“Yo no escribo libros, escribo poemas”

ENTREVISTA/Alejandro Schmidt

Escribe Daniel Rodríguez ESPECIAL PARA EL DIARIO

Editorial Eduvim reeditó el año pasado “En un puño oscuro”, su libro de poemas que ya cumplió dos décadas. Qué pasiones alberga, qué opina de la actualidad, qué piensa de las nuevas tecnologías. Todo eso y algo más del escritor más prolífico que tiene Villa María

 

Yo no escribo libros, escribo poemas”, asegura mientras se acomoda lentamente en un gran sillón. Con la mirada siempre al frente, pensando las palabras, su voz cubre la enorme habitación tapizada por libros que es su biblioteca. Estamos en la casa de Alejandro Schmidt, un poeta local que publica más de un millar de artículos en medios de comunicación, fue recogido por antologías sudamericanas y europeas, fue laureado en diferentes oportunidades y dictó conferencias, seminarios y hasta fue representado en el teatro. Hoy, con un lenguaje muy claro y contundente, nos comenta algo de su obra viva y vigente.

 

“Escribo poemas que luego se reúnen en un libro” insiste, Alejandro. Durante el año 2017 publicó cinco libros y ya lleva casi 50 . El, que fue traducido al inglés, alemán, italiano, francés, portugués, rumano y catalán, es un convencido de que las letras son lo importante; que el contenido es lo que realmente vale en una obra: “No importa si la edición es más linda, más cara o más barata: lo importante es la palabra”.

 

A 20 años de “En un puño oscuro”

Durante septiembre del año 2017, la Editorial Universitaria Eduvim reeditó una versión corregida -por él mismo- de su libro “En un puño oscuro”, placa que había sido publicada en 1998 por Radamanto, editorial que él mismo dirigía (y que dirigió por más de 20 años). Vale la pena mencionar que dicho trabajo se enmarca en la colección “Lengua Viva” que fue elaborada con respecto a los 150 años que cumplió Villa María. En su prólogo, Jorge Alucino comenta que “entre imágenes, los poemas se mueven naturalmente. La letra fluye, pasa, pero deja la huella de un cometa, exactamente en la retina”.

Respecto a la decisión de reimprimirlo, Schmidt afirma que “es un libro del que hice 700 ejemplares y me quedé sin. La gente me decía que le había gustado y a mí también me gustó mucho. Yo me guío un poco por (el gusto de) los otros”. Vale la pena mencionar que la presente obra no dista mucho de la anterior; salvo algunas comas o algunos acentos, no hay diferencias tajantes que separen mucho este ejemplar del anterior.

 

Algo de la existencia y alguna luz de esperanza se mezclan en los versos del ejemplar. También los sentimientos y la mirada puesta en el ser son una gran parte de dicho trabajo. En “No es lo mismo” el autor asegura que “No es lo mismo/ tener cualquier piedra en el corazón y que se note su ruido y su poder/ que/ a duras penas/ levantarse de uno mismo/ y seguir/ y seguir”. Algo que tiene mucho del autor y también mucho de la música (invitamos al lector a probar releerlo en voz alta y encontrar la deliciosa música oculta dentro de dicho poema).

 

La tecnología y los poetas villamarienses

Son nuevos tiempos: la tecnología y las redes hoy se han inmiscuido en el mundo de las letras y uno no puede ser ajeno a ello (hace unos días atrás en El Diario nos ocupamos de ello).

Respecto al uso de las nuevas plataformas, el autor, afirma que el usa su blog y la computadora (Nota de Referencia: con bastante frecuencia publica en su blog: http://romanticismoyverdad.blogspot.com.ar). Sabe del uso de las redes -del Facebook, del Twitter, etcétera- pero no le da importancia. “Solamente uso el WhatsApp […] y nunca leí un e-book, porque me cansa mucho la vista. En la computadora no leo más de dos o tres pantallas. Si es más largo lo imprimo”.

En cuanto a esto y también a la generación de escritores que se viene, asegura que “hay cosas muy lindas” en lo contemporáneo a nivel local: “Me gusta mucho lo de Gustavo Borga, Carina Cedevich y Marcelo Dughetti, entre otros”. También en alusión al tema de los jóvenes y las nuevas formas de escribir, la temática no los sorprende ya que piensa que “la poesía no va a morir nunca. Es la madre del lenguaje y los chicos van a escribir en tablets y es lo mismo porque el hombre es el mismo. Nos pasa a todos lo mismo. Amamos, odiamos, vivimos, morimos”,

Poniendo un ojo en la región es particular el predominio que tienen los poetas sobre los que prefieren la prosa, tanto en Villa María, Villa Nueva y la zona: “Argentina es un país de narradores y ensayistas”, afirma el vate, y completa “hay ciudad que tienen más narradores y ciudades que tienen más poetas. Villa María tiene más poetas: es misterioso. Es algo propio de la región o de la ciudad. Hay países donde reina la poesía como Chile, Perú, Colombia o México”.

