Gastón Barchiesi, contador y amante del andar, estuvo casi un año recorriendo algunos de los lugares más bellos y sorprendentes del mundo. En esta entrevista repasa lo más destacado de una aventura inolvidable

-Gastón, primero comentanos algo sobre vos

-Me llamo Gastón Barchiesi, tengo 28 años y soy contador. Nací en Villa María y trabajo en una firma local. También toco la batería en una banda de rock que se llama Secuaces. Una de las cosas que más amo es viajar.

-Se nota, sobre todo para hacer un viaje de esta envergadura: 10 meses recorriendo Asia y algo de Europa del Este. Empecemos con el relato.

-Comenzamos el viaje mi amigo Danilo Gutiérrez y yo. Fueron 10 meses increíbles, en los que recorrimos una muy buena parte de Asia y Europa del Este, incluidos los países bálticos. Fue una experiencia única, poder descubrir tantos lugares, tantas culturas y formas de vida tan diferentes. Es algo que quedará conmigo para toda la vida.

-El periplo que hicieron es realmente impresionante. Vamos por partes: ¿por dónde comenzaron?

-Lo primero que hicimos fue Turquía, después Polonia, Bulgaria y Rumania en un mes aproximadamente, y de ahí buena parte de los países bálticos, pasando por Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia.

-¿Qué es lo que más recordás de ese paso por el oriente del Viejo Continente?

-Disfrutamos mucho de la arquitectura de esa parte de Europa, que en realidad después se empieza a hacer algo repetitivo, pero fue buenísimo conocer esos lugares. Lo que más me marcó fue la experiencia de haber podido estar en las Jornadas Mundiales de la Juventud, en Cracovia, Polonia. El movimiento que genera ese evento, con la visita del Papa, es impresionante. Es como si fuera un mundial o algo así. Yo soy católico, pero no muy religioso. Igual la experiencia fue increíble.  

-De ahí se fueron a Rusia, ¿tuvieron oportunidad de tomar el tren Transiberiano?

-Sí, entramos por San Petersburgo, que es una ciudad preciosa, y de ahí agarramos el tren Transiberiano, uno de los más famosos del mundo. Tocamos Moscú, donde yo ya había estado y me encanta, y después urbes como Kazán e Irtkus, ya en Siberia, finalizando en Vladivostok. El viaje, con paradas, duró un mes, también muy, pero muy bueno.

-¿Cómo los trataron los rusos? ¿Son tan fríos y distantes como se piensa?

-No, para nada, nos sorprendió mucho la gente, superamable y servicial, bastante más cálida de lo que pensábamos. Los paisajes de Siberia no son tan deslumbrantes, pero nos encantaron las ciudades y la gente.

-¿Desde Rusia ya entraron en Asia propiamente dicha?

-Sí, tomamos un avión a Shangai, China, y estuvimos un mes completo en el país. China es maravillosa, una cultura tan distinta, y también, quedamos asombrados por la buena onda de la gente, ya que a veces se dice que los chinos son secos y eso. Todo lo contrario, nos trataron de maravillas.

-Similar pregunta que la de antes: ¿alguna experiencia que los haya marcado de China?

-Haber conocido la famosa gran Muralla, pero en un sector no turístico. Una noche nos quedamos a dormir en una de las torres de seguridad abandonadas, con chinos que andaban paseando como nosotros. Ahí, tuvimos una nueva prueba de la amabilidad de la gente del país, de la buena onda, siempre riéndose, compartiendo lo que tienen y ayudando si necesitás algo. Desde China continental pasamos por Hong Kong y después hicimos algo de Corea del Sur y Japón.   

-¿Los japoneses y coreanos son muy diferentes respecto a los chinos?

-Totalmente. Los japoneses son muy respetuosos y quizás por eso ni se te acercan ni te miran. Si precisás algo y les pedís, ahí sí son superserviciales. El chino es mucho más confianzudo, descontracturado. Japón es ordenado y pulcro al extremo, y China más sucio y caótico. Corea es como un término medio, parecido a Japón, pero más relajado.

-Continuemos con la bitácora.  

