El Diario del centro del país

Voluntarios villamarienses ayudan a la inclusión de niños en Brasil

Historias – Como regalo por el título de profesor de Educación Física, Luciano Petraglia y su novia decidieron dedicar su tiempo y conocimiento para colaborar a través de una ONG, en una barriada humilde del país vecino

Luciano Petraglia y Karen Garino son flamantes profesores de Educación Física. Están trabajando como voluntarios en una fundación en Brasil, aplicando el deporte como herramienta de inclusión

El “campinho”, el lugar preferido de los niños con los que colabora Luciano Petraglia

Escribe: Patricia Gatti
De nuestra Redacción

“Cuando ves el valor que le dan los niños a algo tan simple como el agua, que la toman del vaso y le pasan la lengua aprovechando hasta la última gota, te das cuenta que no aprendimos a valorar lo indispensable. Muchas veces no se mira para el costado, tan concentrada que está mucha gente en el último celular o en cambiar el modelo del auto”, dice Luciano Petraglia (23), flamante profesor de Educación Física, quien está haciendo un voluntariado en Brasil a través de una ONG.

El joven villamariense obtuvo el último diciembre su título de profesor de Educación Física en el terciario Quality, de la capital cordobesa. En el mismo instituto conoció a Karen Garino, oriunda de Calchín Oeste, quien es su novia y también se recibió el mismo mes.

“Como regalo de egresados, pensamos que podíamos hacer algo por los demás, vinculado a lo que estudiamos”, dijo Luciano a El Diario.

El joven, que se crió en Villa María entre los barrios San Juan Bautista y Rivadavia, hizo su formación en el Colegio Belgrano.

Hace unos meses, tomó contacto con una ONG internacional, Aiesec, que tomó impulso al término de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de trabajar por la paz. “Ellos tienen distintos proyectos y a nosotros nos pareció que al que más podíamos aportar era el de la inclusión de niños y jóvenes de sectores vulnerables a través del deporte”, indicó el joven, en una entrevista concedida a nuestro diario desde Vitória, ciudad ubicada a unos 600 kilómetros al norte de Río de Janeiro.

La bonita y pujante población costera tiene una gran periferia en la que viven los sectores más humildes. “Son barrios con muchas necesidades, semejantes a las favelas”, relató, con una voz que presentaba señales de disfonía después de una intensa jornada.

 

Karen
Garino es parte
también del
voluntariado

Un día en la vida

Decididos a practicar el voluntariado, Luciano y Karen viajaron hacia Brasil. “La ONG te consigue el hospedaje y una comida diaria y nosotros pagamos el viaje y el resto”, indicó.

Allá están en casas de familia. El en una y Karen en otra, distante a unos 14 kilómetros.

Cada mañana, muy temprano, empieza el largo recorrido que lo separa del lugar en el que se aloja, con la sede de la Fundación Creche mãe Shirley, que se encuentra en el barrio Barramares de Vila Velha. Cabe señalar que Aiesec trabaja en conjunto con fundaciones de todo el mundo donde se hacen los intercambios de voluntarios.

“El viaje es aproximadamente de dos horas de ida y otras tanta al regreso, Incluso, tenemos que cambiar el transporte para llegar”, indicó.

En esa fundación hay actualmente ocho voluntarios de Argentina, Chile, Perú Alemania y Venezuela.

La fundación asiste a casi 200 chicos -hasta los 14 años- ofreciendo actividades de entretenimiento, deportivas, como así también el fortalecimiento de valores. También cuentan con un almuerzo en el lugar, “que es una casa con techo de chapa, igual a las viviendas del sector”.

Un grupo de niños asiste a la mañana y el otro, a la tarde.

Ellos programan juegos y actividades que los concretan en ambos turnos, por lo que regresan casi al anochecer.

De los voluntarios, algunos trabajan en el área de comunicación, para difundir lo que se realiza y conseguir fondos para sustentar las actividades; mientras que otros tienen tareas pedagógicas, enseñando, por ejemplo, idiomas.

“Lo nuestro es el deporte como medio de inclusión, pero no solo hacemos jueguitos o tiramos una pelota, sino que buscamos explotar los valores de cada vivencia ya sea en el aula o en el campinho”, dijo Luciano.

Comenzaron la experiencia del voluntariado el 22 de enero. A partir de ese día, estarán seis semanas dedicados a sembrar sonrisas.

 

Luciano también trabaja en el aula de la fundación

¿Por qué?

Luciano y Karen tomaron la decisión de “regalarse” esta actividad solidaria. Saben que es también un aprendizaje para ellos y que dejaran una buena semilla.

Cuando le preguntamos por qué optaron por ese camino, Luciano señaló que su padre, José Petraglia, “empezó de abajo y siempre nos concientizó de eso”. Su madre, Elina Bergami, también lo impulsó a ver más allá de la realidad que ellos viven. “Mi hermano Mariano, con el que somos muy unidos, también tiene el mismo perfil”, agregó.

“Por ahí mis padres tienen un poco de temor por la inseguridad, están pendientes de que no nos pase nada malo, pero nosotros andamos por el barrio y no tenemos problemas. La gente nos cuida mucho. Me dan más miedo otros sectores de Brasil que la favela”, indicó.

Cada día, cuando llegan al barrio, “nos suele pasar que vemos ojos muy tristes y sin mediar palabras recibimos abrazos, abrazos en silencio y la respuesta de ese abrazo con una sonrisa es para esos pequeños una cuota única de alegría, ese vacío que tienen, esa falta de cariño en la casa es moneda corriente acá y uno intenta componer por lo menos un pequeño porcentaje de esa sensación. Es difícil, es la realidad, pero eso no me detiene ni nos detiene como equipo y enfrentándola queremos de a poco ir revirtiendo esa situación, confiando en que la educación es el camino”, agregó.

El premio de la decisión que tomaron es cuando llega a la fundación y los chicos le piden, con alegría “jogar bola no campinho”. Y allá van, con una pelota para disfrutar del cariño que se dan recíprocamente en el campito de la fundación.

“Estuve hablando con mi papá y pensamos que al regreso vamos a seguir haciendo cosas en Argentina. Esto es una experiencia, pero pensamos que podríamos ir a ayudar al Impenetrable, es un proyecto que tenemos”, señaló.

Luciano y Karen, flamantes profesores, están dando los primeros pasos en su profesión de la mejor manera: con el otro y para el otro.

Aiesec: a través de esa ONG, los jóvenes desarrollan sus capacidades en sus programas de intercambio en diferentes partes del mundo. Actualmente la red internacional de Aiesec incluye más de 100.000 miembros en 126 países y territorios. Es la organización internacional de jóvenes más grande del mundo, reconocida por la ONU. El villamariense Luciano Petraglia es parte de la red.

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