aceptarlo y tomar mis decisiones personales con respecto al día que había que ir a poner el voto en las urnas.

A raíz de eso (por la alianza) no fui más, prácticamente, al partido. No fui más porque ya no era la Unión Cívica Radical genuina, sino que era compartir con otras opciones políticas que no tienen nada que ver con lo que fundamentó mi militancia, que era el alfonsinismo.

 

-En ese momento, los que tomaron la decisión dijeron que era una alianza electoral necesaria, ¿considera que era necesaria o se podría haber evitado?

-Se podría haber evitado para que el radicalismo siguiera subsistiendo como partido político y seguramente no hubiera ganado, hubiera sido minoría, pero sabríamos bien quiénes eran los radicales. Ahora, después de eso se ganó y las consecuencias de esa alianza son muy parecidas a la anterior cuando ganó De la Rúa. Creo que es una fórmula que no da resultados, más allá de que estoy de acuerdo con que era importante terminar con 12 años del gobierno anterior, pero tendría que haber habido otra opción.

Tal vez hubiera seguido el kirchnerismo si no se hubiera hecho la alianza, pero en lo personal creo que predecía lo que está pasando hoy.

Por eso dejé de militar, no molesté a nadie, no molesto a nadie, y si el radicalismo vuelve a presentarse como partido propio y ser una opción para la sociedad, podría volver a la militancia.

Además, los principios y los ideales míos los milito todos los días en la calle. Sé lo bueno que se hizo en otros gobiernos, lo bueno que hace este, lo malo de los otros y lo malo de este.

 

-¿Qué es lo que más le preocupa en la realidad que estamos viviendo actualmente?

-Creo que es lo que les preocupa a todos los argentinos, que el país no tiene un rumbo económico, más allá de que se haya hablado de un crecimiento que no se ve, que las inversiones que estamos esperando no vienen y que los buitres internos de siempre nos siguen comiendo.

Siguen aprovechando las oportunidades, tanto las corporaciones como los empresarios, y al Gobierno lo veo débil en ese aspecto y tendría que haber echado mano dura apenas ganó.

Y es preocupante porque tengo hijos, tengo nietos, y realmente ver así a este país tan rico, tan poderoso… vos ves que otros países que tienen menos riqueza están tan estabilizados.

Es como el cuento de la buena pipa. Sale uno que es malo, entra otro que es peor, y bueno, tal vez el problema es de todos los argentinos que somos una especie medio complicada.

 

-¿Somos complicados o tenemos ejemplos complicados?

-(Sonríe). Por supuesto. Los otros días escribí en las redes una frase que decía: “Será posible que no podamos conseguir que entre alguien en un ministerio que no tenga un proceso”, parece que estar procesado, imputado es algo común no sólo de ahora. Y eso es injusticia. Y el país que no tiene clara la justicia, que no tenga justicia verdadera, nunca va salir adelante.

Un país con justicia y educación, con poco sale adelante. Y esas cosas acá están fallando, después seguimos con el tema de la salud y todo lo demás.

 

-¿La justicia funciona acorde al poder de turno?

-Totalmente, y si no especula. Todavía está el país dividido y están especulando con la próxima elección a ver quién viene, no hay una justicia independiente en este país.

 

-Usted como radical ¿qué mirada tiene con respecto a las medidas que toma el Gobierno nacional?

-En la parte económica, no soy economista, pero me parece que si eran necesarias, como dicen algunos, se tendría que haber anticipado, se tendría que haber dicho la verdad. Pero es como que están especulando. Me preocupa muchísimo, se guían por las encuestas, y siento que estamos a la deriva. Me parece que se podrían haber tomado en forma más paulatina, no tan severas, hay gente que está sufriendo muchísimo y es gente que votó a este Gobierno.

Pero eso es consecuencia de algo, seguimos con que uno le echa la culpa al otro, seguimos con la grieta famosa y es lo mejor que hay para excusarnos y gobernar como se está gobernando.

