“Yo, cuando boxeaba, actuaba”

Sergio grabó spots en una radio e hizo promoción gráfica en el Parque de la Vida para una marca local

Entrevista – Sergio “Maravilla” Martínez ahora se dedica al stand up, da charlas y escribe poesías y obras teatrales

“Maravilla” también brinda charlas motivacionales a diferentes públicos

Como señaláramos días atrás en la sección Deportes, Sergio “Maravilla” Martínez (43 años) estuvo de paso en nuestra ciudad para grabar spots publicitarios de una nueva marca de agua mineral, de fabricación local.

El destacado exboxeador puso la voz (en los envíos radiales, grabados en FM Activa) y el cuerpo (en la promoción visual y gráfica, desarrollada en el Parque de la Vida), de la marca Agua Mineral Natural A, de establecimiento El Cauce, uno de cuyos responsables es el villamariense Mario Pedernera, a la vez director y realizador de series televisivas, de la premiada película “Pies en la tierra” y del reciente audiovisual “Ensayo sobre el tiempo”, dedicado a nuestra ciudad.

Pedernera, a cargo de las publicidades, invitó especialmente a EL DIARIO para charlar con “Maravilla” en un pequeño break de la producción, en el hall del hotel Amerian donde se hospedaba.

Aunque ostente diez cinturones de campeón mundial en su casa, Sergio ahora dedica su vida debajo del ring brindando charlas motivacionales, actuando en un stand up y escribiendo poesía y obras teatrales. Lo que se dice comúnmente, y más allá de la jerga artística, todo un personaje.

 

Vida y obra

-¿A Mario lo conocías de antes de venir a grabar?

– Sí, por intermedio de un actor y director de teatro Mario Lorán, que es de Concepción del Uruguay. El trabajó conmigo en una serie de televisión y siempre me habla de Mario hasta que coincidimos en Paraná. Al tiempo surgió esta propuesta.

-¿Cómo manejás actualmente tus días y tus horarios?

– Es medio complicado. Ahora estoy dos días acá, después dos horas en Buenos Aires, tres días en Bariloche, cuatro en Iguazú. Aunque se hacen pesados los viajes, casi siempre manejo yo. Me encanta.

-¿Y te dedicás de lleno al  stand up?

– En realidad hago más charlas. De cada diez charlas, sale un show de stand up, que los hago con Nico Biffi y Chuly Paniagua, que es mi primo y mi mejor amigo. Ambos dos ases en la manga, me siento cómodo y respaldado por ellos. Es loco lo que pasó con Chuly porque él hacía stand up en Buenos Aires y yo en España, pero nunca nos comentamos que lo hacíamos hasta mucho tiempo después. Respecto a mis tiempos, vivo siempre en verano. Cuando termina el calorcito acá, me vuelvo a Madrid y así. Ya demasiados inviernos pasé para sufrir el frío.

-La gente asiste a las charlas porque va a escuchar tu historia de vida.

– La gente me identifica más por eso. Tengo un monólogo bien pulido y trabajado. Pero ojo que también estoy por publicar un libro de poesías y estoy escribiendo obras de teatro de drama, de comedia y de humor gestual. Me divierte mucho hacerlo.

-Ahora, qué camino tan extraño has tomado después del boxeo…

– Depende cómo lo analices, puede ser extraño o no. El boxeo es un deporte de impacto, de fricción y de asperezas. Pero también, como yo lo veo, tiene grandes aportes de sensibilidad y la parte artística está ligada a la parte sensible. No digo que soy una persona sensible, es otra cosa. Ambos son de exposición. Cuando boxeaba estaba casi desnudo y de cara al público y cuando actúo también. Yo cuando boxeaba, actuaba.

-Pero la diferencia es que el público no te tira ganchos

– (Risas). El público siempre me gustó mucho. Yo entraba y miraba al público a los ojos o para metérmelos en los bolsillos o para sentir que los podía comer crudos. Cuando iba a pelear a otro país, como en Inglaterra, había muchos insultos y gritos. Yo los miraba a los ojos diez segundos y a los cinco o seis ya se quedaban callados y después yo miraba al suelo. Eso era pura actuación.

-Te he escuchado decir que cuando boxeabas podías analizar la pelea a medida que se desarrollaba. ¿En un show de stand up también lo podes aplicar?

