El Diario del centro del país

Una ciudad realmente “maravilhosa”

Villamarienses DE VIAJE / Brasil / Río de Janeiro

Pasaporte:
Nombre: Angelo Valenzano.
Edad: 31 años.
Profesión: abogado.
Lo que más me gustó: el conjunto cultural que compone la ciudad, las diferencias entre las distintas zonas, la combinación entre bellezas del cemento y de la naturaleza.
Lo que menos me gustó: alguna situación de potencial peligro que no pasó a mayores.

A Río de Janeiro se la conoce como “Cidade Maravilhosa”. ¿Coincidís con quienes le pusieron ese mote?

­-Sin dudas que lo es. Guarda la mística de una urbe muy especial, de esas ciudades que son del mundo y traspasan los límites de su enlace geográfico. Es una capital del mundo. Todo en ella, el movimiento, los lugares, las construcciones, la naturaleza, las formas de vida, la convierten en un lugar único.

-¿Qué lugares conociste?

-Los barrios con playas más famosas como Ipanema y Copacabana, Leblón, el más bohemio Botafogo, el centro con su catedral, la Escalera de Selaron y el tradicional y céntrico barrio de Lapa, Santa Teresa, el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar… Creo que estuve en la mayoría de los lugares emblemáticos de la ciudad. Una experiencia increíble.

-Acaso el mayor emblema de Río es justamente el Cristo Redentor. ¿Qué podés contarnos de ese lugar en particular?

-Que la vista que te ofrece es magistral. Ahí es donde tomás dimensión de lo grande que es Río y la belleza natural que posee. Es realmente sorprendente que una ciudad de esas dimensiones esté rodeada por tanto verde, montaña, mar… un lujo. Llegas ahí en excursión, en un pequeño bus que sube por el Cerro del Corcovado.

-¿Se sienten la tan mentada “alegría brasilera” en las calles de Río?

-Sin dudas. Creo que esa alegría tan típica de ellos está en su cultura, es parte de su idiosincrasia, de la manera en que deciden vivir. Es una filosofía que seguramente resulte transversal a cualquier situación sociopolítica o socioeconómica que puedan estar atravesando. Lo cierto es que en la calle lo sentís.

-En contraposición, también es una ciudad de marcadas desigualdades. ¿Viste mucha pobreza?

-Sí, claro. Vi pobreza y vulnerabilidad. Gente en la calle, niños sobre todo. Es muy triste en ese aspecto. En general creo que Latinoamérica toda tiene una deuda importante con la consolidación de un modelo con justicia social real, sin perjuicio de muchas reivindicaciones de derechos a los que pudieron acceder en la última época.

-Otro tópico muy conocido relacionado con Río es el de la inseguridad o violencia en las calles. ¿Qué nos podes decir al respecto? ¿Es tan así como nos lo cuentan los medios?

-A título personal, puedo contar que una noche salimos de un bar en la playa y fuimos vigilados por dos locales con intenciones de algún arrebato (incluso nos siguieron unas cuadras cuando notamos su intención y nos fuimos). No sufrí hechos de violencia o inseguridad, pero conocí de su existencia. Igualmente hay bastante presencia policial. Como toda ciudad grande, uno debe tomar los recaudos necesarios.

-Volvamos a aspectos más “banales”. De las playas que conociste, ¿cuál fue la que te gustó más y por qué?

-Ipanema, porque es muy linda y algo más relajada que Copacabana, además de no ser tan “ancha” como aquella, donde la distancia entre la calle y el mar es sustancialmente más grande. Recuerdo también la zona de las playas y bahías del más céntrico Botafogo, donde se apostan muchos barquitos y se aprecian las montañas. Muy pintoresco y bello.

-Explayate sobre otra zona, acaso menos conocida por el turista común, que te haya gustado.

-Te puedo hablar de Santa Teresa, un barrio colonial de calles empedradas y trazado de tranvía en sus calles. Música callejera, feijoada (el plato típico similar al locro, la del mítico “Bar do Mineiro”, por ejemplo), alegría en su máxima expresión. Está cerca de la zona de arcos de Lapa, en el centro, pero no muchos la conocen. Siempre recomiendo que la visiten. Aún recuerdo esa mañana de sol y esa tarde lluviosa en donde en mitad de recorrido y ante un aguacero bárbaro nos resguardamos en una iglesia y pudimos ver cómo celebraban la misa. Más allá de ser o no religioso o practicante, fue un vivencia muy linda.

-Santa Teresa es una zona humilde. ¿Pudiste conocer alguna favela?

-No, no tuve la oportunidad. Estaba en los planes, pero no fuimos. Amigos que lo hicieron lo destacan como una experiencia sumamente interesante, en todo sentido.

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