 

-Ismael, ¿cómo empezó a militar en el radicalismo, qué lo atrapó?

-Cuando era muy joven, a los 17 años, vivía en Alto Alegre. Mi papá no era ni radical ni peronista, no tenía una idea fija, su mejor amigo había sido un ferroviario de la provincia de Santa Fe que era comunista.

Mi papá pregonaba un poco esa ideología y cuando en 1973 se abre la actividad política, yo estaba en el último año de la Escuela del Trabajo.

Mientras estudiaba pasó el Cordobazo, y ahí fue cuando empezó a desprenderse la chispa. La Escuela del Trabajo tenía la mayoría de sus profesores peronistas o muy politizados. Estaba Sella, Domínguez, Teobaldo Morales, la señora de Domínguez. Teobaldo era un tipo que te hablaba de la historia.

Y ya en el 73, termino el secundario y me acerco a la UCR invitado por un médico de Alto Alegre, el doctor Tedín, un señor Catáneo, y todos mis amigos eran peronistas (risas). Eramos dos los radicales. Pero me atrapó mucho la historia del radicalismo.

 

-Y al toque tuvo que participar en una interna de su partido.

-Sí, fue la interna de Alfonsín contra Balbín. Balbín-De la Rúa contra Alfonsín-Storani. Acá en Córdoba ganamos, pero perdimos a nivel nacional.

 

-¿Usted rápidamente se inclinó por Alfonsín?

-Sí, lo conocí en Bell Ville, en esa época había ido a un acto y me pareció un tipo distinto. En la Escuela del Trabajo discutíamos mucho porque la mayoría era peronista (sonríe).

 

-¿Fueron épocas muy politizadas?

-Sí, muy politizadas, pero distintas. La mayoría eran peronistas y radicales, una parte de la izquierda, otra del Partido Intransigente, nada más. No era esta ensaladera que es ahora. Era plantar las banderas del yrigoyenismo frente al peronismo. Y empecé y no pegué más la vuelta, después vino el golpe militar, yo estaba trabajando acá en Villa María, en la construcción del barrio Beletti.

Me recibí de perito electricista y trabajaba en alta tensión, hacíamos todo el cableado.

 

-¿Cuándo concluye ese trabajo que hizo?

-Cuando termino ese trabajo me había puesto de novio con mi mujer, ella se había ido a estudiar a Córdoba, no había celulares ni WhatsApp ni nada (risas) y te imaginás que nos veíamos en los bailes.

Me mandaba una carta que me esperaba en el baile de Arroyo Algodón y cuando la carta me llegaba, el baile ya había pasado (risas).

Entonces, se notaba que iba a perder el vínculo y a través de un amigo me fui a trabajar a Córdoba. De Alto Alegre a Córdoba, había ido una sola vez en mi vida a Córdoba.

Y entré a trabajar en Transas, fábrica de cajas de la Ford, donde vi muchas cosas con los guerrilleros. Ahí balearon a un director de la fábrica.

Fue una época dura.

 

-Luego, a fines de los 70 se vino a vivir a Villa María.

-Sí, me casé y al mes de casado me quedé sin trabajo. Pasó lo que está pasando en estos momentos y decidimos venirnos a Villa María. Mis padres se habían ido a vivir a la provincia de Santa Fe, Esther estaba en Córdoba porque le faltaban algunas materias y mis suegros estaban acá.

Me instalé en Villa María y empecé a trabajar de mozo en La Madrileña y cuando se hizo la reapertura política en 1982, me acerqué al radicalismo.

 

-Cuando se acercó al comité local, ¿quiénes fueron los primeros que lo recibieron?

-Estaba ya la interna planteada entre los que habían estado antes y los nuevos. Los de antes eran Pidoux, Zabala, Nito Botta, Zanotti, que les decían los cabeza de ajo porque tenían canas (sonríe). Ahora somos nosotros (risas).