– Yo he trabajado de clown, que no es lo mismo que un payaso. El clown trabaja directamente con la sensibilidad humana. Uno termina siendo un analista de una persona, cómo se siente, cómo actúa y cómo reacciona. Vas jugando, entre comillas, con sus emociones. Si está inclinada hacia delante cuando actúo, concentrado en lo que estoy diciendo, entonces hay un hilo conductor que nos une y no se corta. Pero, por ahí, hay una persona que se cruza de brazos, que se inclina hacia atrás y suspira. Ahí decís: “Ay, uno que perdí”.

-Y vos lo querés ganar a ese también.

-¡Por supuesto! Hay que ganarse y ganarlos a todos. Es parte del trabajo.

-¿Cómo abordás tus charlas,  según el público que asista?

– Sí. Pregunto qué gente vino más, si son jóvenes, deportistas, retirados, gente que lucha contra las drogas…Me ha tocado ir a la cárcel y hablarle a internos que luchan por salir, por recuperarse o gente que está en un hospital y tiene una enfermedad terminal. Desde deportistas de altísima competencia hasta ancianitas de pueblo que viven entre las gallinas.

-¿Te tiran preguntas que te desconciertan?

– La verdad que no tantas, pero los que mejor preguntan son los chicos.

-¿Y algunos testimonios que te marcaron?

– No doy mucho lugar a que cada uno cuente su historia, porque mi charla dura una hora y cuarenta y si permito eso a cada uno estaríamos seis días. Trato de que digan lo puntual. Me han dicho: “Gracias al combate con Chávez (Julio César Chávez Junior, en 2012), yo me reuní con mi familia completa luego de diez años”. O “gracias a ese combate aprendí el significado de la lucha, de levantarse”. Esa pelea fue mucho más que boxeo y me llevó a mí a lugares que no me hubiese imaginado jamás.  Una mujer de 65 años me dijo: “Gracias a tu libro (‘Corazón de rey’) y a una entrevista tuya yo me levanté de mi silla de ruedas y hoy camino”. Un chico de 17 años dejó las drogas y dejó de robar, porque iba con puñal a afanar, me dijo que después de leer mi libro dejó todo y hoy es un boxeador profesional que sostiene a su familia. Tras escuchar esas historias se me caen las lágrimas. Ahí me dije: “Todo lo que pude hacer en mi vida, valió la pena”.

-¿Cómo es tu vínculo actual con el boxeo?

– Nunca me fui. Como decía Sugar Ray Leonard: “Los grandes nunca se van”. Aunque yo no fui grande.

-¿No te considerás importante?

– Sí, soy sensato y consciente de lo que logré. En mi casa tengo diez cinturones mundiales y vamos a ver cuántos años pasan para convencerse de que nadie nunca más en Argentina va a poder llegar a ganar eso. Y no es soberbia sino saber que yo hice las mejores jugadas en el momento justo. Tuve habilidad para hacer movidas, porque no fui un boxeador talentoso; sí un trabajador nato. Me recibí de boxeador por la cantidad de horas que le dediqué. Va a haber mejores que yo, seguro. No fui un ortodoxo, siempre fui a contramano. Cuando era amateur yo decía que quería ganar varios campeonatos y se me reían en la cara. Me decían que me faltaban cojones. Yo decía que los burros tienen cojones. A mí dejame que me sobre inteligencia y me falten todos los cojones. Si fuera por eso, el más fuerte del mundo sería campeón y no lo es. Porque hay una sola cosa importante en el boxeo y hay gente que no lo sabe.

-¿Cuál es?

-No recibir golpes. En el boxeo y en la vida. Cuando te retirás, la gente no va a decir “cómo pegaba este tipo” sino “mirá cómo quedó golpeado”. Incluso la gente que maneja el boxeo tiene un concepto erróneo en ese sentido. Se pelea todavía como si fuéramos cavernícolas.

-¿Cuál creés que tiene potencialidad para ser un gran deportista?

– Brian Castaño es un animal y Alberto Melián es un diamante muy pulido y dentro de año y medio va a ser campeón del mundo.

-¿Te gustó la pelea de Floyd Mayweather y Conor McGregor?

-Me encantó que, con tan poco, Mayweather haya hecho algo tan grande. Esa pelea la vio más gente que una de Tyson, por ejemplo. Pasa que McGregor, aunque sea un gran deportista de Artes Marciales Mixtas (MMA), era un debutante en boxeo. Mayweather es el mejor boxeador de los últimos 20 años y el más inteligente. Y la pelea no me pareció insultante para el boxeo. Fue un espectáculo y generó lo que tenía que generar Mayweather: antipatía, rabia y eso me gusta.

 

Juan Ramón Seia

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