Nota N° 798 - Escribe: Jesús Chirino

Al maestro Ramiro Suárez

El trabajo docente, en Villa María, posee una extensa y rica tradición en la cual destacan nombres de mujeres y hombres, cuya labor marcó hitos en la historia del desarrollo de la ciudad. Aquí hago un breve repaso de la actuación en educación del periodista y educador Ramiro Suárez

Año 1916: de Instituto a Colegio Sarmiento

El primer día de marzo de 1916, el ciudadano Ramiro L. Suárez, nacido en España, inició la actividad de su querido Colegio Sarmiento. Aquel día, la flamante escuela dio por inaugurada las tareas con los 13 primeros alumnos que asistieron.

La institución educativa arrancó funcionando en un local situado sobre la calle 9 de Julio al 155. En el mismo lugar había desarrollado su experiencia  educativa el maestro Alfredo C. Vítulo, con su Instituto Sarmiento, al cual concurrían niños y niñas.

Bernardino Calvo, en su libro  “Historia de la educación en Villa María" señala que "Ramiro L. Suárez (...) venía de desempeñarse como periodista en diarios de la ciudad de Córdoba -es calificado de finísimo poeta y elegante escritor- quien, desde el año 1916 (...) abrió sus puertas el denominado Colegio Sarmiento”.

Los datos acerca del inicio de actividades de la escuela Sarmiento pueden constatarse en varios documentos, uno de ellos es la revista editada por la Asociación Española en 1932, donde se publicó una propaganda del "Colegio Sarmiento Incorporado" -a la enseñanza oficial-. Allí se aclara que fue fundado en 1916 y estaba dirigido por Ramiro L. Suárez.

 

No solo educación primaria 

El Colegio dirigido por Suárez era de carácter privado y, en el año 1918, a dos años de ser creado, fue incorporado a la enseñanza oficial mediante el correspondiente decreto oficial. En relación a las actividades del mismo, puede decirse que sus instalaciones albergaron alumnos pupilos, medio pupilos y externos. Se dictaban clases correspondientes a la educación primaria y también se desarrolló la enseñanza comercial, a la vez que se preparaban alumnos para su ingreso en el Colegio Nacional y Escuela Superior de Comercio de la capital provincial. Recordemos que entonces en Villa María no existían establecimientos de educación media. Por otra parte, en horario nocturno, se impartían clases para personas adultas. La oferta se completaba enseñando "correspondencia, dactilografía, cálculos mercantiles y teneduría de libros". Como puede notarse, la actividad en la escuela de Ramiro Suárez era intensa, variada y en sintonía con el desarrollo de la ciudad, que necesitaba una oferta educativa a la altura de las necesidades del momento.

 

Ejercicio profesional de la docencia

Luego de tres años de exitosa experiencia, en 1919, debido al incremento de la matrícula, Ramiro Suárez alquiló un local en la esquina formada por la calle Bolivia (luego Balerdi y actual Antonio Sobral) y Tucumán, y allí trasladó la sede institucional. En el modesto edificio debió instalarse el colegio y la vivienda familiar del director. Así quedó testimoniado en una nota que el director elevó al municipio el primer día de agosto de 1919.

El historiador Bernardino Calvo escribió en elDiario que este Colegio "llegaría a tener la matrícula más importante de todos los establecimientos educacionales, oficiales y privados, de la ciudad: 375 alumnos y una biblioteca de mil volúmenes para consulta del cuerpo de profesores y los alumnos internos y externos de la escuela". Otra característica para destacar de este importante establecimiento educacional fue su Museo Escolar, en el cual se encontraban numerosos elementos utilizados como recursos didácticos para el desarrollo de las clases.

La experiencia de la escuela de Suárez no solo fue intensa, sino también exitosa. En esa escuela se desarrolló una forma de enseñanza en la cual ocupaba un lugar destacado de los más variados adminículos didácticos. Era habitual el uso de grandes gráficos, piezas de museo e incluso la proyección de documentales.

En el Museo Escolar de la institución, entre tantas piezas de valor, se guardaba un proyector que vecinos y exalumnos habían entregado a Ramiro Suárez como obsequio de cumpleaños. La escuela hacía uso de esa nueva tecnología y con el aparato, en las aulas, se proyectaban documentales y películas consideradas con valor didáctico.

Era conocida la inclinación de Suárez por destinar la mayoría del dinero que recaudaba a mejorar la educación que ofrecía la institución. Así el periódico local Tribuna, en 1923, señaló que a lo recaudado por el Colegio Sarmiento, su director lo destinaba a "aumentar el personal docente, adquisición de libros para la biblioteca escolar, refacción de locales, compra de mobiliario y material de enseñanza, institución de premios –estímulos". Suárez también supo fundar revistas, cuyas subscripciones no siempre cobraba.

 

Suárez y la Biblioteca Rivadavia

Suárez, convencido de la necesidad de una escuela secundaria en Villa María, en 1925 abrió la inscripción para el nivel medio. Ocho alumnos se inscribieron en primer año, en tanto que otros seis lo hicieron para segundo. Como en una oportunidad anterior, la experiencia debió terminarse por la baja matrícula. Villa María debería esperar para contar con "educación secundaria". Pero el maestro no bajó los brazos y continuó trabajando en pos de mejorar la oferta educativa local. Así, en el año 1920, llegó a presidir la Biblioteca Bernardino Rivadavia, luego pasó a ocupar otros cargos. En 1927, junto a Antonio Sobral, participó de la creación de la Universidad Popular, interesante experiencia desarrollada por esa Biblioteca, y en 1930 formó parte del grupo de profesores fundadores del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia que dirigió Antonio Sobral. En 1937, cuando la flamante Escuela Normal Víctor Mercante abrió su Departamento de Aplicación de Enseñanza Primaria, Ramiro Suárez, que era un español que sufría por su militancia republicana, decidió transferir todos los bienes del Colegio Sarmiento a esa Escuela Normal. Incluso transfirió el contrato de alquiler del local que ocupaba el Colegio Sarmiento que de esa manera cerró sus puertas. Habían pasado 21 años desde el inicio de esa experiencia que continuaría en la nueva institución, que aún tiene su domicilio en el mismo lugar. 

 

Sigue faltando el busto de Suárez 

Este español republicano que tanto hizo por la educación en la ciudad tiene un lugar de reconocimiento en la historia local. En la esquina de calle Mendoza y Carlos Pellegrini existe una plazoleta que lleva su nombre. En el año 2022, durante la gestión del intendente municipal Martín Gill, se "inauguró" una remodelación de ese espacio público. Más allá de las circunstancias de esa obra, debe recordarse que de ese mismo lugar se retiró el deteriorado busto de Suárez. Las autoridades municipales señalaron que el mismo sería restaurado para luego regresarlo a su pedestal. Ya pasaron más de dos años y el busto del maestro Suárez no fue devuelto a la plazoleta.

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