Y estaba la nueva camada que era Baysre, Fiol, Julio López, el Negro Massel, Veglia, eran muchos, éramos un grupo muy grande.

Se hizo la interna y ganamos con Horacio Cabezas contra Juan Reguera. Y ahí empecé a presidir la Juventud Radical.

 

-¿De entrada optó por la línea de Cabezas?

-Sí. Nosotros formamos la Línea Córdoba en Villa María, antes que la línea en la capital. Acá estaba Renovación y Cambio, que estaba Carlos Giliberti, Mario Fraire, varios. En esa época era Renovación y Cambio Alfonsín y Línea Córdoba, era como si no fuéramos alfonsinistas y éramos más alfonsinistas que nadie. Pasaba que nosotros estábamos con Angeloz en la provincia.

Después unificamos la Juventud Radical acá, un día nos sentamos y dijimos vamos a estar todos juntos. Mario Negri era presidente de la juventud provincial, Carlitos Giliberti del departamento y yo del circuito.

Hicimos un acuerdo, fuimos a Córdoba, salimos en los diarios y se armó un lío acá con los mayores (risas), empezaron a echar del municipio.

Mi mujer era contadora general en la Municipalidad, había hecho una gestión excelente y le pidieron la renuncia, a mí no me podían echar porque era empleado y le pidieron renuncia a ella y a Deulofeu.

Las internas de los radicales son desgarrantes (sonríe), de todas maneras, no hubo nunca un rencor hacia Cabezas, con quien siempre, hasta que falleció, tuvimos una muy buena relación.

Y después de ahí, fuimos parte de los jóvenes que lanzamos la candidatura de Veglia.

 

-Otra interna que fue muy peleada, había tres líneas.

-Sí. Recuerdo que fuimos y le propusimos a Veglia que fuera precandidato a intendente, primero nos sacó cagando, nos dijo: “Con qué plata, si estamos todos secos” (risas). Y se fue enojado, nosotros seguíamos, estábamos reunidos en mi casa donde nos juntábamos a comer, y a las 2 de la mañana cayó y nos dijo que iba a ser candidato.

Me acuerdo que nos dijo: “Ustedes no van a ocupar ningún cargo porque están preparados para ganar internas, pero no están preparados para gobernar” (sonríe).

Y así fuimos y ganamos la interna.

 

-¿Fue durísima esa interna con Baysre por un lado y Valinotto por otro?

-Muy dura, se ganó con mucho trabajo, se trabajó puerta a puerta, íbamos casa por casa, nosotros habíamos hecho un trabajo muy lindo con la Secretaría de la Juventud, hacíamos eventos en los barrios y eso nos permitió presentar a Miguel.

Y además Miguel tenía mucho carisma, entraba una casa y los convencía. Fue una época muy linda.

 

-Desde 1987 hasta 1991, usted fue secretario habilitado del Concejo, ¿cómo funcionó el Deliberante en esos años?

Fue un Concejo muy lindo, se laburó mucho. Hubo varios cambios, renuncias, fallecimientos, o sea que los suplentes entraron casi todos de parte del radicalismo, recuerdo.

Había dirigentes muy honestos, me acuerdo de Pidoux, Gregorio Felipe, Hugo Traverso que hizo un gran trabajo, Albor Munch que era muy gestor, se movía, conseguía cosas, entre otros.

Y tuve muy buena relación con el bloque justicialista. Con Elías Achad, Vilma Boetto, Pavone, Domínguez, el Negrito Cánova.

Pasé muchas horas en el Concejo.

 

-¿Los debates eran muy elevados?

-Sí, siempre se trataba de consensuar. Eran sesiones extensas con grandes debates, se defendía cada posición fehacientemente, pero siempre con mucho respeto. Me acuerdo que las sesiones se grababan con casete, o sea que yo estaba hasta las 3 de la mañana desgravando (risas). Me fui del Concejo y no dejé ningún acta sin desgrabar (risas), mientras que cuando asumí me habían dejado como 30 sin desgrabar.