-De Japón nos fuimos a Filipinas y luego a Indonesia, donde estuvimos un mes completo. Un país precioso, poco urbanizado, con mucha naturaleza, lleno de montañas, volcanes, selvas y playas paradisíacas. Son varias islas de gran tamaño y cada una es muy distinta de la otra. Cambiar de isla es como cambiar de país. En Bali, por ejemplo, son hinduistas y en Java y el resto de Indonesia, musulmanes. El contraste es muy marcado. Lo mismo con el paisaje. La gente también, súper buena onda. Después de eso pasamos por Singapur y Malasia, y reingresamos a Asia continental por Tailandia, para luego recorrer Myanmar, Laos, Vietnam y Camboya.

-¿Qué fue lo que más les gustó de esa parte del Sudeste Asiático?

-¡Uy, tantas cosas! Son lugares preciosos. Las playas, los templos, la onda budista que se respira, las montañas. Vietnam es más alterado y, otra vez, la gente increíble. Los vietnamitas me parecieron muy similares a los chinos, con esa hospitalidad y desfachatez, no tienen vergüenza, te miran, te tocan, te hablan, son amigueros a full. Te regalan comida y cosas en general. Vietnam fue muy especial porque lo recorrimos en moto un mes entero. Entonces, como en China, pudimos realmente involucrarnos en su sociedad, por así decirlo.

-Ya todo lo que contaste es para armar un libro y, sin embargo, falta por relatar. ¿Hacia dónde fueron después?

-Desde Bangkok, la capital de Tailandia, volamos a la India. Y qué decir de la India, otro país completamente distinto, único. Es tan cambiante, cada región, cada pueblo, y en las ciudades y aldeas, todo junto, amontonado, mezclado, anárquico. En ciudades donde pasa el sagrado río Ganges, por ejemplo, te encontrás con un muerto que pasa flotando, que es parte de un ritual, tipo velorio. Al lado, unos niños jugando y una vaca defecando en el agua y un viejo bañándose y una mujer lavando ropa. India es una cosa de locos, la amás o la odiás.

-¿Ustedes la amaron o la odiaron?

-¡La amamos! Sin dudas. Al principio es chocante, pero al poco tiempo ya te sentís parte de ellos, parte de su cultura. Como en la mayor parte de Asia, la mayoría de la gente es pobre, pero se la ve feliz y es recontraamigable.

-¿Nepal también conocieron?

-Sí, estuvimos 15 días. Ahí lo que más disfrutamos fueron las montañas, es el país ideal para hacer caminatas, en el entorno de los Himalaya. De ahí nos fuimos a los Emiratos Arabes Unidos, estuvimos cinco días en Dubai, que es una cultura árabe al ciento por ciento, completamente distinta, y terminamos con una semana en Sudáfrica, donde vimos poco porque ya veníamos cansados. Finalmente, aterrizamos en Argentina. Fueron 10 meses y muchos lugares. Muy contentos de haber cumplido ese sueño.

-Ya casi vamos terminando. Hagamos un pequeño “ping pong” sobre el viaje. Empecemos: ¿la mejor playa en la que estuvieron?

-Las de la Isla de Koh Rong, en Camboya.

-¿Un lugar de montaña?

-El Annapurna, en Nepal, con todas las caminatas que hay para hacer en el marco de esa montaña impresionante. 

-¿La mejor arquitectura que viste o la que más te atrapó?

-La de Moscú, y también la de los templos en Japón y en la India.

-¿El país donde mejor te trataron?

-En todos en general, pero si tengo que destacar algunos, diría China, Vietnam y Myanmar.

-¿Y dónde tuviste el shock cultural más fuerte?

-En China. Fue un cambio muy fuerte, siendo argentino y llegando desde Europa.

-Para cerrar, ¿algo que le quieras decir a la gente que quiere emularte a vos y a tu amigo haciendo un viaje de este tipo?

-Que se animen, que no es imposible, que no hay que tener miedo. La satisfacción es inmensa. Incluso, que sepan que en términos económicos, viajar por Asia es baratísimo. Y nada, eso, que le den para adelante, que no se van a arrepentir y que es algo que van a llevar con ellos durante toda su vida.

Bajo las Torres Petronas, obra del arquitecto tucumano César Pelli, en Kuala Lumpur, Malasia
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