Mascarón de Proa presentó “El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer”

“El futuro es un cóctel con un signo de interrogación”

El poeta cordobés Alfredo Lemon presenta un poemario dividido en 14 cantos que indagan en la existencia del hombre. Se trata de un viaje por la incertidumbre
domingo, 13 de abril de 2025 · 08:35

Con un “viaje introspectivo”, la editorial local Mascarón de Proa lanzó -dentro de su colección Pleamar- el título “El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer”, del poeta cordobés Alfredo Lemon.

Con tintes filosóficos y Hegelianos, la obra recorre “en 14 cantos (o poemas) diversos tópicos que apuntan a una sola vertiente: ¿Quiénes somos?, ¿por qué estamos aquí?, y ¿qué va a ser de nosotros?”

Se trata de un recorrido por diversos tiempos históricos, donde el “yo lírico” indaga sobre su mundo, sus pareceres y la existencia misma.

Lemon, en diálogo con elDiario, manifestó la posibilidad de un “neoexistencialismo”. Aquello sentido por Jean-Paul Sartre o Albert Camus en tiempos de la posguerra, llegó hoy tras una pandemia de Covid-19 que todavía estamos asimilando a la par de la Inteligencia Artificial, que hace creer al hombre un “superhombre”. En contraste, este “superhombre” puede morir a causa de una picadura de mosquito que transmite dengue… La ironía y el absurdo, por los siglos de los siglos, sigue al día.

En un texto, la editorial especificó: “Se trata de un poemario profundo en el que sus piezas líricas se engarzan, unas con otras, mediante el uso de la anáfora extendida, convirtiendo al libro en un único gran poema que se termina de construir al terminar de leerlo. Es una confesión, un monólogo o un diálogo consigo mismo, que se teje con elementos de la tradición clásica, la filosofía, lugares geográficos tan distantes como cercanos, entre otros. Es una búsqueda profunda que ahonda en la vulnerabilidad humana y se apoya en los principios fundamentales del ser humano”.

“El búho de Minerva busca, entre los claroscuros de la noche, esa sabiduría que ilumina lo que resta del camino”.

 

Perfil

Alfredo Lemon nació en Córdoba, Argentina, en 1960 y publicó los libros de poemas: Eclipses, arritmias y paranoias (1983), Cuerpo amanecido (1988), Humanidad hecha de palabras (1991), Sobre el cristal del papel (2004) y 23 (2023). Se recibió de abogado y ejerció como profesor universitario. Fue miembro del Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba. Colaboró en el suplemento cultural de La Voz del Interior (1990/2000). Por su libro de ensayos “El mono metafísico” obtuvo el Premio Asociación de Escritores Argentinos, en 1991. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, italiano, catalán y francés. Actualmente, colabora en medios literarios del país y el extranjero.

 

-¿Cómo llegó El búho de Minerva? Se puede encontrar muchas referencias, intertextualidad, filosofía y poesía en sus renglones…

-El nacimiento, el germen de este poemario, se fue armando desde la pandemia de Covid-19.

Allí comenzó a vislumbrarse, cuando sentí una angustia existencial que tenía que ver con el momento que como humanidad estábamos atravesando.

En esos tiempos, me empecé a preguntar no solamente las secuelas de la finitud que tendríamos como planeta y como especie, sino que también, empecé a preguntarme qué va a ser de nosotros.

La pregunta tiene que ver tanto a nivel persona -porque tengo 65 años- y también como un ciclo de la humanidad.

En esa noche negra que estaba viviendo el planeta, donde no sabíamos el futuro que nos esperaba. Ahí empezó el germen de esta historia que yo relato en 14 partes. A esto lo considero como una indagación de uno mismo por el momento existencial de la finitud del hombre. Al mismo tiempo, qué está pasando con la época.

De igual modo, no todo acabó con la pandemia, sino que estamos en esa época. Vivimos en una tierra devastada, y no solamente por la pandemia, sino por la economía, los incendios, los problemas económicos, sociales y todo lo que existe en la humanidad y que nos aqueja.

Sin saber que iba a ser un poemario, la idea fue ir trabajando en diferentes partes de cada uno de los poemas que se fueron armando.

A todo lo terminé en el transcurso de dos o tres años, lo fui revisando, cambiando cosas y trabajando todo el tiempo.

 

-El título es hegeliano, claro…

-El título, lo tomé de Hegel (N. de la R.: Georg Wilhelm Friedrich Hegel fue el filósofo más notable del idealismo alemán, el último de la modernidad) y desde el punto de vista también filosófico, porque Hegel dice que cuando rozamos la pregunta más importante que tenemos sobre la humanidad es en la edad madura.

De allí viene la figura del anochecer de nuestros días (N. de la R.: Minerva es el nombre de la diosa de la sabiduría). Con esa metáfora, yo parto en la búsqueda del hombre que tiene desde el amanecer de occidente, cuando los griegos se empezaban a preguntar de las cosas y también con ese ciclo del hombre y de su eterna búsqueda para saber quién es, a dónde va y si hay un sentido al final.

 

-En este punto, el hombre suele buscar el camino de la fe para explicar lo inexplicable…

-También, el poemario, al tener algunos toques autobiográficos, se nutre del momento de la época y lo sigue haciendo. Creo que, actualmente, se acentúa esa cuestión.

También puede ser leído como una plegaria y una entrega, en la cual el ser ese que primeramente se interrogaba en diferentes capítulos, partes o fragmentos, termina siendo y dándose cuenta de lo pequeño que es su ser racional y la posibilidad de responder a esas últimas preguntas.

Ahí hace el salto de la fe y el salto de ese pedido al universo, de decir que lo cobije. Llama al padre, a la madre celestial o a los santos…

 

-Formaste parte del Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba y se nota.

-El ateneo filosófico de Nueva Córdoba fue un faro, en su momento, y yo era uno de los más jóvenes. Los demás integrantes fallecieron, estamos hablando de hace 20 o 30 años.

 

-¿Podemos hablar de un renacimiento del existencialismo? La pandemia nos afectó de una manera que nos expone otra vez como hombres que saben que van a morir, que tienen finitud y que no les queda otra cosa que recorrer la vida como puedan.

-Yo pienso que todavía es relativamente corto el tiempo, después del sacudón de la pandemia, como para hacer un balance -más o menos- definitivo.

Sin embargo, ya hay pensadores que lo están haciendo y hablan de tener “esa herida”, como si fueran los pensamientos de después de la guerra. Se trata de algo así como un neoexistencialismo, ese absurdo, ese tedio ante la vida, pero todavía no podemos dar una conclusión final.

Es una herida a la humanidad de la que todavía no hemos podido medir el golpe psicológico y la secuela traumática que trajo la pandemia.

Después, todas estas vueltas de nivel político a social, esta convulsión hacia las derechas, también van llevando a una deshumanización. Y si a todo este combo le sumás el desafío de la Inteligencia Artificial, que es tan rápido, haces un cóctel que es un signo de interrogación. El futuro es un cóctel que es un signo de interrogación.

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