 

-De esas largas horas transcribiendo debates, ¿le quedó el recuerdo de alguna sesión que lo impactara?

-Hubo una muy brava con la huelga de los municipales, nos tiraban las bombas de estruendo debajo de los sillones. En esa época estaba Antonio Sarno de concejal y fue uno de los que calmó las aguas.

También me acuerdo que Lulán Pavone hablaba mucho, repetía varias veces lo mismo, y yo le resumía en las actas. Por ahí me decía: “Me parece que me cortaste algo” (risas).

Pero teníamos una excelente relación con el justicialismo, es más, asumí por votación, el  justicialismo me votó completo y en el radicalismo hubo un concejal que no me votó porque él tenía el mandato de su grupo por otro nombre.

 

-¿Tiene alguna anécdota de su paso por la política que le haya dejado una enseñanza en su forma de ver las cosas?

-Hubo un hecho que me cambió la vida y me hizo mirar las cosas distintas, fue cuando ocurrió la gran inundación del Chaco, creo que fue en el año 1986. Estábamos en el partido en un barcito que teníamos, mirando la tele, y Miguel dijo: “Podríamos hacer algo para ayudar”.

Nos pusimos a trabajar una semana, juntando cosas, conseguimos medicamentos en Córdoba, que estaba Rodolfo Rodríguez de ministro de Salud, y nos fuimos en un camión a Chaco. Eramos siete personas, cuatro íbamos atrás con la ropa y lo que llevábamos y adelante iban Miguel, el chofer Peña y el doctor Alberto Langer.

Fue una experiencia maravillosa que duró más de 10 días en el medio del monte, no había nadie porque todos iban adonde estaba la prensa.

Pero donde estaba el agua, donde estaba la gente enferma y cagada de hambre, ahí no iban.

 

-¿Y qué trabajo hicieron?

-Nos parábamos en las escuelas, teníamos medicamentos, no se veía a nadie, pero se comunicaban por radio y amanecía y empezaba a llegar la gente. Había gente que no estaba enferma, pero nunca había ido a un médico. Nos quedamos más días porque había un pibito con una gangrena y Langer lo trató, esperó la evolución y lo curó.

Gente tan humilde, no teníamos prenda para todos y les pedíamos a los maestros que nos dijeran quiénes necesitaban más y nos decían “todos”.

Recuerdo que nos desprendimos de prendas nuestras para poder llegar a más personas. Fue una lección de vida.

 

-Ismael, cuénteme de su infancia en Alto Alegre.

-Feliz, mi infancia fue feliz. Voy siempre a Las Rosas porque ahí tengo a mi madre y paso por Alto Alegre, voy con mi hijo y él me dice: “No me vas a decir otra vez que acá pasaste los mejores años de tu vida” (risas).

Estábamos en un pueblo que íbamos a cazar pájaros, ranas, jugábamos al fútbol, muchos amigos, muy feliz y además fue el lugar donde más estuve con mi papá, que se murió muy joven.

Me fui muy joven de casa, tuvimos poco contacto y recién nos acercamos, nos abrazábamos en sus últimos años. Porque en esa época el padre no te daba un abrazo.

Mi papá fue un tipo muy noble, tenía muchos vicios, le gustaba jugar (sonríe).

 

-¿Por qué se vinieron sus padres de Las Rosas a Alto Alegre?

-Mi papá era ferroviario y creo que por cuestiones políticas una noche cargaron un calentador, la cama, un ropero, ropa a un vagón de carga y lo trasladaron a Alto Alegre.

Yo tenía 1 año, paramos a las 2 de la mañana en el ferrocarril, mi papá se cruzó al frente, donde había un hotel que era del Gallego Fernández padre.

Pidió una pieza y ahí nos quedamos. Mi papá trabajaba de día en el ferrocarril y a la noche le ayuda al dueño del hotel para tener una extra.

