154 años - Villa María "de boliche en boliche"

La política, entre cortados y medialunas

lunes, 27 de septiembre de 2021 · 00:00:00

El bar, café o boliche es también nido y caldo de cultivo de roscas políticas, arreglos de listas, definiciones de candidaturas, designación de candidatos, acuerdos y desacuerdos, todo lo cual impacta después directamente en la vida real de los ciudadanos que tantas veces pasamos por la vereda, miramos distraídamente hacia adentro y vemos un grupo de personas que debate acaloradamente alrededor de una mesa. Dicen que dicen los que dicen que el Mar Gut Bar es uno de esos emblemáticos boliches que suelen vestirse de comité o unidad básica.

El periodista local (y visitante de varios boliches) Daniel Rodríguez profundizó sobre el asunto en su monografía “Con la política sobre la mesa”. El trabajo comienza afirmando:

“La plata no alcanza hoy ni tampoco alcanzaba ayer. Es una realidad. Y tal vez ese sea uno de los tantos problemas que dejan caer hombres y mujeres sobre las mesas de los bares y clubes barriales villamarienses, así de noche como de día. Si hasta parece un cuadro de situación inevitable del que uno se siente parte: la mano del mozo limpiando con una rejilla húmeda las migas; un puñado de maníes; el sonido del líquido cayendo sobre los vasos; el estornudo de un sifón y el inicio de un largo debate. Y, si bien no se realizaban actos de proselitismo ni militancia en bodegones y bufés, la política podía palparse en el ambiente. La vuelta de la democracia con toda su efervescencia y un interés social latente durante toda nuestra historia como nación.

Aún queda en la memoria la imagen de muchos, que luego fueron candidatos (y hasta intendentes) sentados en una mesa con un vaso medio lleno entre sus dedos”.

Miguel Andreis, periodista y conductor radial, rememora ciertas etapas de la cotidianidad local y se anima a pintar una especie de paisaje respecto a aquellos tiempos remotos donde el trago, que reunía a los hombres, terminaba disparando o generando nuevas formas de “encontrarle solución al país”.

“El Club Almagro, en su momento, era un lugar donde había mucha presencia de la Unión Cívica Radical (UCR)”, expresa Andreis, quien rápidamente evoca a los Pidú, parte de los Cabezas de Ajo o Cabezas Blancas (por sus canas). “Hablamos de finales de los años 70 y parte de los 80”, aclara. En ese tono, reconoce que muchos dirigentes solían visitar esos lugares, pero no con una intencionalidad política, sino más bien porque eran habitués: “El exintendente Horacio Cabezas fue un tipo que visitó mucho esos lugares. El exintendente Miguel Angel Veglia también, por ejemplo. El (Veglia) jugaba a las bochas, se nutrió con ese deporte y fue conociendo mucha gente; aunque mayormente jugaba en el Club La Herradura y en otros tantos lugares, como Los Peregrinos, que en la segunda parte de su historia lo tenía al frente a Juan Carlos Cavigliasso (exconcejal y exfuncionario radical)”. “Fue alguien que marcó su presencia en las entidades sociales y deportivas, es algo que priorizó siempre. Iba a jugar a las bochas... pero también aprovechaba”, ilustró.

En el Club River Plate también se marcó durante su momento la presencia de dirigentes peronistas. “Estaba, por ejemplo, Omar Luis Cacho Ermácora (N. de la R.: también jugador, fallecido en 2016) del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) o Jorge Daniele del peronismo... convivían todos muy bien”.

En ese tono, el entrevistado también aclara que todo esto no tiene que ver con una simpatía o una representación particular de las instituciones, sino más bien de sus participantes.

“Si bien durante los 70 no se desarrolló tanto, y en los 80 la cuestión ya era otra porque apareció la figura de Enrique ‘el Gato’ Sella, quien comenzó a fundar las primeras unidades básicas (incluso la número uno), deberíamos pensar más en las décadas anteriores, del 40 a los 60”, resumió.

“Incluso podemos hablar de políticos con vida en los clubes porque jugaron en los equipos de fútbol de cada institución, como el Gallego Requena o el mismo Sella”.

“Lugares como La Boca del Tigre (en el actual barrio San Justo), el Club Rivadavia o el Club Huracán, son boliches o clubes donde se discute mucho de política, no hablamos de militancia, sino de que se va a un club a charlar, porque yendo a un club no necesitás psicólogo”.

Obviamente no queda afuera el hecho de imaginar la asistencia de todos durante la tarde de los domingos para ver el fútbol.

En este punto también hay que afianzar un concepto para luego entender un fenómeno: aquellos que más tarde fueron parte del arco político eran personas que estaban insertas en la realidad social. Yendo a clubes o charlando en los bares “palpaban” una realidad popular. Entonces, al momento de hablarle al electorado sabían a quién se dirigían durante la campaña.

“Otro que se me viene a la memoria es el Club Unión Central, donde había una tendencia al peronismo, no decimos que había una identificación, sino hablamos hasta de arroz con pollo o choripaneadas que se han hecho”, resume Andreis.


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