A 50 años del nacimiento

Kreo, un adelantado en materia musical

domingo, 11 de agosto de 2019 · 20:02

Uno de los míticos boliches que pintaron la escenografía del rubro en la ciudad de Villa María entre las décadas de los 60 y 70 fue Kreo, emprendimiento fundado hace 50 años, más precisamente el 22 de agosto de 1969, por José María “Gato” Giordano y Osvaldo “Gallego” Gómez.

Emplazado en un primer piso de la histórica cuadra de Corrientes al 1000, donde hoy funciona María Villa, Kreo fue uno de los competidores directos de otra “potencia” del rubro como Chac.

Cuentan los que atravesaron la vida nocturna villamariense por aquellas épocas que, como fiel reflejo de lo dividida que estaba la sociedad local en esos años, cada uno de esos boliches tenía su clientela fija y que eran poquísimos los que se “atrevían” a asistir a ambos “chebolis”.

“Cuando termina el boliche y alguno no ‘enganchaba’ se cruzaba a la competencia, pero el público de Chac era más fiel a su lugar”, señaló una de las fuentes consultadas por La Revista.

“Cómo habrá estado de dividida la cuestión, que los clientes de Kreo antes y después del boliche iban a comer algo a la confitería Chamaco, mientras que los de Chac se dirigían a Cristal o a La Madrileña”, apuntó además, sin dejar de recordar que “a los que iban a Kreo, muchos los trataban de ‘cogotudos’”.

La música, el arma principal

El espacio donde funcionaba Kreo era muy chico. Durante su esplendor llegó a meter más de 800 personas por noche. “No se podía caminar adentro y algunos hasta se quedaban bailando en la escalera”, fue un testimonio reiterado ante las diferentes consultas efectuadas por La Revista.

Kreo era un boliche muy moderno para la época, con sus sillones característicos y los techos pintados psicodélicamente con diferentes dibujos en blanco y negro, pero su principal característica, que lo hacía diferente a los demás, era el tipo de música que se ponía en el lugar.

El encargado de hacerlo era el disckjockey Eduardo “Negro Treke” Ataide, quien estaba muy relacionado con las discográficas de Buenos Aires.

A la vez, tenía una hermana viviendo en Estados Unidos, quien le mandaba los vinilos de todo lo nuevo que se escuchaba allá.

Cuando esos cantantes o grupos todavía ni sonaban en las radios, el “Negro Treke” se lucía haciéndolos sonar desde la mística e inigualable cabina de Kreo.

La música soul era la vedette del lugar, aunque también se escuchaba mucho Pink Floyd, The Purple y Led Zeppelin, entre otros.

Tan adelantado era Kreo en materia musical, que su material discográfico estaba, como mínimo, un año adelantado con respecto al de la competencia y al de las emisoras radiales.

Además, el “Negro Treke” se caracterizaba por ser un DJ fenomenal, que tiraba unos enganches espectaculares teniendo en cuenta la poca tecnología con la que contaba para hacerlo. “Solamente a él le salían, producto de la calidad que tenía para hacerlos, con una increíble velocidad de manos que era la envidia de muchos y que generaba el asombro de todos”, relató uno de los testimonios.

Un contexto complicado

El esplendor de Kreo se dio durante la época de los militares y todos se portaban bien, porque si no se los terminaban llevando. 

Una escena habitual, al igual que en otros espacios bailables, era que a mitad de la noche se cortaba la música, se prendían todas las luces y allí los militares entraban a pedirles documentos a todos los presentes para constatar que no hubiera menores de edad. En cada una de esas “pesquisas”, siempre había algún par que era “enganchado” y retirado del lugar.

 

Oferta variada

La propuesta de Kreo era variada y apuntaba a diferentes rangos etarios. Los viernes abría para las fiestas de promociones de colegios secundarios, los sábados para el público en general y los domingos funcionaba como matiné para los más chicos.

En cualquiera de esas noches, la calle Corrientes tenía una vida nocturna impresionante en las épocas en la que Kreo fue furor.

El principio del fin

Tras diez años de esplendor y de lleno total en casi todas sus noches, en 1979 Kreo comenzó a sufrir un paulatino “abandono” de su clientela. Tomaron cartas en el asunto “Oso” Giordano y “Gallego” Gómez, quienes para 1982 reinauguraron el lugar con una considerable inversión que, en principio, tuvo buena aceptación de su público.

Claro que simultáneamente, en la costanera villamariense nacía el mítico Kabranca, factor fundamental que incidió en el definitivo cierre de casi todos los boliches de la zona céntrica.

En Kreo solamente quedaban los muy pocos que se resistían a ir a algo nuevo, hasta que en algún momento se terminaron yendo para la “cúpula” de la costanera, inclusive los hijos de los dueños de los boliches céntricos, y ya nunca más Kreo volvió a brillar como en sus años más dorados.

Más allá de ese final, en el recuerdo de miles y miles de personas que pasaron por allí quedarán por siempre los gratos recuerdos de haber vivido noches tan extensas como inolvidables.

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