Y cuando esa gente se vino a Villa María, lo pusieron en venta y se lo ofrecieron a mi papá.

Le dijo que no tenía plata y le contestaron que lo pagara con trabajo.

Y mi papá se quedó con el hotel y le fue muy bien. Después cometió el error de irse a Mendoza. Ahí vivimos cuatro años. Nos fuimos a Monte de Oca y un día volvimos a Alto Alegre de nuevo, donde puso un bar.

 

-¿Usted ya de pibe se vino a la Escuela del Trabajo y despegó de su familia?

-Sí, ya en ese momento casi no volví a mi casa. Estudié, trabajé, me casé joven.

 

-El niño que iba y venía de un pueblo a otro con su familia ¿tenía en mente ser algo en especial?, ¿qué le gustaba?

-Me hicieron estudiar Electricidad por mi tío que trabajaba en EPEC, pero mi vocación era ser carpintero. Me gustaba la carpintería, soy un carpintero frustrado. Y cuando me recibí quería estudiar Abogacía, esa fue mi otra frustración.

Pero al terminar el secundario mi papá tuvo un infarto y tuve que hacerme cargo del negocio y ya me quedé un año pivoteando en Alto Alegre, después me fui a Córdoba a trabajar y se fue escapando la oportunidad.

Debe ser por eso que le insistí tanto a mi hija para que fuera abogada y hoy es abogada (sonríe).

 

-Volvemos a la política. Usted presidió a mediados de la década pasada, ¿qué le pasó a su partido que no pudo recuperarse a nivel nacional?

-Creo que después del gobierno de Alfonsín, la llegada de Menem fue lo peor que le pasó al país porque destruyó a los partidos políticos, no solamente al radicalismo, desmanteló al peronismo.

Y el radicalismo sufrió más que el peronismo porque con el apoyo del sindicalismo, el peronismo se hace fuerte.

El otro error fue la Alianza que se hizo en 1999, ahí empezó a perder protagonismo, De la Rúa tuvo un vicepresidente que se fue a los pocos meses y las corporaciones de siempre que te destruyen todo.

Fue muy difícil levantar cabeza y faltan liderazgos, faltan hombres que motiven, la juventud se empezó a dispersar. Veo que la juventud está empezando a militar,  pero muchos se diferencian de esta alianza Cambiemos.

 

-¿Qué expectativa tiene para su partido en las próximas elecciones?

-Como partido y Lista 3 no tengo expectativas. Van a seguir haciendo alianza con este sector de la derecha y van a seguir acomodándose algunos dirigentes, sus amigos y sus familias y el partido va a estar cada vez más desmantelado.

Si tuviera que apostar, le pongo las fichas a la gente de la Juventud, que trabaje para desprenderse de todo esto.

Personalmente, me duele mucho que me identifiquen con Cambiemos. No voté a Cambiemos, voté a Margarita Stolbizer, que la conocí cuando estaba en el radicalismo, me parece brillante y muy honesta.

Además tengo un compromiso moral con Miguel Olaviaga, que me invitó a participar en 2011 cuando fui candidato a legislador.

Y lo hice en un momento muy difícil, estaba con mucho trabajo y esa campaña me la banqué de mi bolsillo. Nadie nos dio un mango, creo que el comité de la provincia nos tiró un par de afiches (risas), que estoy arrepentido porque aparezco en la foto al lado de Oscar Aguad (risas). Decí que también estaba Roulet en la foto, que me pareció un buen tipo.

 

-Dentro del panorama actual del radicalismo, ¿qué dirigentes ve con posibilidades en todos los ámbitos?

-(Pausa). En la Provincia creo que se destaca Mario Negri porque es un gran laburador. Si bien es un tipo al que algunos lo cuestionan porque hace años que está, es incansable. Es un tipo que no calienta bancas, es trabajador y que recorre, es participativo. No así Aguad, que para mí es nefasto en el partido.