 

La obra: el contacto (o no) del autor con el lector

Hace un tiempo, el escritor y conductor de radio, Alejandro Dolina afirmaba (remitiendo al filósofo francés Roland Barthes) que “uno escribe para que lo quieran” y antes de direccionar dicha pregunta o pensamiento, Schmidt, irrumpe: “Le habrá pasado a él. Yo no escribo para que me quieran. No me quieren por lo que escribo. Me pueden querer por otra cosa. Pueden querer lo que escribís y no quererte a vos. Hay mucha gente que me quiere mucho y nunca ha leído un poema mío ¿qué tiene que ver?”.

 

El oficio de escribir

“Mis primeros libros los pagué yo”, recuerda. “Siempre lo hice sabiendo que no iba a ganar plata con esto. Uno puede vivir para la poesía, pero no de la poesía”.

En la poesía hay mucho desamparo. No hay dinero, no hay industria. Por ser poeta no te van a invitar a Tinelli” y continúa ¿cuánto vende un libro de poesía? ¿100, 150, 300?”

“Te pueden difundir o leer mucha gente, pero la obra es del tiempo. No se puede comprar la eternidad. Vos hablás para los hombres de todos los tiempos o no hablás”. “Llega un momento en el que uno espera hablar para todos los hombres y todos los tiempos”.

Refiriéndose a la masividad poética existente dice que “le parece bien. Que el tiempo es justo y va a quedar lo que tenga que quedar. No le hace mal a nadie que un autor publique un libro nuevo”.

“Yo no presento mis libros. Los libros míos se presentan cuando la editorial lo quiere. Yo no los presentaría por mí. No me interesa hacerlo. Molestar los amigos por esta razón. Yo solo comento por ahí. Y después, que haga su camino. Hacerle una fiestita no”, completa convencido.

 

La metáfora

La poesía y el poder la síntesis suelen alejar a veces a los que solamente se abocan directamente a los versos. Es que en muchas menos palabras se intenta dirigir muchísimo más a nivel contenido y a nivel sensitivo. Hay poemas que son más bien extensos pero “por más que escribas algo muy extenso es síntesis” y en su caso “no se ha dado que escriba algo largo, se ha dado así”. “Siempre en mí predominó la poesía. He hecho periodismo y algunos cuentos. Me gustaría escribir algunos más”.

 

El síndrome de la hoja en blanco

Muchos escritores viven (o vivieron) siempre con el temor de que en algún momento las historias dejen de buscarlos. Con el miedo a no tener de qué escribir. En cuanto a esto, el poeta afirma que jamás le pasó. “Yo escribo más, escribo menos. Por ahí tengo períodos donde escribo cosas que no me gustan y no me sirven, pero no he estado más de tres semanas sin escribir. El, que escribe desde los 12 años, nunca le abocó un tiempo particular para la creación: “Escribo en casa, en la calle, en los bares, he escrito en los colegios. No tengo un horario”; en cuanto a las lecturas su momento preferido es durante la mañana.

 

Antologizarse

Romper la vida es una “Antología Existencial” que publicó Editorial Nudista hace ya un par de años. La misma tiene 24 libros donde él eligió un par de cada libro a manera de antología. “Elegí los poemas que más fueron gustando. No tuve una elección personal. Vos publicás algo y a la gente no le gusta lo mismo que te gusta a vos y tuve el criterio de elegir de cada libro los poemas que más anduvieron. Lo hice para el lector, no para mí”, menciona con sinceridad.

Pero, después de esa antología salieron diez libros más. “Yo no tengo obras completas, las voy a tener cuando muera. No tengo obras completas porque escribo todos los días”.

“El libro es un hijo”, dicen algunos autores y Alejandro no le teme a la crítica: “Hay hijos e hijos. Hay algunos que son desgraciados”, expresa dibujando una pequeña sonrisa.

 

Larga es la obra, la tarea y el trabajo del autor de “Una sombra llena de perros”, “Mamá” , “Escuela Industrial”, “Dormida muerta o hechizada”, “El diablo entre las rosas”, entre tantos otros títulos de un jugoso anaquel propio.

Aquí sus palabras. Palabras de un escritor que le ha dedicado una vida a las letras. Para algunos la literatura es un pasaje, un momento, un estado. En el caso de Alejandro es una vida y fluye a borbotones por sus venas. Una vida entera difundiendo sentimientos propios y ajenos a través de revistas literarias y un incansable trabajo editorial.

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