Al chico Mestre no sé cómo le estará yendo en Córdoba. No la veo bien, te soy sincero. Y me parece que el hijo no es igual que el padre. El padre era muy ejecutivo y muy firme en sus convicciones y en la forma de actuar.

 

-¿A nivel nacional tiene alguna figura que pinte?

-Lo que pasa es que los más renombrados a nivel nacional están todos en Cambiemos. Si vos me dijeras que hay alguno no comprometido con este proyecto, pero no sé si alguien se va a desprender y al que está desprendido, que es el hijo de Alfonsín, no le alcanza.

A nivel nacional al radicalismo lo veo muy opacado y mucha gente se ha ido del partido, Margarita Stolbizer, que podría haber sido una buena candidata, se fue.

Y a nivel local, no sé.  Conozco mucho a Nora Landart, es muy laburadora y muy preparada. Creo que la gente no sabe bien el trabajo que está haciendo a nivel nacional con el tema de género y otros, pero no sé lo que piensa hacer.

 

-¿Qué recuerdos le dejó su paso por la presidencia del comité? Hubo una interna en esa época.

-Sí, hubo una interna muy linda que se debía el partido. Fue la de José “Bachicha” Sánchez y Nora Landart. Votaron tres mil personas, me acuerdo que había resquemor porque José decía que yo estaba del lado de Landart, pero personalmente garanticé una elección justa, yo mismo retiré las urnas y cuando ganó José le entregué las llaves del comité.

El me dijo que el presidente tenía que ser el jefe de campaña, consideré que tenía que ser el propio Bachicha, por ser el candidato, y le ofrecí las llaves del partido.

Pero él se fue a un búnker propio, porque tenía a dos peronistas en su espacio (sonríe).

 

-¿Le quedó pendiente alguna asignatura de su trayectoria radical? ¿Le hubiera gustado ser legislador?

-Mirá, no tengo un título profesional, no soy abogado ni contador, pero cuando me presenté como candidato a legislador no me había ilusionado porque sabíamos que no íbamos a ganar, saqué 18 mil votos en el departamento, mucho más que otros.

Y yo iba en contra del aparato de Accastello y el de Juez.

Sí, me hubiera gustado ser legislador, creo que hubiera sido un legislador distinto, un buen tramitador para el departamento y uno de los que se hubieran parado arriba la banca para decir lo que había que decir.

 

-¿Cuál es su sueño hoy?

-Mi sueño sería que mi hija que vive en Australia, mi yerno y mi nieto estuvieran acá viviendo con nosotros, pero dice que no va a venir a este país (sonríe). Me duele mucho, a veces no lo demuestro en mi casa, tener que ver a mi nieto por un teléfono. Mi sueño sería tener toda la familia unida.

Y mi otro sueño es que mi país estuviera mejor, no puede ser que esté como está.

Opiniones

Mauricio Macri

No debería haber sido presidente de la Nación. No lo voy a juzgar, me parece que no imaginó ganar la Presidencia y es como que improvisó su staff de gobierno, pienso que sacó al principio a quienes no tenía que sacar.

Pero tiene que terminar su mandato y que la gente evalúe. Para mí no era un hombre que podía presidir la Argentina.

Juan Schiaretti

Fue un buen alumno de José Manuel de la Sota. Hizo bien los deberes, siguió el proceso de De la Sota. No lo conozco, no me parece una persona deshonesta. Pienso que se acomoda de acuerdo a las circunstancias.

Martín Gill

Con Martín Gill no somos amigos, me da la impresión de que es una buena persona, que está gobernando con serios problemas internos dentro de su partido.

Me gusta
El turf y la pesca.

Me encanta
Viajar, compartir la mesa con amigos, disfrutar del hogar y del nieto.

Me divierte
Bailar
.

Me entristece
La injusticia y la traición, especialmente si viene de un amigo. Las pérdidas.

Me enoja
Lo que más me enoja es la injusticia.

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